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30 noviembre, 2017
OBITUARY – 21/11/2017 – Uniclub

Este año los fans locales del death metal pudieron apreciar a algunos de los exponentes principales y otros que nos visitaron por primera vez, tales como Krisiun, Vital Remains, Kataklysm, Deicide, Putrid Pile, Nile y Suffocation. Con Obituary se cerraba esa racha, y se trata de una de las agrupaciones que nunca falla en un escenario porteño. Así lo demostraron en 1992 (el primer show del género en nuestro país), en 2007 y en 2010. Aunque la falta de un guitarrista en el concierto de hace diez años y la mala calidad del sonido en lo que fue hasta ahora la última fecha, pedían una revancha. Y eso se dio en esa calurosa noche en las cercanías del Abasto.

CASTIGO, DISLEPSIA y LESA HUMANIDAD fueron los primeros soportes. Y si bien llegué pasadas las 20, cuando ya habían tocado, me encontré con una gran cantidad de gente en la vereda de Uniclub. Pareciera más entretenido tomar algo o hacer sociales que ver a las bandas nacionales. Por mi parte no dudé en presenciar una vez más a MORFERUS, quienes practican un death metal tradicional (o vieja escuela como ellos mismo proclaman). Cerraron su set con la canción “Petiso Orejudo”, que se centra en el legendario asesino local.

Uniclub rápidamente se transforma en uno de los locales más incómodos apenas sobrepasa los 200 asistentes. Ya me sucedió en shows anteriores la situación de tener que evitar empujones y apretujamientos mientras trataba de ver qué sucedía sobre el escenario, y ésta fue una de esas ocasiones. Súmenle que la música de OBITUARY no es para admirar concentrado, sino que se justifica el pogo constante. Con el instrumental “Redneck Stomp” como apertura, coreado al tope, la ansiedad fue creciendo hasta explotar en “Sentence Day”, la primera de varias canciones del último álbum que eligieron para la noche. Obituary, el álbum, tuvo una de las mejores recepciones desde que el quinteto de Florida volvió a grabar con Frozen in Time, editado en 2005. Plena de solos, en composiciones como esta se luce el violero Kenny Andrews, quien va a la par de los guitarristas más virtuosos que tuvo la banda, como James Murphy y Ralph Santolla. Pero basta que las siguientes en la lista fueran “Chopped in Half” y “Turned Inside Out” para recordarnos que estamos ante una banda donde la contribución de todos transforma a las canciones en efectivas maquinarias para hacerte mover la cabeza arriba y abajo.

No está de más resaltar la monstruosa labor del baterista Donald Tardy, quien si bien quedó algo atrás en comparación con otros bateristas más técnicos y veloces (y más jovenes), aún resulta imbatible a la hora de impulsar rítmicamente a la banda. El bajista Terry Butler aporta más historia que destreza, mientras que Trevor Peres completa la imbatible base con su guitarra rítmica que tanto le debe a Celtic Frost en los riffs. Falta nombrar al otro hermano Tardy, un frontman que conserva intacta su actitud, imagen y presencia desde aquellos tempranos 90s. John continúa conmoviendo con sus voces entre guturales y desgarradas, casi como en su mejor época, y necesarias en canciones como “Find the Arise” y “Dying”.

Así como no bajó la intensidad durante todo el set, tampoco se detuvo el stage diving, o sea la práctica del público de subirse y tirarse del escenario. En un momento esto provocó tensión con la banda, que apenas entraba en el escenario, y con los encargados de seguridad, pero se resolvió con un gesto de los músicos de que estaba todo bien, por más que siguiera el peligro de enredarse con cables o pies de micrófonos.

Promediando la docena de canciones con “’Til Death” y “Don’t Care”, se produjo el primer corte. Era necesario un bis, que tuvo la forma de “Turned to Stone”, del último lanzamiento, seguida de la infaltable “Slowly We Rot”, con sus imprescindibles riffs arrastrados. Pero su final alargado marcó el cierre definitivo. Apenas habían pasado 65 minutos, los cuales a la mayor parte les parecieron cortos. Así sucede con los shows de death metal, donde se prioriza la intensidad por sobre la extensión. Una o dos canciones más podrían haber aportado al show, pero ya a esta altura estaba confirmado. Se trató de uno de los conciertos más exitosos de Obituary en nuestro país desde que a comienzos de los 90s nos convencieron que el death metal debe ser experimentado en vivo.

Crónica: Exequiel Nuñez

PH: Marcelo Chozas Sotelo



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