
CHUNKANS – “Antes de Cambiar” 🇦🇷
La semilla germina, una perla triste en medio de las sierras.
Tal vez lo mejor sea dar un poco de contexto: ¿Qué es el Midwest Emo?
El consenso general dentro del ambiente musical lo define como un subgénero del Hardcore Punk, desarrollado mayormente en el medio oeste de los Estados Unidos (de ahí su nombre) durante los años 90. Derivado directamente del Emocore, este estilo incorpora influencias del indie rock, en especial arpegios de guitarra y atmósferas calmas que colisionan con la agresividad y la emotividad expresiva y cruda propias del Emocore.
Este estilo tuvo su mejor época en la última década del siglo pasado de la mano de propuestas como Sunny Day Real Estate, y logró colarse nuevamente entre los algoritmos hace un par de años, convirtiéndose en un pseudo fenómeno viral en internet. Esto renovó el interés en una escena que se encontraba apagada, muy recluida geográficamente y con escasa atención por parte de los medios y del público general.
Ahora bien, ¿Quiénes son los protagonistas de esta historia?
Chunkans es un dúo compuesto por los hermanos Julián y Mateo Pautasso, originarios de la ciudad de Santa Rosa de Calamuchita. El proyecto cuenta con varios años de actividad, así como presencia en el circuito de bandas underground de la provincia. En su canal de YouTube se pueden ver grabaciones de sus ensayos y fragmentos de presentaciones en vivo.
Hace unos meses, en el programa radial pudimos disfrutar de “Verano”, el single con videoclip que preparó la mesa para este lanzamiento.
Comprendiendo el sonido que escucharemos en este disco, y con una idea básica de la historia de sus intérpretes, nos adentramos en “Antes de Cambiar”.
En cuanto a lo sonoro, el disco logra incorporar distintas variantes dentro del mencionado estilo del Midwest Emo, bordeando a veces una crudeza más core y otras veces la complejidad y atmósfera del rock alternativo.
“Pesimismo” es un track de entrada perfecto que marca el rumbo por el que transitará el álbum: letras introspectivas, bases potentes y veloces, guitarras ruidosas con destellos técnicos, y voces que rotan entre limpias —aunque con ese letargo característico del estilo— y aperturas melódicas, sin olvidar los gritos desgarrados que nos recuerdan que esto aún es, técnicamente, un subgénero del Punk.
Los cortes y bajadas, donde los riffs armonizan y toman protagonismo, le otorgan a las canciones una variedad y originalidad necesarias que mantienen al oyente expectante, generando clímax muy efectivos.
Con el segundo tema podemos detenernos a observar una particularidad que aporta belleza al proyecto: las letras logran capturar exactamente cómo se siente ser un adolescente de algún pueblo serrano en pleno invierno. Espectacular decisión la de lanzar este álbum en esta época del año.
Se alcanza una sensación que tiende un puente entre la depresión de vivir en un poblado del Ohio norteamericano —donde el tiempo parece estancado y la sociedad inerte— y hacerlo en un poblado serrano donde la vida parece detenerse con el cambio de clima, mientras uno siente un frío y un vacío constantes.
“Verano” le sigue a “Cuarteles de Invierno” como una ironía. Aquí vemos posiblemente a Chunkans en su mejor versión: la producción es totalmente clara, las guitarras se comprenden a la perfección, y se sienten las voces y los coros envolviendo al oyente. Se logran encontrar matices en la voz de Mateo que en otras canciones cuesta apreciar, y la letra se entiende con claridad.
El mix de batería logra capturar tanto el intervalo calmo como su regreso a la agresividad con un doble tiempo muy logrado. Una verdadera joyita.
“Hojas de Magnolia” deja de lado la agresión de los temas anteriores (que sonaban más cercanos a Texas is the Reason) para internarse en un mar de arpegios técnicos y melodiosos que, salvando distancias, nos llevan a la cancha de American Football. Chunkans logra capturar la esencia de esta escuela a la perfección, aunque sin la tecnicidad casi jazzera de los ya mencionados. Y está bien: eso dota de personalidad propia al tema sin que suene a una copia. Muestra influencia, pero no imitación. Personalmente, mi favorito: una montaña rusa de sonidos y emociones espectaculares.
“Sombras Crecen” recupera velocidad y crudeza. Es muy destacable el trabajo de batería: rulos súper veloces y prolijos que generan variedad sin sentirse forzados, mostrando una capacidad digna de un baterista experimentado en el género. Un gran despliegue de Juli en esta canción.
Tal vez el mix de voces superpuestas en la estrofa hace que no se entienda del todo la letra, y este problema lamentablemente se agrava en la segunda mitad del álbum.
Al final de la canción, entre riffs entrecortados y acoples de guitarra, se deja ver una influencia de The Fall of Troy, una agrupación más veloz y compleja que las demás mencionadas, más cercana a un post-hardcore tecnico que realmente les sienta muy bien a los muchachos.
“Soñé con mis Altibajos” continúa por el camino del tema anterior sin mayores diferencias, aunque incorporando voces más rotas, que le dan un toque perfecto de rabia y frustración.
La performance vocal de Mateo a lo largo del álbum es la esperable para este estilo: no todas las notas deben estar afinadas ni los gritos deben sentirse “sanos”. Aun así, se nota un timbre y color de voz agradables dentro de un género que no necesariamente busca eso.
“Ermitaño” posee cortes aún más caóticos, con acoples que se hacen presentes entre gritos desgarradores y letras adolescentes sobre incomprensión y angustia. Una canción que, personalmente, me recuerda a Mineral y su espectacular “The Power of Failing”.
El cierre del álbum llega con su track homónimo, donde la capacidad compositiva del dúo alcanza un techo altísimo: desde el hi hat en semicorcheas que marca las estrofas, hasta una sucesión de acordes muy intuitiva sobre una letra que reaviva mi teoría de que nuestros pueblos serranos son el caldo de cultivo perfecto para los sonidos deprimentes.
Una sensación de incomprensión y frustración espectacularmente transmitida, que estalla en un estribillo donde se repite cómo uno puede defraudar a los demás al cambiar, mientras por dentro siente algo que el resto no logra comprender, y solo empeoran la sensación citando a lo que uno era antes.
Aquí se escucha claramente la voz de Juli al fondo con otra letra —que lamentablemente no podemos comprender del todo—, pero que genera esa sensación de tener demasiadas cosas rebotando en la cabeza, una herramienta muy usada por bandas como Dance Gavin Dance.
Así llega a su final este álbum unos concisos 30 y pico de minutos, que aparecen como una brisa de aire fresco, muy convincente en lo que propone, muy sincero en lo que transmite, cargado de temáticas empáticas y con una potencialidad musical prometedora.
Ningún tema se siente estructuralmente denso ni cansador, lo que demuestra que a la hora de componer, los hermanos se conocen como si fueran… bueno, se entiende.
La portada del álbum es icónica, y sinceramente transmite muy bien las sensaciones que luego el disco nos deja.
¿Puntos negativos?
Por supuesto que los hay:
- La calidad del sonido es dispar a lo largo del disco.
- Algunos volúmenes deben ajustarse según la canción.
- La producción tapa algunos arreglos de guitarra.
- El bajo está muy escondido en la mezcla.
- La riqueza de las letras se pierde cuando no se comprenden con claridad.
- Comenzar 5 de las 8 canciones con un acople puede resultar incómodo (aunque a la tercera escucha se vuelve casi entrañable).
- La diferencia de producción entre los primeros 4 temas y los últimos 4 es notoria, aunque comprensible por el proceso de grabación que tuvo el disco, según explicó Mateo en redes.
En resumen: estamos posiblemente ante uno de los lanzamientos más prometedores, originales y valiosos de un estilo que casi no tuvo expresiones en Córdoba.
Demuestra que el interior de la provincia no solo puede generar propuestas sorprendentes, sino que, por sus condiciones naturales e incluso geográficas, es campo fértil para que las emociones se viertan en una música emocional, profunda, técnica y entretenida.
La juventud y la distancia le dan a Chunkans ese toque original e innovador.
El álbum se siente como el primer paso de un proyecto con muchísimo futuro, que nos deja con ganas de saber qué podrían desarrollar estas dos mentes con más disponibilidad de tiempo, instrumentos o recursos de producción.
La semilla germinó de forma espectacular, dando —sin miedo a equivocarme— el álbum debut mejor logrado del Emo provincial.
Ahora solo queda esperar y ver qué frutos dará este proyecto tan particular.
Por Marko Kiichi
Puntaje: 8/10
Sus Integrantes son:
Mateo Pautasso: Voz, Guitarra y Bajo,
Julian Pautasso: Voz y Batería








