
Álbum de la semana – “Buried Blue” – FOR MY PAIN… 🇫🇮
26 años de espera por un regreso melancólico y apacible.
Tal y como lo plantea el título, tuvimos que esperar más de un cuarto de siglo para la vuelta del supergrupo finés de Metal Gótico que, a principios del milenio, nos tomó por sorpresa con su lanzamiento Fallen (2003). En aquel entonces, la propuesta era reunir a miembros de la escena metalera del país nórdico para dar forma a ese sonido que parecía catapultar a la fama a quien lo interpretase.
Con una formación encabezada por Tuomas Holopainen (Nightwish) en teclados y Lauri Tuohimaa (Charon) en guitarras, el proyecto se llenó de estrellas sumando a las baterías, guitarras y bajo de Eternal Tears Of Sorrow y Kalmah: Petri Sankala, Olli-Pekka Törrö y Altti Veteläinen. Finalmente, todo quedó coronado por la maravillosa voz de Juha Kylmänen (Reflexion). El disco llamó mucho la atención y logró pasar la prueba de fuego de todo supergrupo: lanzar un trabajo parejo, completo y emocionante.
La agrupación permaneció unida hasta 2005, cuando posiblemente los compromisos de sus miembros con otras bandas llevaron al experimento a una separación esperada. La creciente fama de estas agrupaciones —mayormente Nightwish— dejó a For My Pain… como una joyita que se dio en el momento justo y en el lugar exacto.
Por esta misma razón sorprendió tanto que, a partir de 2024, la banda retoma actividad y comienza a lanzar singles periódicamente, anticipando al sucesor de aquel tan logrado debut. Ya sin Holopainen en teclados ni Sankala en baterías, la formación se complementa con los reemplazos Marco Sneck (Poisonblack, Charon, Kalmah, etc.) y Ari-Matti Pohjola (Reflexion), respectivamente.
En medio de un resurgimiento de la escena del Metal Gótico prácticamente de entre los muertos, este disco suena, en general, como si hubiera sido compuesto hace unos 20 años. La continuidad de ideas con respecto a su álbum original se nota muchísimo, y eso es algo relativamente positivo. Este sonido gótico con toques alternativos y ciertas atmósferas románticas parecía medio olvidado en un renacimiento del género donde primaron influencias más cercanas al heavy metal clásico o al post-punk tradicional, como vienen mostrando los últimos lanzamientos de Tribulation o Unto Others.
Aquí volvemos a los acordes abiertos, las melodías de teclados bien presentes, las voces melosas y los tiempos medios: una fórmula clásica para el estilo que los muchachos saben usar perfectamente. Los temas a veces se sienten como un espejo del primer álbum. Podemos encontrar paralelismos entre Hungry For Desire y My Wound Is Deeper Than Yours en esa apertura más enérgica, o entre WitchBitch Elite y Dear Carniwhore, con esa aura romántica y sensual a lo The 69 Eyes. Incluso el hit Rapture Of The Lust parece reflejarse en Isle Of Solitude, lamentablemente aquí no encontramos ningún clasico como fué Autumn Harmony en el álbum debut.
Aun así, algunas canciones escapan a esta lógica. El segundo track, Windows Are Weeping, con la colaboración de Troy Donockley —multiinstrumentista que desde hace años aporta los vientos a Nightwish—, lleva la canción hacia terrenos más celtas. También está Time Will Heal Our Wounds, compuesta en la etapa anterior de la banda e interpretada en vivo antes de su separación, pero que recién ahora ve la luz en estudio.
A su vez, hay tres canciones con fuerte participación de vocalistas femeninas invitadas: Tether (con Riina Rinkinen de Silentium), Recoil Into Darkness (con Miriam Renvåg Müller de Ram-Zet, quien repite participación tras aparecer en el disco anterior) y las ya mencionadas WitchBitch Elite y Time Will Heal Our Wounds, con Ellu Malkamäki, quien acompaña a la agrupación en vivo.
Child Of The Fallen destaca como la canción más pesada del disco, con guitarras filosas y machaques potentes, aunque es prácticamente el único momento de verdadera agresividad en un trabajo que decide inclinarse más por la melodía y las atmósferas. Las teclas logran llenar el vacío que uno podría imaginar tras la salida de Tuomas, cumpliendo con creces.
Además, la voz del señor Juha está perfecta como el primer día: un barítono alto, hipnótico en sus partes graves y totalmente efectivo en estribillos melódicos y pegadizos. El trío de cuerdas aporta pasajes técnicos y solos que, sin ser predominantes, dan en el clavo cuando aparecen y brindan la variedad necesaria para que las canciones no se vuelvan demasiado repetitivas. Burn-Out Sun es uno de los mejores ejemplos, donde también brilla el trabajo de las baterías.
Aun así, no todo es color de rosas. Hacia el final, el disco se siente algo largo y la fórmula puede volverse repetitiva. Tal vez con dos o tres canciones menos estaríamos hablando de un álbum a la altura de Fallen, o incluso superior con algo más de experimentación. Además, la producción se percibe demasiado brillante por momentos, como si en lugar de metal gótico estuviéramos escuchando power metal. Las manos de Sofia von Hage y Thomas Eberger en la masterización, y de Mikko Karmila en la mezcla, pueden tener algo que ver. También la grabación, a cargo de Jarmo Tapio Kylmänen, hermano del vocalista, conocido por ese sonido más luminoso en Eternal Tears Of Sorrow.
Aun con esos detalles, estamos frente a un digno sucesor del aclamado Fallen y el regreso, al fin, de un proyecto que nadie esperaba. Quienes disfrutamos del sonido melancólico y romántico del metal gótico lo agradecemos profundamente y esperamos que esta vez no tarden otras dos décadas en entregar un nuevo sucesor de Buried Blue.
Con el regreso de Charon, Poisonblack y To/Die/For a los escenarios, los grandes lanzamientos de Lacrimas Profundere, Draconian y Paradise Lost, y la aparición de proyectos nuevos como Cemetery Skyline, Messa o High Parasite, entre muchos otros, el retorno de For My Pain… es otra de las señales positivas en esta recuperación que el metal gótico parece estar acelerando.
Marko Kiichi
Sus Integrantes son:
Juha Kylmänen: Voz
Lauri Tuohimaa: Guitarra
Olli-Pekka Törrö: Guitarra
Altti Veteläinen: Bajo
Marco Sneck: Teclado
Ari-Matti Pohjola: Batería








