
Álbum de la semana – “Dark Asylum” – KAMELOT 🇺🇸
Dark Asylum: El regreso de la oscuridad majestuosa.
Los gigantes norteamericanos del Metal Sinfónico y Progresivo, KAMELOT, están de regreso con Dark Asylum, su más reciente placa de estudio editada a través del sello Napalm Records. Con una alineación implacable comandada por la garganta de Tommy Karevik, el cerebro guitarrístico de Thomas Youngblood, los teclados orquestales de Oliver Palotai, el bajo firme de Sean Tibbetts y la batería demoledora de Alex Landenburg, la banda firma un álbum que busca reconciliar a los fanáticos de la vieja guardia con su sonido más moderno.
En el apartado técnico, el disco cuenta con la mano maestra de un viejo conocido como Sascha Paeth en la producción y el sello de nitidez absoluta en la mezcla y masterización a cargo de Jacob Hansen. Visualmente, viste una portada a cargo de Peter Sallai que mantiene la estética clásica del grupo: la heroína encadenada, la oscuridad, los cuervos y ese tono gris metálico omnipresente. Una imagen que, si bien peca de predecible para el catálogo de la banda, anticipa el clima que se respira en el audio.
Si bien Kamelot no inventa la rueda ni rompe los esquemas que viene trabajando en sus últimas entregas, la gran virtud de Dark Asylum radica en la inspiración compositiva. A diferencia de sus trabajos inmediatos anteriores -donde por momentos la fórmula se sentía algo automatizada-, acá se percibe una banda encendida, hilvanando estribillos épicos sobre bases donde el Power Metal veloz y la sofisticación del Metal Progresivo conviven sin chocarse.
El disco equilibra muy bien los momentos de rabia con la elegancia. Dark Asylum funciona como un reloj suizo donde cada teclado, orquestación y pared de coros ocupa un espacio milimétrico. El disco brilla y gana verdadero carácter cuando se “apaga la maquinaria” y la banda se anima a sonar desnuda, dejando que el riff de Thomas Youngblood y la batería de Alex Landenburg empujen la canción sin tanto ornamento.
A modo de obertura e introducción ceremonial, “Sanctorium” funciona como la antesala perfecta para el despegue de ‘Ashen World’, preparando el terreno y encendiendo la mecha antes de que el tema explote con todo el poder del Power Metal, contando con la participación vocal de la chilena Ignacia Fernández. La fórmula se repite pero con tintes más sinfónicos en “Sanctuary”, donde suma su voz Clementine Delauney (Visions of Atlantis). Uno de los picos altos del álbum es «One Last Masquerade”, una pieza de melodías pegadizas y aura teatral potenciada por la presencia de Tobias Sammet (Avantasia/Edguy), entregando un dueto formidable con Karevik.
Kamelot siempre fue un especialista en construir baladas inolvidables, y en este disco el premio se lo lleva “Ivy, My Dear”. Intensa, desgarradora y cargada de sentimiento, se perfila rápido como una de las composiciones más memorables del tracklist. Canciones como “Godlike Alchemy” o la progresiva “Enigma (Think of Me)» muestran un ensamble ajustado que aplica la técnica justa y necesaria en función de la canción. Por su parte, “Beneath the Moon (Tunglið)” aporta una brisa fresca con arreglos folclóricos europeos gracias al trabajo de cuerdas invitadas, que por momentos queda como descolgada del redondo.
El punto final lo marca “Sanctum Requiem”, un epílogo al piano que rescata la melodía central de la demoledora “The Puppet King”. Al quitarle el ropaje de distorsión y el músculo metalero, la banda logra un contraste íntimo, emotivo y puramente cinematográfico, dándole un cierre impecable al concepto del disco.
Dark Asylum es un disco extremadamente disfrutable, elegante y efectivo, pero que deja la sensación de que Kamelot juega sobre seguro. Un trabajo con chispazos de brillantez absoluta que demuestra que, cuando aflojan con los arreglos recargados y dejan que el Heavy Metal respire, siguen siendo invencibles.
Sabrina Romero
Sus Integrantes son:
Tommy Karevik: Voz
Thomas Youngblood: Guitarra
Sean Tibbetts: Bajo
Oliver Palotai: Teclado y Orquestaciones
Alex Landenburg: Batería








