ACID MOTHERS TEMPLE – 23/11/2017 – Club Paraguay

Tarde harto calurosa en la docta, de esas que presagian un verano igual o peor de denso. Por suerte para la noche la temperatura desciende lo suficiente como para que con un par de cervezas aclimaten el cuerpo. Llegamos a Club Paraguay pasadas las 23:00hs, a tiempo para presenciar el show de SUR OCULTO, el ya mítico trío experimental local que con un perfil bajo se ha convertido en uno de los representantes más valiosos de la música cordobesa en el país. Su exquisita fusión de rock progresivo, jazz, blues y demás hierbas hacen de su escucha una experiencia auténtica, debido a lo ecléctico de sus composiciones construidas para bajo, teclado y bata. Personalmente siempre me pareció que hay temas, o pasajes que piden a gritos una viola, pero es sólo la visión de alguien que tiene un preconcepto demasiado enraizado, y lo termino entendiendo por el lado de que ese es su sello distintivo, para sonar como otras bandas ya existen otras bandas al fin y al cabo. Bien por Sur Oculto, demostrando estar a la altura de la velada. Lamentablemente llegamos tarde para presenciar a O+YN, pero no faltará oportunidad para hacerlo.

Pasados minutos de la medianoche llegaría el plato fuerte de la noche. Las expectativas eran las suficientes como para esperar pasar una buena noche de música psicodélica pero no tan elevadas como para perderse en un viaje alucinógeno/introspectivo/espacial… sin embargo por mi parte todavía no puedo bajar de donde sea que me llevaron estos japoneses dementes. Incluso, como nota de color, con el grupo de “psiconautas” que emprendimos dicha travesía teníamos la expectativa de ver un show de 7,5 y terminamos extasiados con un show de 10 puntos, o 100, o de cuantos ceros sean válidos.

Un aspecto particular de lo que sucede en un concierto de AMT, es que hasta el más avezado seguidor de su discografía (cosa que de por sí resulta casi imposible debido a la tremenda cantidad de material que poseen) está al mismo nivel que cualquier otro que apenas sepa de su existencia, pues cada concierto es único e irrepetible, y poco tiene que ver con lo que hayas escuchado antes de ellos. Puede ser esta una probable explicación para la variedad de público asistente que a pesar de la poca difusión se acercó en importante número.

Partiendo desde la imagen hasta la música, todo en ellos es sugestivo, la alborotada cabellera de Kawabata Makoto en sintonía con su barba, su guitarra y su arsenal de pedales, Higashi Hiroshi con sus largos cabellos blancos que nos remiten al arquetipo del maestro zen al frente del escenario con su mesa de sintetizadores, Tabata Mitsuru, con su cabello (?) rojo furioso, su vestido negro y accesorios a tono con su caracterización de señora sesentona… o acaso es un travesti? No lo sé, pero todo es posible en el particular mundo de los asiáticos.

Comenzando con una oda al rock espacial que va increscendo hasta alcanzar la máxima tensión a partir del caos orquestado por Hiroshi, pasando por una grandiosa Jam versionando The Wizard de Black Sabbath con el mismo Hiroshi luciéndose en la harmónica como en el théremin en otro segmento del show, hasta coqueteos con el rock progresivo de Zappa con bailes bizarros incluidos; desde grandiosas atmósferas kraut hasta solos de guitarra ácidos de Makoto a la Hendrix; o desde arranques de música disco ochentosa hasta despliegues bombásticos de batería de Satoshima Nani poseído por el espíritu de Keith Moon; la paleta de recursos es infinita, como el universo mismo por el cual te pasean a gusto y placer, pues resulta imposible no dejarse llevar, no despegar mentalmente del cuerpo hacia los más recónditos rincones del cosmos atravesando sinuosos agujeros de gusano para encontrarse a uno mismo fluyendo entre tejidos de ondas de sonido en un universo paralelo, o quizás no sea necesario irse tan lejos, quizás el viaje sea interno, a escala celular, naufragando a la deriva entre las ramificaciones dendríticas de las neuronas… todo sigue siendo posible. No sé cómo será un ataque epiléptico, pero supongo debe ser algo parecido a los momentos en que dicho viaje lisérgico alcanza la cresta de intensidad, sacudiéndote el cuerpo contra tu voluntad, siendo muy difícil resistirse a tal embate de energía. En este aspecto tiene muchísima responsabilidad el batero, un animal con técnica jazzística que por momentos parecería estar tocando Grindcore, y que cuando parecería que no puede ir más allá, no sólo llega sino que lo supera dejando en ridículo a quien así lo suponía. De cualquier forma aquí no hay divismos, pues el aporte de todos los instrumentos es igual de valioso, logrando una comunión pocas veces vistas, si hasta por instantes parecería que cada uno está divagando en su mundo, lejos del tema que habían comenzado juntos, pero otra vez te dejan en ridículo cuando arriban al puerto que venían insinuando en un principio, sublime, mágico.

Podría seguir yéndome por las ramas pero las palabras no hacen justicia con la experiencia Acid Mothers, ni siquiera los videos que veas en la comodidad de tu casa, asique voy a ir cerrando la reseña sosteniendo eso sí, que lo que pasó en Club Paraguay fue un hito en la historia de la música de Córdoba, de los mejores shows internacionales que nos hayan visitado jamás, pues así como sucedió con Belzebong, fue la primera vez que un exponente de un género tan importante llegó a la ciudad para no irse nunca más.

Juanlón

Deja tú comentario