ANCIENT – 19/04/2025 – Sala Formosa, Córdoba 🇦🇷

Cuando Ancient profanó Córdoba

Este pasado sábado 19 de abril, mientras muchos rezaban, ayunaban o fingían devoción en iglesias frías, las sombras se arrastraban por las calles de Córdoba, invocadas por un llamado más antiguo que cualquier libro sagrado. El barrio de Güemes se convirtió en el epicentro de una neblina espesa de blasfemia y distorsión. Porque no fue cualquier banda la que desató este ritual: fue Ancient, emisarios del Black Metal nórdico, guardianes de una llama que no se apaga ni aunque el mundo entero arda entre iglesias y reguetón.
Y como si todo eso no bastara, la fecha no fue casual. Plena Semana Santa. Mientras algunos hablaban de redención, nosotros presenciábamos la consagración de la oscuridad. Un gesto tan simbólico como letal: el Black Metal profanando el calendario cristiano.

Desde hace meses, los rumores se propagaban como fuego entre ramas secas: “¡Ancient en Argentina!”, murmuraban algunos con los ojos desorbitados y los cuernos en alto, como si intentaran captar una señal directa del inframundo. Pero ahora ya no era un mito urbano ni una promesa rota en un flyer. Era una realidad que se manifestó como una tormenta negra en el corazón de la ciudad de Córdoba a través del Festival Grotesque Masquerade III, marcando uno de los hitos más esperados del “South America Tour 2025” por la banda.

¿Y qué decir de ellos? Los que conocen la historia saben que Ancient no es solo una banda: es una entidad primigenia, nacida en Bergen, Noruega en 1992 bajo la mirada helada de Magnus (Aphazel o actualmente Zel). En tiempos donde el Black Metal se escupía entre fuego, iglesias quemadas y corpse paint empapado en sudor anticristiano, ellos supieron dejar su marca en discos como Svartalvheim (1994), The Cainian Chronicle (1996) y Night Visit (2004). Su sonido es una mezcla de atmósfera lúgubre, melodía ritual y una rabia que hace helarte la sangre.

Ancient no llegó con una formación improvisada. Se presentaron como un cuarteto compacto y afilado, con Zel a la cabeza -voz, guitarra y alma fundacional-, acompañado por dos italianos: Ivan McSimon en guitarra y Dhilorz en bajo, y un baterista esloveno, Jan ‘Volkun’ Dobre, que tocó como si tuviera lava negra corriéndole por las venas. Ausente, aunque invocado en espíritu, estuvo Lord Kaiaphas, cuya presencia marcó la era dorada de Ancient en los noventa.

Han sobrevivido modas, traiciones y hasta los embates del tiempo. Y ahora, después de cruzar océanos y sacrificar vírgenes (metafóricamente, claro… ¿o no?), vienen a bendecir con oscuridad esta tierra mediterránea.

La Sala Formosa fue el templo elegido. Y sí, hubo tres bandas anfitrionas que abrieron el portal con riffs extremos: Mortuorial Eclipse, Infernal Woods y Darker Mysteria, guerreros locales que dejaron sangre en las tablas, pero voy a ser honesta: yo vine por Ancient, para ver caer la luz. Todo lo anterior fue el sacrificio preliminar. El verdadero clímax era nórdico y se llama Black Metal noruego ejecutado con 30 años de blasfemia encima.

Y cuando ANCIENT pisó el escenario a las 21.45, los portales se abrieron. No en sentido figurado. Literalmente, algo se rasgó entre dimensiones. Se sintió. El aire se volvió más denso, como si la atmósfera misma estuviera conteniendo la respiración. “Svartalvheim (Intro)” comenzó a sonar como un presagio. Y entonces, Zel alzó la voz como quien lanza un conjuro ancestral y saludó con una frase simple pero cargada de una energía oscura: “Buenas noches, Córdoba… vamos Svartalvheim.” Y con eso, desató el primer llamado “Trumps of an Archangel”, que nos arrastró desde los tobillos hacia el abismo para escuchar esas joyas ocultas de Svartalvheim, como: “Huldradans”, “The Call of the Absu Deep” y “Det Glemte Riket”.

No hubo necesidad de grandes performance: la atmósfera la trajo la música infernal solamente con luces rojas y azules y la locura colectiva que desataron los más fanáticos frente al escenario.  Lo que siguió fue un descenso profundo y poderoso hacia la oscuridad, ya que continuaron cayendo importantes piezas que latieron con fuerza durante el set como:“Paa evig vandring”, “Eerily Howling Winds” y “Likferd”.

Zel, con su presencia espectral y su voz salida de catacumbas olvidadas, nos adentró en un espiral de oscuridad clásica, tocando un setlist especialmente dedicado a esa era primitiva con un sonido espectacular.  También resonaron dos himnos sepultados de la vieja escuela: “Trolltaar” y “Nattens Skjønnhet”.  Enseguida retomaron, sin pausa, la masacre auditiva, prosiguiendo con los cortes más letales de The Cainian Chronicle, auténticos martillazos rituales directos al cráneo, como “The Curse”, “The Pagan Cycle”, “Lilith’s Embrace” y “Zillah and the Crone”. Y entonces, Zel habló por última vez. “Una más…”, dijo con esa voz que suena más a eco de ultratumba que a garganta humana. Y así fue. Comenzó a sonar un clásico profanado con respeto: “13 Candles”, el himno sombrío de Bathory, ejecutado como si invocaran al mismo Quorthon.

El público, alrededor de 200 personas, respondieron como se debe: con respeto, locura y entrega. Pocos celulares molestando, poco postureo: solo metaleros afines al género, no hubo maquillados con corpse paint improvisado, pero si con el rostro desencajado por el éxtasis sonoro. La producción, sobresaliente, supo elegir a las bandas locales que abrieron este portal hacia lo más oscuro, y todos, absolutamente todos, éramos conscientes de que esto no se repite fácilmente. 

Al final, cuando los amplificadores se apagaron y el último riff se desvaneció entre aplausos, solo quedó el silencio…un silencio cargado de una certeza extraña, habíamos sido testigos de algo real, oscuro y sagrado. 

Sabemos que Córdoba no es Bergen ni Oslo, y que el Fernet se toma 70/30 y no en cuernos de carnero…pero no importa, la llama profana ardió igual. Los rituales auténticos no necesitan bises.

Crónica: Sabrina Romero
Fotografías y vídeos: Rubén Rivadera

Truenos Metalicos
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