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12 noviembre, 2018
CAVALERA – 07/11/2018 – Krakovia

Celeste se presentaba el cielo en la capital cordobesa durante la tarde del miércoles, sin siquiera una nube que interrumpiera su homogeneidad. Las condiciones son las ideales para destapar una cerveza que ayude a apalear el calor de noviembre que ya presagia diciembre. De a poco los alrededores de Krakovia se van tiñendo de negro. Caras no muy habituales, otras que sí, parches, cuero y tachas en algunas espaldas, remeras livianas y de colores no tan apagados vistiendo otras; alopecia, anteojos y canas se mezclan con expansores, bermudas y frondosas barbas oscuras. Varias generaciones y estilos convergiendo en la fecha que promete transportarnos en el tiempo desde 28 hasta 30 años atrás, para revivir una etapa dorada para el metal latinoamericano, de la mano de la banda que lo puso en el mapa mundial e influenció a tantos referentes posteriores que bebieron de su espíritu. Sepultura era esa banda que nunca volvió a brillar como entonces, pero que nos dejó un legado imborrable, del cual en ésta ocasión se servían los hermanos fundadores para impulsar su gira. Se pueden juzgar de cuestionables las razones, pero resultaba una buena oportunidad para el público Cordobés que nunca había tenido oportunidad de recibirlos en su casa.

Las puertas se abrieron una hora más tarde de lo anunciado, antes de lo cual adentro aún se escuchaba la prueba de sonido. A cuentagotas los cuerpos iban ocupando los espacios de Krakovia mientras se disponían a arrancar las bandas soportes locales. La primera sería VISCERAL FEAST, la joven banda de Carlos Paz con su propuesta extrema con elementos de Death Metal Melódico y Deathcore. Lamentablemente tardó en acomodarse el sonido sin poder diferenciar el despliegue de cada músico, y cuando lo hizo ya debían abandonar el escenario.

Algo parecido ocurrió con PARECELSO, sonando más homogéneos pero muy chato a la vez, sólo resaltando la voz de la cantante por sobre el resto de la banda. De cualquier forma cumplieron y pudieron darse a conocer ante quienes no los habíamos escuchado antes con su prolijo pero potente Metal Alternativo.

Luego sería el turno del hardcore de ETERNA AGONÍA, los oriundos de Malagueño que a pesar de llegar como los mimados por un sector de la prensa no pudieron completar el set list que tenían preparado y pautado por falta de tiempo. Igualmente cumplieron con una actuación enérgica y sólida, como de costumbre.

Pasadas las 23:00 hs comenzó a sonar la mítica intro del disco editado en 1989 “Beneath The Remains”, encendiendo la mecha que explotaría con el tema homónimo y su avasallador riff. La cascada voz de Max rugió “Inner Self”, y como durante toda la noche se apoyó en los coros del entusiasta público, que los entonó cuales gritos de guerra. Hubo tiempo también para un circle pit a pedido del mismo frontman.

Tal como está dispuesto en el disco, los siguientes temas que sonaron en forma consecutiva fueron “Stronger Than Hate” y “Mass Hypnosis”, continuando con su destructivo propósito a los que se les sumaron “Slaves of Pain” y “Primitive Future” para completar el brutal repaso del BTR sin bajar un cambio y con una energía arrolladora. Un ínfimo receso sirve para recuperar el aliento y regresar junto con la intro del segundo disco a repasar, el editado en 1991 titulado “Arise”, y como ocurriera anteriormente, el tema de mismo nombre abrió la segunda descarga de cruda violencia Death/Thrash sostenida e impulsada fundamentalmente por Iggor, que aún se mantiene intacto brindando un despliegue demoledor en los parches. Sonarían luego para deleite caníbal de la concurrencia “Dead Embryonic Cells” y “Desperate Cry” con su correspondiente intro arpegiada. Dos clásicos infalibles, al igual que “Altered State”, que mediando el mismo sumergió Krakovia en una oscura atmósfera tribal, como las que empezaban a experimentar a principios de los ’90, partiendo de una simple melodía a manos de Max en su ESP, coreada con el clásico “ohh ohh” del público, y a partir de la cual la intensidad iría in crescendo hasta recuperar el Groove propio del tema.

“Infected Voice” sería el indicado para regresar al thrash más virulento, con las melenas en estado de completa ebullición al igual que las gargantas, las cuales se mantuvieron encendidas durante “Orgasmatron”, el cover de Motorhead incluido como bonus en algunas versiones del álbum pero que se convirtió de culto para los fans de los brasileños. La sorpresa fue la inclusión del otro clásico de la banda liderada por el fallecido Lemmy, “Ace of Spades” (Casualmente el 8 de noviembre se estaban cumpliendo 38 años de su publicación), con Max liberado de su guitarra y concentrado en bramarlo de la manera más cruda posible. Así cerraba el inmejorable repaso de “Arise”.

Un receso necesario daría lugar a los bises, empezando con “Troops of Doom”, el mítico tema del álbum “Morbid Visions” (regrabado posteriormente e incluido como bonus en “Schizophrenia”), con la gente cantando el riff y enseñando “las manos de fuego” a pedido del mayor de los Cavalera. Inmediatamente después sonaría “Refuse/Resist” de la placa “Chaos AD”, otro de los infaltables, en el cual se aprovechó el corte intermedio para organizar un Wall of Death, partiendo a la audiencia a la mitad e invitándolos a librar su guerra entre bárbaros y criminales según el sector en el que se encontrasen. Y si de temas infaltables hablamos, no podía dejar de sumarse a la lista “Roots Bloody Roots” con todo el Groove para quemar las pantorrillas saltando en el mosh. Sólo quedaría espacio para un popurrí final de “Beneath the Remains”, “Arise” y “Dead Embryonic Cells”, dando fin así a una presentación antológica en la que primó la agresividad, la brutalidad y la crudeza, con un Max que toca poco y nada, canta menos, pero que lleva adelante la maquinaria destructiva con total éxito, mostrándose cercano al público y de buen humor, con un constante feedback con el mismo. Todo esto es posible gracias a una impecable labor de Marc Rizzo, encargado de todos los trabajos de viola y de darle aire a su también compañero de Soulfly. Por su parte Mike Leon en las cuatro cuerdas le da la gordura al sonido de la banda y constituye junto con Iggor una base rítmica demoledora. Ni hablar del trabajo de este último, que tras la batería ploteada con los motivos de la gira, destroza los parches sin descanso y sin aflojar un segundo en su feroz cometido, con la velocidad y precisión que siempre lo ha caracterizado.

De esta manera pasó uno de los últimos conciertos internacionales del año y las caras que emergen de Krakovia muestran casi unánimemente una juvenil mueca de satisfacción, inherente a su condición en algunos, o como si el tiempo no hubiese pasado en otros.

Crónica: Juanlón.

Fotos y vídeos: Rubén Rivadera.



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