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31 mayo, 2018
BATUSHKA – 23/05/2018 – Club Blondie – Chile

El miércoles nos encuentra instalándonos en la capital chilena luego del maratónico “Evil Confrontation Fest” y alguna que otra incursión turística por la V región. Con entradas en mano partimos temprano rumbo al Club Blondie, el lugar elegido para la tercera parte de la ceremonia denominada Spider Inferno Fest, que traía como principal atractivo a la enigmática banda polaca Batushka, acompañados de los portugueses Sinistro (las dos anteriores ediciones habían sido oficiadas por Belphegor y Nargaroth). La proliferación de remeras negras nos indicaban que estábamos próximos al club, cuya entrada se encontraba en una galería comercial similar a lo que sería el Mercado Norte en Córdoba, pero que ocupaba todo su subsuelo. Feria de discos y artesanías en el entrepiso daban la bienvenida a la coqueta y amplia discoteca que iba mostrando una modesta afluencia de público, quizás debido al horario correspondiente al de un día laboral. Sin embargo esto no iba a demorar el inicio del espectáculo a la hora anunciada. Pasadas las 20:00 hs pisaban las tablas los portugueses Sinistro, de los cuales debo admitir no haber tenido conocimiento de su propuesta, siendo una muy grata sorpresa descubrirlos en el contexto de la gira de presentación de su reciente álbum “Sangue Cassia”. Así es que además de sacudir los tablones del piso con su plúmbeo y críptico doom/sludge metal con grandes dosis de post, sugestivas imágenes iban siendo proyectadas en la pantalla gigante perfectamente sincronizadas con la música y en consonancia también con los aparatosos movimientos de su carismática vocalista Patricia Andrade. La atmósfera resultante es oscura, tétrica, por demás inquietante. El atronador sonido del recinto ayuda, de manera que el quinteto te aplasta o te eleva a placer, construyendo sólidos muros o etéreos paisajes valiéndose solamente de los sonidos que emanan de sus instrumentos. La labor de Patricia es destacable, no sólo por su gran técnica, coloratura y cálido tono de voz, sino también por la teatralidad de su actuación recordando a Julie Christmas o yendo un poco más allá a la gran Nina Hagen en su histrionismo. Además las luces blancas constantemente enfocadas sobre su pálido rostro exacerban el carácter mímico de sus movimientos y gestos. El público a esa altura ya empezaba a convocarse en mayor número hipnotizados por la banda de Lisboa y respondiendo acorde a lo que estaban presenciando: un show internacional de altísima factura. De más está decir que por lo menos a lo que a mí concierne, se han ganado un seguidor más. Inmediatamente después, el escenario comenzaba a tomar de a poco las características de un templo con objetos y símbolos alterados de una liturgia cristiana ortodoxa.

La apertura de la ceremonia era inminente y el público colmaba en gran número la pista del recinto. Cuestión que ocurría poco después de las 21:30 cuando el escenario se iluminó de rojo a la vez que el salón se inundaba de cantos gregorianos. Uno a uno fueron ingresando los monjes enmascarados ataviados con sus clásicas cogullas negras, ubicándose en su lugar designado con parsimonia rituálica, mientras el último de los tres coristas encendía las velas de los candelabros que flanqueaban el ambón donde sería oficiada la ceremonia y sobre el cual se colocó el cuadro con la pintura utilizada como portada de disco. A la izquierda del mismo se situaba la primera guitarra, que muchos suponían que quien se escondía bajo los hábitos sería Nergal (Behemoth), pero dudo que efectivamente así haya sido. Detalle menor, ya que lo verdaderamente importante sería su interpretación, la cual fue brillante comenzando por la apertura con la melodía de Yekteniya I en las 8 cuerdas limpias. Una vez que irrumpía la banda completa hacía el ingreso el “bathuska” propiamente dicho, o el sacerdote, portando el incienso con el que ungía y bendecía al entusiasta público para luego dar inicio a la liturgia. A partir de allí se irían componiendo solemnes atmósferas apoyadas sobre una exquisita y meticulosa combinación de medios tiempos, blast beat, filosos tremolós, coros bizantinos y screams. La puesta en escena es suntuosa, con una templanza propia del culto que llevan a cabo, prescindiendo de angulosos movimientos o el clásico headbanging que suelen darse en este tipo de conciertos extremos, y no resulta para nada extraño, todo lo contrario, ya que el marco es el de una verdadera y retorcida misa. Sin embargo, no todo el público entendió esto último, interrumpiendo por momentos el ambiente creado con cánticos de cancha. Tal es así que el propio líder Христофор tuvo que callar a la multitud en alguna que otra ocasión para que esto no sucediera. De cualquier forma era entendible la emoción de la audiencia por presenciar semejante show.

Si de por sí escucharlos en su disco “Litourgiya” (el único editado hasta la fecha) es una experiencia única, en vivo la experiencia se transforma en extracorporal, trascendental, siendo muy acertada la decisión de interpretarlo en su totalidad, sus 8 partes en el orden pensado y plasmado en dicha placa. El resultado: poco más de 50 minutos que superaron todas las expectativas y que bastaron y sobraron para confirmar que los polacos son una de las mejores cosas que le ha pasado al Black Metal en los últimos años. La peregrinación continuará por otros rumbos pero tras su paso por Sudamérica sus devotos continuarán dando testimonio de la grandeza su culto por los siglos de los siglos… amén.

Crónica: Juanlón.

Fotos y videos: Max Prowler.



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