BANGERS OPEN AIR – Día 2- 26/04/2026 – Memorial, San Pablo 🇧🇷

Segunda Jornada: De las escaleras del hotel al Olimpo del Metal

La llegada al hotel la noche anterior había sido rápida, casi automática, aunque con historia de fondo. El viernes habían dejado de funcionar los tres ascensores, dejándonos “anclados” en el piso 16 como si fuera parte del tour, desde entonces nos veníamos manejando con el de servicio, ese que pasa a ser protagonista cuando todo lo demás entra en pausa obligada. Así que ya estábamos entrenados, o al menos resignados, a convivir con la logística vertical del edificio. Sin embargo, volver y simplemente subir sin drama parecía, por un momento, una victoria menor. Con este panorama, uno podría pensar que al día siguiente iba a ser tranquilo.  Pero la ilusión duró poco.  La mañana del domingo se encargó de bajarnos a tierra rápido, ya que el ascensor de servicio estaba colapsado, esperas eternas y una fila que avanzaba con la misma velocidad que un solo de batería en cámara lenta. El caos era tan evidente que ahí apareció la solución más argentina posible.  Mirarnos, quejarnos un poco y bajar por la escalera.

Unos cuantos pisos después, entre risas, quejas y ese cardio no programado que nadie pidió, logramos llegar al casi cierre del desayuno. Merecido, discutido y absolutamente necesario. Porque si algo enseña este tipo de cobertura es que el Metal puede ser pesado, pero las piernas también tienen lo suyo. Con el café encima, recuperando algo de energía y el cuerpo intentando arrancar, tocó volver a subir para prepararnos. Esta vez con otra cara, mejor timing y la cabeza ya puesta en lo que venía.

El segundo día del Bangers Open Air nos esperaba a pocas cuadras, con más ruido, más calor y seguramente algún nuevo capítulo inesperado de esta travesía.
Al llegar, nos enteramos de que habían mejorado el ingreso para quienes tenían entrada general, ya que el día anterior se habían registrado varias quejas en redes sociales.
Nuestra jornada comenzaría nuevamente en el Sun Stage, un escenario que siempre propone bandas con espíritu renovado, donde más allá del género, todas las propuestas suenan con una gran calidad y un nivel sonoro impecable.

Esta vez, el encargado de romper el hielo -o más bien de intensificar el calor que ya venía castigando desde temprano- fue el Metal Sinfónico pirata de VISIONS OF ATLANTIS. Los austríacos irrumpieron puntualmente con “Master the Hurricane”, en una apertura que rápidamente marcó el tono de su propuesta.

Desde el inicio, la banda dejó en claro su impronta escénica, con una puesta que combinó teatralidad y épica. La dualidad vocal entre Clémentine Delauney y Michele Guaitoli sostiene gran parte del peso del show, aportando ese carácter pomposo que remite inevitablemente a la escuela de Nightwish, aunque con identidad propia.

A lo largo del set, el grupo fue construyendo una narrativa sólida dentro de su propuesta sinfónica, con pasajes destacados en temas como “Monsters”, “Clocks” y “Tonight I’m Alive”. El momento más alto llegó con “Legion of the Seas”, cuando la delicada Delauney flameó la bandera de Brasil. Un gesto simple que reforzó su conexión con el público, mientras el sol seguía cayendo sin piedad sobre el predio.

Más allá del despliegue visual y la estética pirata-sinfónica, lo que termina imponiéndose es el profesionalismo del quinteto y la calidad compositiva que se sostiene en cada canción, incluso en un contexto tan exigente como el de un festival de estas dimensiones. Como buenos piratas, terminaron conquistando el corazón del público brasileño.

Sin embargo, el tiempo jugaba en contra y decidimos no ver el cierre completo del show, ya que el siguiente punto de interés nos esperaba del otro lado del predio.  La idea era cambiar de atmósfera por completo y sumergirnos en el ritmo más crudo del Ice Stage, donde al mismo horario comenzaba la descarga de los brasileños PROJECT46, encargados de abrir ese escenario con toda su potencia.

Llegamos justo para vibrar con “Na Vala”, un tema intenso que combina modernidad con una fuerte impronta rítmica bien brasileña, donde la percusión y el Groove toman el protagonismo. En su base sonora se perciben influencias claras de bandas como Sepultura, Slayer, Pantera y Lamb of God. En esa línea, la banda recoge ese legado de peso y agresividad del Metal brasileño que dejó Sepultura, pero lo reinterpreta desde una mirada más actual, cercana al Metalcore, sin perder ese pulso rítmico característico que sostiene todo el sonido, y además con la particularidad de estar cantado en portugués, lo que refuerza aún más su identidad.

El cuarteto paulista -con Vinicius Castellari en guitarras, Caio MacBeserra en voz, Baffo Neto en bajo y Japa Drummer en batería- fue el anfitrión de esta jornada y defendió su propuesta con mucha autoridad. Su Metalcore cargado de breakdowns brutales, sumado a un pogo completamente descontrolado, generó una conexión inmediata con el público local. De hecho, fue uno de los momentos donde más se vio a la juventud brasileña metida de lleno en el mosh.  Con “Erro +55”, la banda dejó en claro que su mensaje va más allá del golpe sonoro, combinando imágenes de la realidad brasileña con letras filosas.

“Pode Pá” volvió a activar el clásico ritual de hacer agachar al público antes del estallido, y “Foda-Se” todo se fue al carajo con un “Wall of Death” que transformó el frente del escenario en una verdadera zona de choque.

Project46 representa con claridad esa nueva cara del Metal brasileño. Moderno, pesado, con base en el Groove y el Metalcore, pero también con una carga lírica directa, crítica y sin filtros, que conecta de lleno con su generación.

Sin demasiado respiro, y todavía con la energía de ese caos fresco, caminé unos metros hacia el Hot Stage, donde los alemanes PRIMAL FEAR se encargaban de poner en marcha ese frente con la intro “We Walk Without Fear”.  La sorpresa fue que ese escenario, y únicamente durante el domingo, contó con una extensión tipo pasarela, que las bandas de esa jornada pudieron utilizar para desplegar aún más su puesta en escena y ganar cercanía con sus fanáticos.

Subieron al escenario bajo el sol de São Paulo con la misión de hacer reaccionar a un público que, aun temprano, ya tenía el predio a pleno. Y no fallaron porque lo que vino después fue un show demoledor, donde la precisión alemana se cruzó con la energía brasileña y todo explotó.
Con una formación renovada, el grupo salió a escena con esa solidez de banda curtida en mil batallas, sosteniendo un concierto firme, directo y sin fisuras. Al frente, Ralf Scheepers se mantuvo como eje absoluto, con una voz intacta y una presencia que no negocia intensidad. Su performance fue impecable: agudos bien arriba, potencia constante y un manejo del escenario que refleja oficio y seguridad en cada movimiento.

A su lado, la dupla de guitarras entre Magnus Karlsson y Thalia Bellazecca aportó precisión y dinámica en cada pasaje, logrando duelos memorables. En ese tándem, Thalia no pasó desapercibida, con una presencia escénica fuerte y desenvuelta. Sumó actitud, conexión visual y una impronta que fue creciendo con el correr de su presentación. Cada intervención tuvo peso propio, al punto de convertirse en uno de los focos de atención tanto arriba como abajo del escenario.

El repertorio fue directo, sin vueltas, pensado para mantener la intensidad de punta a punta. Después de la intro, “Destroyer” y “I Am the Primal Fear” de su último álbum Domination (2025) marcaron el ritmo desde el arranque, con un público que enseguida se metió en clima. “Nuclear Fire” y “Seven Seals” sostuvieron esa conexión, mientras que “The Hunter” y “King of Madness” le dieron aire a un set que nunca aflojó.

Ya en la recta final, “The End Is Near” y “Chainbreaker” terminaron de levantar todo, dejando el terreno listo para un cierre bien arriba. Y como era de esperarse, “Metal Is Forever” cerró con todo el predio metido, cantando y bancando a pleno, dejando en evidencia ese espíritu inoxidable que la banda viene sosteniendo hace años.

En esos últimos minutos del show, el sol se hacía sentir fuerte, así que aproveché para tomar un breve respiro, hidratarme y moverme hacia el Ice Stage. El cambio no era solo de escenario, sino también de clima.

Ahí se vivía uno de los momentos más esperados de la jornada: el regreso de NEVERMORE, una de las bandas más emblemáticas del Thrash Progresivo, ahora con una formación renovada. A los históricos Jeff Loomis en guitarra y Van Williams en batería, se sumaban Jack Cattoi en guitarra, Semir Özerkan en bajo y el nuevo vocalista Berzan Önen, marcando así una nueva etapa para la banda.

Después de varios años sin actividad y con la ausencia imposible de llenar de Warrel Dane, Nevermore volvió a los escenarios con la intención de honrar su legado y demostrar que lo suyo sigue vigente. La respuesta del público fue inmediata, entre nostalgia y entusiasmo, acompañando cada momento. La gran incógnita pasaba por la voz, y Berzan Önen estuvo a la altura. Sin imitar, pero con un registro que por momentos remitía a Warrel, logró sostener el clima con una interpretación medida y respetuosa.

En lo instrumental, la banda sonó firme y precisa. Jeff Loomis volvió a destacarse con riffs y solos filosos, bien acompañado por Jack Cattoi, mientras la base con Semir Özerkan y Van Williams sostuvo todo con solidez y control.

El set, breve pero intenso, recorrió distintos momentos de su historia: “Narcosynthesis” abrió con fuerza, “Inside Four Walls” mostró la química de esta nueva formación, “The River Dragon Has Come” fue uno de los momentos más coreados, “Enemies of Reality” aportó su peso característico y “Born” cerró todo con el público completamente metido.

Fue un regreso que apostó a la fidelidad de su sonido, recreando esa atmósfera oscura y técnica que siempre definió a Nevermore.

Mientras tanto, en el Sun Stage, era el turno de ROY KHAN. Fue una pena perdérmelo, pero por suerte Sergio Rosales estuvo ahí y me acercó su visión:

Después de rearmar Conception, este genial vocalista decidió impulsar su carrera solista. Apadrinado por Edu Falaschi, debutó en São Paulo y desde entonces no ha parado de dar shows, con varios sold out. Para su presentación en el Bangers, estuvo acompañado por Seven Spires —banda con la que venía girando—, con Caio Kehyayan (fundador de FireWing) en guitarra principal. Además, sumó a dos talentosos coristas: Fabio Caldeira, vocalista de Maestrick, y Juliana Rossi, junto a un tecladista invitado, Charles Soulz.

El explosivo set incluyó una intro y nueve clásicos de su etapa al frente de Kamelot, en su mayoría pertenecientes al álbum The Black Halo, además de algunos temas de Ghost Opera, Epica y Karma. El Sun Stage se colmó de un público que coreó y saltó con cada tema, disfrutando de un show con un sonido muy bien trabajado, que dejaba en evidencia una química fantástica entre Roy y Adrienne Cowan, especialmente en temas como “The Haunting” y “Forever”.

Como broche de oro, llegó un momento memorable: durante “March of Mephisto” hizo su aparición Alexander Krull, de Atrocity / Leave’s Eyes, sumándose a Adrienne y Roy para una versión apoteósica que cerró un show brillante. Todo indica que la carrera solista de Roy Khan —quien ya está preparando su primer disco— viene tomando un gran impulso y promete un show imperdible el próximo 16 de octubre en el Teatrito de Buenos Aires.

Después de la carga emocional y técnica que dejó Nevermore, el recorrido pedía un cambio de aire. Y lo que vino fue un volantazo bastante marcado. Al movernos nuevamente dentro del predio, AMARANTHE apareció con una propuesta que, más que contrastar, directamente jugó en otra liga. Incluso desde lo visual, con una bandera gigante como telón de fondo -un recurso cada vez menos usado-, dejaron en claro desde el inicio con “Fearless” que lo suyo iba por otro lado, más impacto y puesta en escena que peso real en vivo, algo que después se terminó de confirmar con el fuerte protagonismo de las pistas pregrabadas.

Y ahí está el punto. Porque más allá del carisma y la dinámica de sus tres vocalistas -con Elize Ryd llevándose gran parte de las miradas, bien acompañada por Nils Molin y Mikael Sehlin-, en varios pasajes la sensación fue que la banda quedaba un paso atrás, sostenida por una base demasiado armada.  Todo sonaba prolijo, sí, pero también bastante calculado, donde lo digital terminaba pesando más que lo que realmente pasaba arriba del escenario.

El set no dio respiro y fue directo a lo que mejor manejan: temas cortos, estribillos pegadizos y ese cruce constante entre Metal, Pop y Electrónica. Sonó “Viral”, pasando por “Digital World” y “Damnation Flame”, hasta momentos más coreados como “Amaranthine” o “The Nexus”, la banda sueca sostuvo una dinámica pensada para que todo funcione de inmediato. La gente bailó, saltó, cantó y se subió al clima sin pensarlo demasiado. Ahora, en paralelo, quedó picando esa duda incómoda de cuánto de todo eso estaba pasando posta en vivo y cuánto ya venía armado desde atrás.

Funciona, obvio que funciona. Pero en un festival donde muchas bandas salen a dejar todo arriba del escenario, lo de Amaranthe quedó más del lado de la efectividad que del riesgo, más cerca de un show pensado para impactar que de uno que te sacuda de verdad desde lo musical.

En ese ida y vuelta de climas que propone el festival, el panorama volvió a cambiar por completo. Y mientras yo me quedaba viendo el set de Winger, mi co-equiper se había cruzado al otro lado del puente para ver qué pasaba con los suecos de CRAZY LIXX.

Por lo que me contó, del otro lado se vivía otra energía: puro entretenimiento, Hard Rock a toda máquina y un clima bien ochentero, con una banda sólida en actitud y conexión con el público. Nada de grandes despliegues, pero sí mucha energía y oficio desde el primer tema. Según sus palabras, fue un show bien entretenido, con Danny Rexon como gran figura, afiladísimo en lo vocal a pesar de algunos temas de salud, muy metido con la gente e incluso tirando alguna frase bien rockera que terminó de encender la respuesta del público.

Su cancionero fue directo y efectivo, con una seguidilla de temas bien pegadizos como “Rise Above” y “Hell Raising Women”, que mantuvieron la energía a tope desde el comienzo.

El cierre con “Who Said Rock ’n’ Roll Is Dead” terminó de desatar una verdadera fiesta.  En ese recorrido también destacó la versión de “Sword and Stone” (cover de Bonfire), uno de los puntos altos de su set, que reforzó ese espíritu clásico y bien festivo que la banda sostuvo durante toda la presentación.

Eso sí, el cruce de horarios con Winger los terminó perjudicando bastante, porque dividió al público del mismo palo. Aun así, Crazy Lixx bancó la parada y se quedó con uno de los shows más divertidos de la jornada, dejando en claro que cuando hay actitud, canciones y respeto por el público, no hace falta mucho más.

Del otro lado del festival, la historia era completamente distinta. Y en ese cambio de clima, donde antes había electrónica, capas digitales y un show más construido, ahora aparecía otra lógica, la de una banda que no necesita artificios para sostenerse.

Así fue como WINGER se plantó en el escenario, con ese aire de despedida flotando en el ambiente. Sin estridencias ni recursos de más, apostaron a lo que mejor les sale: canciones, oficio y conexión directa. Lo suyo tuvo gusto a cierre de etapa, pero con esa duda que el Rock siempre deja abierta: ¿última vez o simplemente otra vuelta más del camino?

Todo comenzó con “Stick the Knife In and Twist” quedando un poco a medias por un sonido bajo que le quitó impacto.

Pero no tardaron en acomodarse y, cuando eso pasó, empezaron a jugar de memoria. “Seventeen” y “Can’t Get Enuff” hicieron lo suyo, es decir, levantar al público y poner todo en sintonía. A partir de ahí, el set fue al hueso, sin vueltas. “Down Incognito” sumó peso, mientras que “Miles Away” mostró el costado más melódico. Hubo lugar también para matices, con “Rainbow in the Rose”, donde la banda manejó bien las dinámicas sin perder intensidad.

Arriba del escenario, todo fluyó con naturalidad.  Kip Winger llevó el show con experiencia, y Reb Beach -impecable- se adueñó de varios momentos, metiendo solos filosos y ese plus técnico que marca la diferencia. No hubo golpes efectistas, pero sí una solidez constante, de esas que se construyen con los años.

La recta final fue pura experiencia: “Time to Surrender”, solo de batería mediante, dejó servido el terreno para uno de los puntos más altos de la noche, “Headed for a Heartbreak”, con la banda ajustadísima y la gente totalmente enloquecida. El cierre, sin sorpresas pero infalible con “Easy Come Easy Go” y “Madalaine”, dos clásicos que no fallan y que dejaron al público cantando hasta el último acorde.

Después del contraste con el show anterior, lo de Winger se sintió distinto. Más orgánico, más directo, más humano. Y en ese terreno, sin exagerar nada, conectaron desde otro lugar. En definitiva, no vinieron a reinventarse ni a vender humo. Vinieron a tocar hits, a demostrar vigencia y a sostener una historia de más de cuatro décadas con autoridad. Si fue despedida, estuvo a la altura. Y si no que sigan girando.

Mientras tanto, en el imponente Waves Stage, Cristian Oliva se encontraba presenciando el show de MALVADA, banda brasileña de Hard Rock femenino que desplegó toda su potencia frente al público del Bangers. Con un sonido directo y enérgico, combinaron momentos de rock duro al palo con otros pasajes más rocanroleros. Formadas en 2020, cuentan hasta el momento con un disco editado, A Noite Vai Ferver, trabajo que les permitió posicionarse rápidamente dentro de la nueva escena rockera brasileña.

Mientras tanto, mi compañero aprovechó el movimiento de fotógrafos que iban y venían entre escenarios y se filtró para acercarse a ver un poco de NOTURNALL en el Sun  Stage.  Fue su primera aparición de la banda en el Bangers Open Air, donde dejaron en claro por qué son una de las propuestas más sólidas del Metal de su país.

Liderados por Thiago Bianchi, desplegaron una performance potente y muy trabajada, con una base que mezcla Heavy, Power y tintes Progresivos. Según mi compañero: “la banda se destacó por su nivel técnico y una performance muy cuidada”.

A esta altura de la tarde, el sol empezaba a bajar y una leve brisa le daba algo de respiro a la multitud que seguía firme en el predio, en su mayoría ya acomodándose para uno de los momentos más esperados de la jornada: el cruce de dos figuras de peso en la escena rockera y metalera, Adrian Smith (guitarrista de Iron Maiden) y Ritchie Kotzen, reconocido por su trayectoria solista y múltiples proyectos.

Me acerqué al sector de prensa para hidratarme un poco, pero cuando salí me costó más de lo habitual volver a meterme hasta la segunda fila de la valla. La gente ya estaba bien compacta y el clima de expectativa era total.

Sin demasiada atención previa sobre el proyecto, terminé encontrándome con un show que en vivo me sorprendió bastante, por la química entre ambos y la solidez con la que llevaron adelante la propuesta.

Era la primera presentación de SMITH/KOTZEN en Brasil, dentro del Bangers Open Air 2026, y el show se apoyó principalmente en el material de Black Light / White Noise, con una propuesta que combinó Hard Rock, Blues y Soul, sin grandes artificios ni necesidad de espectáculo visual, pero con un nivel de ejecución altísimo. La lógica siempre estuvo clara, era un intercambio constante de guitarras, voces y estilos, con ambos músicos compartiendo protagonismo de forma natural.

En escena, Smith se mostró relajado y preciso, mientras que Kotzen aportó su costado más expresivo, soul y técnico, generando un ida y vuelta constante que sostuvo todo el concierto.  Un punto destacado fue la banda de apoyo, integrada por músicos brasileños como Julia Lage (bajo) y Bruno Valverde (batería), que aportaron potencia, solidez y una base rítmica impecable, sin desentonar en ningún momento.

El repertorio incluyó temas como “Black Light”, “White Noise” y “Scars”, además de “Got a Hold on Me”, que generó una muy buena respuesta del público. El punto más alto llegó con el cierre de “Wasted Years” de Iron Maiden, que terminó explotando como el momento más emotivo de la noche.

Y hubo una postal que, al menos para quien escribe, lo dijo todo. El creador del festival, el mismo que ideó y puso en marcha todo este mega evento, mirando el show desde la fosa de fotógrafos, cerveza en mano, disfrutando como un fan más a dos verdaderos monstruos de la guitarra en pleno vuelo. Smith/Kotzen entregó un show sobrio, fino y muy bien tocado, donde el protagonismo estuvo en la música y en la interacción entre dos guitarristas que, lejos de competir, se potencian. Uno de los momentos más elegantes del Bangers.

Sinceramente, me costó salir del sector lounge cercano a las vallas para poder respirar un poco y acomodarme en un lugar privilegiado, con la idea de no moverme más durante todo el set que brindarían en unos minutos los neerlandeses. El predio ya estaba completamente colmado, en un clima de casi sold out y con una expectativa total por lo que iba a ser un show que prometía avasallar desde el primer acorde.

WITHIN TEMPTATION salió a escena dejando en claro que venía a imponer presencia. Con un show bien estructurado, aunque lejos del espectacular despliegue visual que habían presentado en la edición del Summer 2024, fueron construyendo el clima a partir de una puesta más sobria, apoyada principalmente en una pantalla LED de fondo y algunos efectos de fuegos digitales. Aun así, el grupo logró sostener la intensidad gracias a un setlist que combinó potencia y melodía en partes iguales, centrado principalmente en su etapa más reciente, especialmente el álbum Bleed Out (2023). Sin embargo, la banda también se permitió rescatar temas de distintas etapas de su carrera, logrando un equilibrio justo entre modernidad y nostalgia.

Desde lo escénico, todo gira alrededor de la deslumbrante y carismática Sharon den Adel, que sostiene el show con una presencia firme y un dominio absoluto del escenario. Su voz se mantiene intacta, como si el paso del tiempo no le hubiera dejado huella. La banda acompaña con precisión quirúrgica, pero el foco visual y narrativo está claramente puesto en ella, apoyada por una puesta sobria pero efectiva. El sexteto se termina de conformar con los guitarristas Ruud Jolie y Stefan Helleblad, el bajista Jeroen van Veen, el teclista Vikram Shankar y el baterista Mike Coolen, quienes sonaron ajustados, pesados cuando debían y épicos en los pasajes sinfónicos, sosteniendo una dinámica sólida de principio a fin.

Arrancaron de manera contundente con “We Go to War”, y enseguida sorprendieron con “The Howling”, que hacía bastante tiempo no formaba parte del repertorio en vivo. “Faster” y “Bleed Out” marcaron el pulso de un show que combinó potencia y atmósfera sin perder nunca el control.  Con “In the Middle of the Night”, el público explotó y la coreó como si fuera el cierre del show. Luego llegó el momento emotivo de “The Heart of Everything”, otra de esas canciones que aparecen muy esporádicamente en vivo.

A lo largo del concierto también se destacaron momentos clave como “Stand My Ground”, “Ritual” y “Paradise (What About Us?)”, que terminaron de consolidar la conexión con un público ya completamente entregado. Como otra de las sorpresas de la noche, apareció “Forsaken”, que no se interpretaba en vivo desde hacía casi dos décadas. Allí se pudo apreciar a Sharon en una interpretación vocal firme y expresiva, sosteniendo el dramatismo del tema casi en solitario, sin excesos pero con una intensidad constante que lo convirtió en uno de los momentos más contenidos y efectivos del show.

En el tramo final, la intensidad se mantuvo con “Don’t Pray for Me”, “Wireless” y “The Reckoning”, antes de llegar al cierre con “Mother Earth”, que volvió a poner en primer plano el costado más clásico y emocional de la banda, firmando uno de los puntos más altos de la noche.

Within Temptation ofreció un show de gran nivel, donde la contundencia sonora y la estética sinfónica convivieron sin excesos. Un cierre potente para una de las actuaciones más convocantes de la jornada, encargada de clausurar el Ice Stage.

Mientras tanto, en otro de los escenarios del festival, Cristian Oliva decía presente en el Sun Stage para ver a KRISIUN. Los death metaleros brasileños jugaron prácticamente de local y demostraron por qué son considerados uno de los platos fuertes del Death Metal sudamericano. Con una presentación aplastante, desataron un gran agite y obtuvieron una respuesta demoledora por parte del público paulista.

Con el Memorial completamente colmado y una convocatoria impulsada por varios de los nombres fuertes del cartel, otra de las grandes atracciones de la jornada era la esperada reunión de Angra, uno de los headliners más aguardados por el público brasileño en el festival. La banda ya había pasado por ese mismo escenario durante la edición Summer 2024 en São Paulo, aunque en un horario diferente y dentro de otro contexto. Esta vez, en cambio, la reunión adquiría un peso mucho más simbólico: no solo representaba el reencuentro de una formación histórica, sino también el gran cierre de una jornada cargada de expectativa y emoción para los fans.

La reunión de ANGRA en el Bangers Open Air 2026 fue una verdadera celebración de su historia, con un set pensado como un viaje completo por las distintas etapas de la banda. La apertura fue apoteósica, con una puesta cargada de fuegos artificiales, efectos y una estética de gran evento que marcó el tono desde el inicio. Esta reunión histórica, en el marco de los 35 años del grupo y la presentación de su nueva formación vocal, se estructuró en tres actos bien definidos.

El primer acto, arrancó con el clásico “Nothing to Say”, y continuó con “Angels Cry”, en la voz de Alírio Netto, en un pasaje cargado de nostalgia y emoción, alcanzando con naturalidad las tonalidades originales y sosteniéndolas con fidelidad. Luego llegó el bloque de “Tide of Changes I & II”, donde apareció Fabio Lione para despedirse del público tras catorce años en la banda, seguido por “Lisbon” y “Vida Seca”, todos interpretados por el vocalista italiano. A nivel personal, estos instantes tenían un peso particular. Hace 35 años me resultaba casi impensado imaginar que podría ver a Angra tocando en su ciudad natal. Y hoy, sin André Matos físicamente presente, pero con su legado claramente vivo, la nostalgia de ese contraste se me volvió inevitable.

También hubo espacio para momentos más épicos y emotivos como “Wuthering Heights” (cover de Kate Bush) interpretado con piano de cola, y “Carolina IV”, este último con Netto al frente, acompañado por Bittencourt, Barbosa, Andreoli y Valverde. A partir de ahí, el show fue alternando épocas con naturalidad, combinando potencia, técnica y pasajes más melódicos.

El segundo acto marcó un cambio de formación, con Aquiles Priester en batería y el ingreso de Edu Falaschi en voces, junto a Rafael Bittencourt, Kiko Loureiro y Felipe Andreoli. Este tramo tuvo picos muy altos con “Nova Era”, “Waiting Silence” y “Heroes of Sand”, que levantaron al público de forma inmediata, ya completamente entregado. En lo personal, me tocó dejar atrás “Ego Painted Grey” para cruzar al otro lado del predio, mientras el resto del set continuaba desarrollándose. 

Pero la historia de Angra en el Bangers no terminó ahí. Nuestro compañero Sergio Rosales también vivió este cierre inolvidable desde otro ángulo y nos comparte su mirada sobre una de las actuaciones más emotivas del festival.

Como cierre del Bangers tuvimos una banda local: nada menos que ANGRA, con un show muy especial que combinaba muchos aspectos que ya lo vislumbraban memorable: la despedida del “Mago”, Fabio Lione, quien dejaba la banda; la presentación de su nuevo frontman, Alirio Netto; y un set especial donde tocarían los músicos que grabaron los inoxidables discos Rebirth y Temple of Shadows, que a mi entender -junto a Angels Cry, Holy Land y Cycles of Pain- representan lo mejor de su catálogo.

El show se estructuró en tres actos. El Acto I comenzó con una sorpresa: Alirio Netto hizo su presentación y, sin mediar palabras, encendió el escenario con “Nothing to Say” y “Angels Cry”, dejando muy en claro que el desafío no lo intimida para nada y que le sobra paño para la faena. Luego apareció Fabio Lione, con una recepción más bien tibia, aunque supo -gracias a su talento y profesionalismo- levantar rápidamente al público con tres temas consecutivos ejecutados con un nivel excelente. Después volvió Alirio a hacerse cargo del micrófono con dos joyas que pocos se animarían a encarar: “Wuthering Heights”, tocando el piano al mismo tiempo, y “Carolina IV”, demostrando no solo que su registro es amplísimo, sino también que no viene a reemplazar a nadie, sino a buscar y escribir su propia historia dentro de la banda.

El Acto II, con la formación llamada “Nova Era”, fue lo que la mayoría había ido a ver; lo que congregó una multitud frente al escenario Hot Stage y les granjeó el cierre del festival. Y puedo decir, siendo objetivo -algo que me cuesta por el cariño que me une a esta banda-, que lo aprobaron con creces. No fue un simple ejercicio de nostalgia, fue un pedazo de historia vivido por una multitud que abrazó, cantó y lloró cada tema que interpretaron. Ver a Edu Falaschi, Kiko Loureiro y Aquiles Priester volver a brindarse sobre las tablas junto a Rafael Bittencourt y Felipe Andreoli fue un sueño para muchos de los que vivimos aquella etapa y también una oportunidad única para quienes nunca pudieron verla. La química sigue intacta: desde la salida a escena con la intro “In Excelsis”, todo cayó en su lugar.

Dispararon nueve temas de esa etapa: “Nova Era”, “Waiting Silence”, “Millennium Sun”, “Heroes of Sand”, “Ego Painted Grey”, “Bleeding Heart”, “Spread Your Fire”, “Acid Rain” y “Rebirth”, todos interpretados con una entrega descomunal. La noche se volvió una verdadera celebración del enorme legado de esta banda.

El Acto III fue otro regalo para el público. Todo comenzó con “Silence and Distance” proyectado en la pantalla gigante, mostrando al enorme Andre Matos desde el piano, formando parte simbólicamente del evento. Luego se sumaron Alirio y Edu, mientras Bruno Valverde en batería, Marcelo Barbosa en guitarra, y Felipe junto a Rafael completaban la formación, tal como al principio.

Pero no conformes con eso, llegó “Late Redemption”, esta vez con Aquiles en batería; y como gran cierre apareció “Carry On” con todos los Angra juntos: sí, Alirio, Edu y Fabio compartiendo las voces. Las guitarras de Kiko, Rafael y Marcelo; el bajo de Felipe; y dos baterías sonando al mismo tiempo con Bruno y Aquiles dieron una muestra de coordinación y precisión asombrosa.

En síntesis, la Reunión de Angra fue un broche dorado para el Bangers siendo un homenaje a su historia y una demostración de que su futuro todavía se ve muy brillante.

El domingo todavía no había llegado a su fin, y no quería despedirme del festival sin pasar a ver aunque sea un rato,  a DIRKSCHNEIDER en el Sun Stage, para confirmar que su salud y estado vocal se mantenían intactos, y, de paso, cerrar la jornada con los clásicos de Accept a puro Heavy Metal de la vieja escuela.

Y lo cierto es que Mr. Udo volvió a dar una auténtica lección magistral de Heavy Metal clásico y nostalgia, bien entendida, repasando los grandes himnos más pesados de su etapa en la banda alemana Accept con la solidez de siempre.  El set se apoyó en clásicos indiscutidos como “Balls to the Wall”, “Metal Heart” y “London Leatherboys”, todos recibidos con una respuesta inmediata del público y ejecutados con potencia constante. Todo esto en el marco del 40º aniversario del emblemático álbum Balls to the Wall.

Uno de los grandes puntos del show fue la presencia de Peter Baltes, que aportó un plus emocional clave y reforzó el espíritu de reencuentro histórico sobre el escenario. En ese contexto, Udo sostuvo todo con firmeza vocal, respetando las tonalidades originales y manteniendo la intensidad de principio a fin, sin perder nunca el control del show.

Sobre el final sonaron “Guardian of the Night”, “Winterdreams” y, mientras se desarrollaba el anteúltimo bis con “Princess of the Dawn”, tuvimos que dejar ese sector para asegurarnos un lugar privilegiado en el Waves Stage, un auditorio pensado desde lo acústico para que cualquier banda suene excelente, sumando además el plus del aire acondicionado y las butacas, ideales para sentarse y recuperar algo de energía después de una jornada extensa e intensa.

Sin embargo, Cristián Oliva permaneció en el Sun Stage hasta el final del show y pudo completar la experiencia de Dirkschneider. Según nos comentó, se percibió una mejora notable en el sonido y el volumen respecto a las bandas anteriores que habían pasado por ese escenario, algo que terminó potenciando todavía más la respuesta del público. Entre pogos, puños en alto y una verdadera celebración de Heavy Metal clásico, el cierre terminó de confirmar por qué Udo Dirkschneider sigue despertando semejante devoción entre los viejos seguidores de Accept.

AMBUSH fue el encargado de cerrar el Waves Stage y darle el broche final a la edición del Bangers Open Air 2026, convirtiendo el último tramo del festival en una verdadera celebración de Heavy Metal tradicional. Con un espíritu bien festivo y una impronta heredada directamente de los años ‘80, la banda sueca transformó el cierre en una especie de “after” metalero ideal para una jornada maratónica, de esas que te dejan sin voz pero con la sonrisa intacta.

El show se apoyó en una seguidilla de temas directos, filosos y bien al frente, con el foco puesto en su costado más clásico y ganchero. “Evil in All Dimensions”, “Maskirovka”, “Possessed by Evil”, “Heading East” y “Hellbiter” abrieron el set a puro Heavy Metal de la vieja escuela: riffs cortantes, coros bien arriba y una energía constante, sin rodeos ni tiempos muertos, rodeado de un ambiente intimista.

En ese marco, el vocalista Oskar Jacobsson se consolidó como uno de los grandes motores del show. Con una impronta frontal y una actitud totalmente old school, se plantó al frente del escenario y llevó cada tema con presencia, carisma y un registro vocal que nunca aflojó la intensidad. A su lado, las guitarras de Olof Engkvist y Karl Dotzek fueron puro filo y precisión, construyendo ese sonido clásico del Heavy Metal tradicional, sin ornamentos ni concesiones modernas, pero con un nivel de ejecución muy alto. La base rítmica, con Oskar Andersson en bajo y Linus Fritzson en batería (que además aportó coros), sostuvo todo con una solidez impecable, manteniendo el pulso firme y la potencia constante durante todo el set.

A lo largo del set también hubo lugar para otra tanda de temas que mantuvieron la vara bien alta, con “Come Angel of Night”, “Firestorm”, “I Fear the Blood” y “Desecrator” consolidando esa línea directa y sin descanso. Más allá de lo musical, la banda mostró un talento evidente para el vivo: compactos, afilados y con una química muy natural, lograron que cada canción funcione como un himno de alto octanaje, de esos que se cantan con el puño en alto y se sienten de punta a punta.

El clima general fue de celebración permanente, con mucha cercanía con el público y una entrega total, sin necesidad de grandes artificios. Incluso hubo momentos más distendidos, con los músicos bromeando y tratando de comunicarse en portugués, lo que sumó un costado simpático a la última función del festival.

El cierre no podía ser más alto: “Natural Born Killers”, el cover de Judas Priest, “Metal Gods” y “Don’t Shoot (Let ‘em Burn)” terminaron de detonar la última explosión de energía antes del final definitivo. Desde riffs demoledores hasta solos afilados y estribillos que quedan rebotando, los suecos demostraron que el Heavy Metal tradicional sigue más vigente que nunca cuando está hecho con talento real y pasión total.

En definitiva, Ambush se despidió del Waves Stage con un show simple en su forma, pero enorme en su impacto con mucho cuero, tachas, actitud y canciones que son puro fuego. Estos muchachos son el nuevo bastión del Heavy Metal tradicional y forman parte de la NWOTHM (New Wave of Traditional Heavy Metal), junto a nombres como Evil Invaders o Enforcer, manteniendo viva la esencia del género con convicción y personalidad. 

Y si bien uno se queda con ganas de verlos en un escenario más grande, este tipo de conciertos tienen algo especial. Son de esos que no se olvidan más, porque se viven bien de cerca y con la intensidad al palo, como tiene que ser.

El Bangers Open Air 2026 deja una serie de impresiones que van más allá de los shows puntuales. Fueron dos jornadas donde se combinaron grandes momentos musicales con decisiones organizativas acertadas y otras que invitan a la reflexión.

En lo artístico, se notó una apuesta clara por darle un lugar privilegiado a las bandas brasileñas, algo que en esta edición se sintió más visible y equilibrado dentro del line-up, con espacios propios como el Auditorio Simón Bolívar (Waves Stage). A su vez, el festival volvió a mostrar su perfil inclusivo y familiar, con políticas que lo diferencian: entrada gratuita para niños hasta diez años acompañados por adultos y una fuerte impronta solidaria a través de la donación de alimentos no perecederos, como gesto concreto de la comunidad metalera hacia la sociedad.

También fue una edición donde el protagonismo femenino tuvo un peso real dentro del escenario, no como anécdota sino como parte estructural del evento, algo que ya venía dándose en ediciones anteriores pero que este año se potenció con mayor visibilidad. Esa presencia estuvo representada por figuras como Johanna Sadonis en Lucifer, el impacto extremo de Crypta y Torture Squad, la versatilidad de Tatiana Shmayluk en Jinjer, la potencia de Lauren Hart junto a Arch Enemy y la intensidad de Adrienne Cowan en Seven Spires. A eso se sumaron propuestas como Feuerschwanz y, ya en el cierre del domingo, Thalía Bellazecca en Primal Fear, Clémentine Delauney en Visions of Atlantis y la energía de Malvada, reafirmando la fuerza del rock cantado en portugués. El broche final llegó con Within Temptation, liderados por la presencia magnética de Sharon den Adel, sellando un festival donde las artistas ocuparon lugares de privilegio en la grilla y en los momentos de mayor exposición, dejando en claro que el talento no entiende de género.

En cuanto a la experiencia general, el festival dejó sensaciones mixtas en lo organizativo. Las vallas entre el sector lounge y el campo general resultaron algo altas, y la ampliación del área de accesibilidad generó, por momentos, una distribución de espacio que derivó en cuellos de botella en los accesos durante la llegada a los horarios de headliners, donde la circulación se volvía más lenta e incómoda. También se observaron situaciones donde parte de esos espacios no siempre fueron utilizados exclusivamente para su fin original.

A eso se sumaron aspectos de confort que incidieron en la experiencia general como los niveles de decibeles en los escenarios principales que por momentos estuvieron altos, y en una jornada atravesada por el calor intenso, se sintió la falta de mayor hidratación activa para el público general, como sistemas de rociado o “manguereadas” periódicas que ayudaran a sobrellevar mejor las temperaturas. Quedan, como siempre, cosas para ajustar -desde la comodidad en algunos sectores hasta estas cuestiones de clima y sonido-, pero también queda claro que el festival sigue creciendo en ambición y propuesta.

El Bangers no es solo una grilla ni una suma de shows. Es una experiencia completa que se construye entre aciertos, detalles y momentos que quedan grabados. Porque al final del día uno se va con la sensación de haber sido parte de algo grande, imperfecto por momentos, pero profundamente vivo: se cruzan los reencuentros históricos con bandas que marcaron una época, el descubrimiento de nuevas fuerzas de la escena metalera y esa intensidad compartida entre conocidos, amigos y desconocidos que, por un rato, están en la misma sintonía.

El balance, como siempre, es positivo. Queremos agradecer a la agencia de prensa por el espacio para contar todo lo vivido con libertad, sin bajadas de línea ni condicionamientos. A esto se suma el trato recibido durante toda la cobertura: respeto en el trabajo, facilidades para fotografiar, además de detalles como wifi, hidratación y catering, que deberían ser normales en eventos de esta magnitud, aunque no siempre lo sean por Argentina.

✍️ Crónica: Sabrina Romero
📸📹 Fotos y vídeos: Rubén Rivadera
Agradecemos la colaboración de Sergio Rosales y Cristián Oliva.

¡Podés consultar toda la info en el siguiente enlace y sacar los tickets para el 2027!

BANGERS OPEN AIR

Truenos Metalicos
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Truenos Metálicos es un portal web especializado en la difusión del metal a nivel internacional, nacional y dentro de la escena local de Córdoba, Argentina.

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