DESCARNADO – 22/11/2025 – Casa Babylon, Córdoba 🇦🇷

La nueva guardia del caos bonaerense por primera vez en Córdoba

La noche del sábado 22 de noviembre en Casa Babylon no fue un evento más en la agitada agenda metalera de La Docta. Fue una declaración, un puñetazo en la mesa que reunió a un grupo de fieles para recibir una dosis cuádruple de brutalidad, con un lineup que dibujó una curva de intensidad que fue del Deathcore al Death Metal más visceral. Y sí, si bien la asistencia fue de unas 70 almas —un número más que respetable considerando la seguidilla de shows del fin de semana—, el ambiente se sintió íntimo, denso y listo para desatar una violencia catártica.

La tarea de abrir el fuego cayó sobre los hombros de REHEN, la nueva agrupación local, y vaya si supieron aprovechar el slot. Compuesta por rostros conocidos del circuito cordobés (incluyendo miembros de Cxvernxs y Añumals), la banda demostró que el Deathcore/Metalcore sigue vivo y golpeando fuerte en la ciudad. El público más joven, ávido de breakdowns y agresividad rítmica, no tardó en responder. Con cada riff pesado y cada cambio de ritmo, el área frente al escenario se convirtió en una caldera en formación. Temas de su disco debut como “Maira”, “Espejo de Sangre”, “Cuervo Ciego” y la demoledora «Evisceración Perpetua” fueron el combustible. Este combo extremo fue quienes inauguraron los movimientos que definen este palo: las primeras patadas al aire y puñetazos, esos gestos frenéticos del Deathcore que demandan espacio y desinhibición. Rehen cumplió con creces su rol, que en esta ocasión fue debutar en vivo y calentar la pista.

El viaje continuó con ENCOFFINED, también de Córdoba, quienes ofrecieron un contrapunto estilístico. Su propuesta es el Death Metal sueco de la vieja escuela, en su estado más puro y oscuro. La banda bajó las revoluciones del core para sumergirnos en riffs más densos, baterías blast-beat implacables y una voz gutural que parece surgir desde lo más profundo de la tierra. Desde lo visual, vienen apostando fuerte por una atmósfera teatral y lúgubre. El cuarteto se presenta vestido de monjes con mascaras cadavéricas y empuñando una guadaña como parte de su iconografía. En lo musical, entregaron cuarenta minutos de un caos denso y visceral. El set incluyó cortes conocidos como “Unfed Scavengers”, “Casket Citadel”, “Impure Ghouls”, “Grave Desires” y “The Re-Animator”. Aunque la solidez del desempeño fue demoledora, ese asalto sonoro constante se sintió, por momentos, repetitivo en su incesante ejecución.

Sin embargo, lograron mantener el interés con la presentación de cuatro temas nuevos, dejando en claro que su maquinaria está lejos de detenerse: “The Looming End”, “Altars of Oblivion”, “Fate, Parcae’s Gift” y la sorpresa de la noche, su único tema en español hasta ahora, “Donde el Viento lleva Nombres”.

Si bien la audiencia se mostró más expectante que pogueando, el público se tomó un respiro para asimilar la técnica y la atmósfera oscura que Encoffined proyectaba. Fue un momento para cabecear, sí, pero con más concentración en la ejecución que en el mosh descontrolado. Esta actuación tuvo un peso emocional particular, ya que fue ofrecida en memoria de Víctor Enrique Molina, padre del baterista Ramiro Molina. Para quien escribe, fue la segunda vez en el año que los pude ver, pero esta vez desde una mejor ubicación.

Desde San Juan, BORDERLINE tomó el relevo, reconfirmando la idea de que el metal extremo en Argentina no tiene fronteras provinciales, sino que funciona como una verdadera hermandad sonora. Con su propuesta de Deathcore en español, su performance sirvió como un puente de brutalidad entre la densidad Death Metal y el cierre porteño.

El sonido fue agresivo hasta la médula, con un despliegue de riffs cortantes y bases rítmicas demoledoras. El vocalista, llevando las texturas de la voz al límite con guturales que se movían entre growls profundos y screams desgarradores, demostró un control total del caos vocal. Su actitud sobre el escenario fue clave: su energía agitó a la audiencia y consiguió mantener vivo el espíritu del pit.

El set se centró en material de su disco Voces, y la fuerza de las letras en español caló hondo en el público. Canciones como la contundente “Distopía”, la crítica “Fanáticos de la Decadencia” y “Empatía Culposa” resonaron en Babylon. 

La banda mantuvo la intensidad con “La Calma del Descontrol” y “Voces”, antes de sellar su actuación con el golpe final de “Ocaso Mental”. Si bien la audiencia se mantuvo más expectante que pogueando de forma desbocada, la calidad del material que trajeron los sanjuaninos fue innegable.

La noche alcanzó su pico de energía con el cierre de DESCARNADO, que llegaba desde Buenos Aires por primera vez a La Docta. El peso de su propuesta se sintió desde el primer golpe con “Abducción”, de su reciente El Eterno Odio de las Almas Desterradas (2025), provocando una explosión total en la sala.

La banda desató una masacre sonora de Deathcore que, por momentos, se inclina hacia un Death Metal técnico afilado y, en sus pasajes más densos, despliega una ferocidad rítmica moderna marcada por breakdowns intensos. Una auténtica carnicería craneal que no dio tregua. Al frente, Iván demostró ser una verdadera máquina vocal. Su técnica, basada en un gutural de pecho potente y profundo, suena orgánica y sin filtros. Esos gruñidos graves marcan la cadencia de Descarnado, capaces de sostener la violencia sonora sin sacrificar ese groove implacable que te obliga a moverte. Llevando las texturas al límite, sus growls terminaron de encender al público.

También hubo un momento para apreciar el oscuro virtuosismo del resto del grupo, conformado por Leonel Di Stefano (guitarra), Brian Di Franco (bajo) y Ulises Ochova (batería), junto con su puesta en escena: bandera con el nombre y logo, dos paneles laterales y una presencia avasallante de estos pibes que realmente lo dejan todo arriba de las tablas.

Casi sin respiro —uno o dos minutos, a lo sumo— descargaron la mayor parte de su nuevo álbum: “Abducción”, “Renacer Interdimensional”, “Biosíntesis”, “Arcana”, “Desidia”, “El Feto”, “Espécimen Apto”.

Fue durante su set que la audiencia estalló por completo. El pogo —que durante las bandas anteriores amagaba con crecer— se convirtió en un torbellino violento y liberador. Los slamers no dudaron más, y el espacio se volvió un ciclón de cuerpos. El ambiente se volvió irrespirable, con la banda en plena forma y el público devolviendo la energía multiplicada por diez. Ver a 20 o 30 personas girando en el pit como si fueran cientos fue, sin dudas, el momento más catártico de la noche.

También aparecieron temas como “Hael”, “Caen del Cielo” y el homónimo de Enajenación (2022). El cierre de su repertorio llegó con “Pulsión de Muerte” coronando una performance demoledora. 

Al caer el telón, quedó la sensación de haber presenciado un pequeño festival underground condensado en cuatro bandas empujando hacia el extremo, y una audiencia que volvió a demostrar que, en el Metal, la calidad del pogo pesa más que la cantidad de asistentes. El sábado en Casa Babylon quedaron oídos zumbando y la piel marcada por la energía de una escena que sigue respirando y escupiendo fuego.

Aun así, hubo algo que me dejó una sensación medio agridulce. Durante el show, los pibes de Descarnado agradecieron de corazón al público y a los organizadores, pero cuando llegó el momento de la foto final no permitieron hacerla junto a la gente. Seguramente fue una decisión del momento, pero ese tipo de gestos suma un montón para quienes estuvieron ahí bancando. Creo que esos detalles fortalecen el vínculo con sus seguidores y muestran el respeto hacia quienes fueron a verlos. Ese pequeño detalle terminó contrastando con toda la entrega que habían mostrado minutos antes.

Agradecemos a la producción de BACKTO90S por permitirnos ser parte de una gran noche extrema en La Casa.

Crónica: Sabrina Romero
Fotos y Vídeos: Rubén Rivadera

Truenos Metalicos
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