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22 agosto, 2017
Entrevista a Alejandro Sabransky (1917)

Si tenemos en cuenta su trayectoria, estamos ante una de los principales nombres del death metal argentino. A partir de una larga charla con el vocalista y guitarrista Alejandro Sabransky, líder de este singular proyecto, repasamos sus orígenes y actualidad para quienes están al tanto de este respetable nombre como para aquellos que comienzan a conocerlo.

No muchas personas de Argentina asocian de forma inmediata el nombre de Lima a la ciudad ubicada en el Noreste de la provincia de Buenos Aires, en el partido de Zárate. Y si buscamos relacionarla con la música pesada, las chances son menores. Por lo menos hasta que surgió 1917, quien colocó a esa localidad en la escena metálica, más exactamente, en la vertiente extrema. “Arranqué con este proyecto en julio del ’94”, comienza Alejandro al recordarnos los inicios de su banda. “Venía de hacer mis primeras armas en una banda de amigos, no teníamos un estilo definido así que hacíamos algunos covers. A cada uno le gustaba un estilo diferente de música, eso un poco ayudó a que no pase nada. Sin embargo, con el cantante quedamos en intentar algo en serio una vez que eso terminase.  Con un ex compañero de la escuela, que era Pansa, el bajista, decidimos probar. Él consiguió un batero, yo ya tenía un vocalista. La idea en un principio de ellos era hacer algo thrash. Yo ya venía escuchando un poco de Death, un poco de Carcass, y quería ir para ese lado. Y como ninguno escribía música empecé yo con temas míos que ya tenía escritos de un par de años atrás. Los empezamos a ensayar y como que no les quedó otra que seguir el estilo que iba yo trayendo. Que es una mezcla de varias cosas, no es death metal a secas, no es thrash a secas, tiene algo de black. Y se hizo un poco cuesta arriba, pues como bien dijiste, en esa zona no hay tradición metalera, está bastante afuera del circuito incluso. Empezamos tocando en pubs y bares, donde iban amigos, hasta que nos animamos a grabar. Ahí empezó a despegar un poco.”

Esas primeras grabaciones en realidad fueron algunos intentos fallidos, primero de un demo-ensayo que no se concretó, luego de un demo en estudio, con cinco temas, registro que no satisfizo a la banda. Por ese entonces se hacían llamar NN 1917. Finalmente regrabaron cuatro de los temas, para editar el cassette Bienvenidos a la nada, en 1996, ya bajo el nombre 1917. A partir de ese primer e importante paso, se animaron a su primer lanzamiento en CD, el cual concretaron dos años después bajo el título de Inti Huacay.

“Fue una aventura de punta a punta. No teníamos ni idea de grabar en realidad, porque fuimos a un estudio que nunca había grabado metal, así que no pudo aportar nada. Nosotros no veníamos de ninguna banda con alguna carrera, alguna experiencia, así que nosotros tampoco teníamos nada que aportar. Se hizo completamente a pulmón, sin tener ni idea para adónde había que disparar. También lo bancamos todo absolutamente de nuestros bolsillos, así que quedó un disco corto, crudo, hecho completamente a pulmón. Desde la gráfica, que fueron fotos que se sacaron en unas vacaciones, todo absolutamente artesanal digamos. Nos animamos porque yo realmente quería formar parte de la incipiente escena, hacerlo profesional, así que buscamos fábrica, terminamos acá en Capital en una fábrica que ya no existe más. La intención de movida fue hacer un disco en todas las de la ley.”

Si bien 1917 comenzó con una formación tradicional de cuarteto, con el tiempo pasó a convertirse en el proyecto personal de Alejandro Sabransky. “Después del primer disco comenzaron a darse los cambios de alineación. Como te decía, como no es una zona con una tradición metalera, no conseguía reemplazos. Y como no conseguía reemplazos, pasamos a ser un trío. Cuando se fue otro de los chicos quedamos dos y empezamos a usar bases programadas para seguir ensayando. Y al final se fue el que quedaba y quedé solo. Así que para el 2002, estaba completamente solo y con un disco completo para sacar. Así que ahí convoqué al bajista original (Pansa), que se prendió, de hecho hicimos tres discos con él así. Pero si bien él tocaba, como yo hacía el tema de las gráficas y seguí siendo el único compositor, se transformó en algo muy personal que compartía como un amigo. 1917 es muy personal, por más que eventualmente se vaya sumando gente, es todo lo que quiero expresar, lo que más me identifica, es muy mío.”

Con un total de ocho álbumes, más participaciones en splits y compilados, 1917 se transformó en una de las agrupaciones más prolíficas en cuanto a ediciones en el death metal argentino. Implacable utopía, editado en 2016, constituye su último lanzamiento, centrado en la melodía aunque sin perder la agresividad que caracteriza a la agrupación. “Sigue la onda de los anteriores, yo noto que hay algunos leves cambios en algunas canciones, donde para darle un poco más de color al producto en forma global aparecieron por ahí unas guitarras acústicas, que eso no era muy común, algunos riffs armonizados más tirando a doom. Algo ya se había visto en el 2005 en Neoritual, y otra vez se volvió a ver en el disco anterior [Inexorable], y que ahora ocupa otro lugar. Es sobre la línea que siempre seguí, tratando de darle en algunos momentos algún matiz diferente para que sea interesante. Incluso en cuanto a sonido quiero sonar relativamente crudo, relativamente retro, no me gusta el sonido por ahí muy moderno ni muy producido”.

Entre los logros de Alejandro se cuenta no sólo la estable carrera de su banda principal, sino la gran diversidad de grabaciones que presentó por medio de sus proyectos y agrupaciones paralelas: Seol, Ammentia, Dwimor, Bokrug y Funeris. Con los tres últimos ha editado álbumes en los últimos meses, y cada uno de ellos merece una entrevista aparte, así que sólo preguntamos qué podíamos encontrar en común en cada uno de ellos: “Yo justamente trato que no tengan nada en común. El tema es el siguiente: me ha pasado que por ahí me gustaba mucho una banda, el músico creció, evolucionó, empezó a querer experimentar con otras cosas y las metió en esa banda. Y cambió el sentido. Cambió el estilo, cambió el sonido y yo no quería que pase eso con 1917. Entonces, cuando me di cuenta que quería explotar una vena un poco más grind, un poco más brutal, armé un proyecto paralelo que tenga otro sonido, que se dedique a hacer eso y que no haya puntos en común (Aquí Alejandro se refiere a Bokrug). Cuando vi que cada vez metía más doom, el doom se iba colando en 1917, decidí probar separarlo y dedicarme exclusivamente a eso y así nació Funeris. Sacando lo inevitable que es la voz, que es la misma, que la guitarra es la misma, trato que el sonido sea diferente, que lo musical sea diferente, que justifique la existencia de un proyecto diferente”.

La diferencia en sus diversos trabajos pasa también por la cuestión de las letras, como nos asegura el multifacético músico. “Lo lírico también, absolutamente separado. En 1917 son letras muy personales, las laburo desde un punto de vista muy literario, trato que sean muy ricas. Trato que aparte que tengan un significado, sea agradable en cuanto a la estética. Con Bokrug, en cambio, es un quilombo, como el estilo amerita. Me baso en escritores de literatura fantástica, que no tiene nada que ver con 1917 justamente. Y también parte de mi trabajo como escritor, entre comillas, de ficción y de horror, también está volcado en Bokrug. En Funeris, por ahí son cosas un poco más oscuras, un poco más introspectivas, hay un poco de ficción también, se escapa también por ahí un poquito de Lovecraft en alguna letra. En Dwimor, que es más un black/folk, son letras de un tinte más mitológico, ficticio, siempre creado por mi. Personajes y cosas que incluso están en algunos de los cuentos que escribí, historias oscuras que no tienen que mucho que ver con el estilo, y tampoco están encaradas de la misma forma que en Bokrug. Trato que realmente sean proyectos autosuficientes y muy separados entre sí”.

En estos dos últimos años, Alejandro Sabransky decidió completar una alineación para volver a los escenarios, luego de varios años en que 1917 se había tomado un receso en cuanto a shows. Primero convocó a Mario Mansilla para el bajo, que además tocó en Implacable utopía, y terminó completando a 1917 con el guitarrista Xass (de Black Vul Destruktor) y el baterista Javier Cuello (Anomalia, Warbreed, Witchour). “Los conciertos están saliendo muy bien, y estamos recibiendo muchas más invitaciones de las que podemos encarar”, nos comenta el guitarrista sobre esta nueva etapa con nuevos músicos. “La banda está sonando ajustada, estamos disfrutando cada show, y tanto reencontrarse con viejos conocidos como ver gente nueva es muy positivo y estimulante”.

El próximo evento agendado es como soporte de una reconocida banda de death metal: “El show con Nile será un evento en el cual podremos mostrar nuestra propuesta a un público que tal vez no haya tenido ocasión de vernos aún”, asegura Alejandro al consultarlo sobre qué expectativa tienen para este concierto en Buenos Aires. “No solemos presentarnos frecuentemente, ni de forma asidua en una misma zona, así que si bien sé de muchos seguidores que asistirán, también me ha escrito gente que vería a 1917 en vivo por primera vez.”

Para quienes quieren más material de 1917, hay noticias al respecto: “Ya estaría en condiciones de empezar a grabar el nuevo disco, pero definitivamente voy a apuntar al DVD primero. El DVD consistirá en un live session, con un tema de cada producción, y si los planes marchan, la idea es agregarle una seccion de bootlegs, para lo cual estuve recopilando filmaciones recientes enviadas por la gente que ha asistido a los recitales, material con el cual ya armé cuatro videoclips completos”. Ya puede verse en YouTube este material, grabado “desde la trinchera”, como le gusta decir a Alejandro.

“Soy honesto, me considero un músico mediocre, con recursos limitados, poco contacto con la escena y un poco incluso te diría medio mala onda”, se sincera Alejandro al final de la charla, en una suerte de balance. “Sin embargo, disfruto mucho con lo que hago y la gente me apoya comprando el material, yendo a los recitales. El balance es positivo, es definitivamente positivo. Con todas las condiciones para no haber llegado a nada, puedo decir con orgullo que son proyectos respetados, que músicos y público en general han sabido dar un lugarcito a mi trabajo, así que estoy muy satisfecho”.

Exequiel Nuñez



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