
ENTREVISTA A PANDEMIA 🇦🇷
Después de décadas de silencio discográfico, PANDEMIA, una de las bandas más influyentes y enigmáticas del Metal Extremo argentino, vuelve a manifestarse con “Advenimiento”, un álbum que no solo retoma las raíces del Death Doom más oscuro, sino que también profundiza una mirada espiritual, ecológica y humana construida a lo largo de más de treinta años de historia. Formados a comienzos de los años 90, Pandemia fue pionera en la experimentación dentro del metal extremo local, incorporando elementos progresivos, ambientales y conceptuales cuando nada de eso era habitual en la escena. Su regreso generó expectativa, pero también preguntas: ¿Qué queda de aquella banda de culto?, ¿Qué cambió?, ¿Qué sigue intacto? En esta entrevista, Ricardo Massei, baterista, fundador y alma creativa de Pandemia, repasa el regreso de la banda, la salida de integrantes históricos, el largo y complejo proceso de grabación de Advenimiento, las influencias espirituales y filosóficas detrás de las letras, y su visión crítica sobre el presente de la humanidad y la escena metalera actual. Te dejamos con una conversación profunda, extensa y honesta.
Truenos Metálicos: Hola Ricardo, ¿Cómo estás? Quiero agradecerte tu tiempo para charlar un rato sobre Pandemia y este nuevo álbum. Sé que pasaron años de silencio, pero Pandemia volvió a manifestarse con nuevo material. Son una banda pionera, legendaria, dentro de la escena del metal extremo argentino y su regreso generó muchas expectativas en su momento.
No recuerdo bien si fue en 2018 o 2019 cuando regresaron, después hicieron algunas cosas en vivo, pero me gustaría, como para empezar —y también para aquellos jóvenes que por ahí no conocen la trayectoria de Pandemia—, que nos cuentes un poco ¿Qué impulsó el regreso de la banda y en qué momento sintieron que debían volver al estudio y grabar nuevamente?.
Ricardo Massei: Hola, ¿Cómo estás? Buenísimo. Mirá, Pandemia siempre estuvo. ¿Qué pasa? En el año 2000 nos separamos y tomamos un pequeño impasse. Algunos integrantes armaron proyectos aparte y nosotros, la base —Javier y yo— seguimos. Con Javier venimos tocando juntos hace 45 años; él es el bajista. Susana puso un poco de distancia. Susana estuvo 30 años en Pandemia. El año pasado dejó la banda. Hicimos una presentación en los 30 años de Icarus, en el teatro, que fue muy importante. Ahí tocamos algunos temas y Susana se retiró de Pandemia. Nosotros ya veníamos desde 2018. Tocamos primero en La Plata. Hacía 18 años que no tocábamos. Hicimos un recital en el Auditorio del Pasaje Dardo Rocha y después varios shows: un festival en Claypole, otro en el Museo Rock, fuimos soporte de Mortiis. Después tuvimos un pequeño parate porque uno de los violeros se fue a vivir a Alemania. Había dos guitarristas: uno dejó por cuestiones laborales, tocó dos o tres shows nada más, y Agustín se fue a Alemania. Quedamos con Nico, el actual cantante, que además toca rítmica y voz. Él inicialmente hacía solo la parte vocal, pero como venía de una banda de heavy metal y tocaba guitarra, agarró la rítmica. En 2019 entró Martina Beguino como primera guitarra y a los seis meses hicimos la presentación en el Pana Rock del boxset que sacó Disembodied Records. De ahí en más no paramos. Seguimos tocando algunos shows, pero la idea básica era que, en cuanto la banda tuviera una formación estable —algo tan difícil de lograr—, volver al estudio. Imaginate que pasaron 30 años para poder grabar un material nuevo. Una locura.
TM: ¿Cómo vivieron la salida de Susana y la búsqueda de músicos para seguir adelante?
RM: Nico había entrado en 2016 o 2017 como vocalista. Imaginate que encontrar un reemplazo para Wata no era nada fácil. Hicimos varios castings, probamos muchos cantantes. Un día apareció un pibito de 20 años, carita de bueno, y me dijo que quería probar. Yo lo miré y pensé: “¿Este va a venir a reemplazar a Wata? Imposible”. Le dije: “Sacate dos temas y vení”. Cuando volvió, nos sorprendió a todos. No solo la voz, sino la actitud, la impronta. Desde ese momento quedó como vocalista. Después, cuando nos quedamos sin guitarrista, dijo: “Yo agarro la rítmica”. Cantar y tocar rítmica es muy difícil, pero lo hizo. Ahí quedó como guitarrista rítmico y vocalista. Cuando Susana nos dijo que se iba, ya estaba en sus planes. Estuvo 30 años. Fue muy difícil encontrar tecladista. Yo trabajo en la Escuela Municipal de La Plata y conozco muchos colegas, pero para nuestro estilo no se animaba nadie. No dábamos con el perfil. Empezamos a grabar porque la meta era tener un material que sostuviera el fundamento de la banda. Tocábamos, pero siempre material viejo, con una formación nueva. Tuvimos una colaboradora que hacía pistas, pero no era tecladista y después no pudo continuar. El técnico del estudio me dijo: “Tengo la tecladista perfecta para ustedes”. Y apareció Teresa Murad. Fue como enviada por el universo. Dio justo con el estilo. Viene del Rock Progresivo, toca hace 25 años en una banda de La Plata, nunca había tocado este estilo, pero se adaptó increíblemente. Es profesora de conservatorio, como Susana. Fluyó todo. Entramos a grabar cinco temas y terminamos haciendo diez.
TM: Desde los años 90, Pandemia supo construir una identidad dentro del Death Doom, y por todo lo que venís contando también aparece lo progresivo. Me gustaría preguntarte qué diferencias y continuidades encuentran entre Advenimiento y los trabajos anteriores, como “Prana Sempiterno” o aquel primer demo de Pandemia. Yo tuve varias oportunidades de verlos en Buenos Aires en esa época.
RM: Mirá qué bueno. Sí, imaginate que pasó mucho tiempo. Nosotros ya veníamos con Javier de Genocidio, que también fue una banda considerada pionera dentro de lo que era el Thrash, el Death. Pero yo siempre estuve muy influenciado por la movida extrema, desde siempre. Me apasionó toda la rama extrema, pero también crecí escuchando Rock Progresivo, Sinfónico, Thrash, Rock. Estudié con profesores de otros géneros musicales: Funk, Jazz. Eso me abrió mucho la cabeza. Siempre fui un músico metalero, pero con una apertura mental muy amplia, por estar fogueado con músicos de un nivel técnico y compositivo impresionante. En los ensayos escuchaba toda esa música, me compraba discos de Yes, Genesis, King Crimson, y me moría. Me apasionaba lo complejo de la música sin dejar de lado la rama extrema. Eso ya estaba encausado dentro de Genocidio. A fines de los 80 ya queríamos experimentar con teclados en una banda Thrash, algo rarísimo para la época. Pero yo venía escuchando a Marcelo de Campal, a Mergenes, a Inés, y me fascinaba el virtuosismo, la profundidad, la elaboración. Todo eso combinado con lo brutal: Sabbath, Zeppelin, Purple. Yo crecí con todo eso. Mi idea siempre fue armar una banda que tuviera que ver con el Hardcore, el Punk, el Thrash. Yo venía de tocar punk de chico, en una banda llamada Los Barajas, a fines de los 70. Éramos amigos de Los Violadores cuando todavía ni se conocían. Esa movida me marcó. Después empecé a escuchar GBH, Ramones, Metallica, Motörhead, y todo eso confluyó en Genocidio. Pero ya en el tema “Humana Pestilencia”, que salió en el compilado de Radio Trípoli en 1990, ese tema ya era Death Metal y lo habíamos compuesto en 1987. Todo lo que iba a ser Pandemia ya estaba en el aire.
TM: Creo que las experiencias personales también marcan nuevas búsquedas artísticas. ¿Qué influencias musicales, literarias o filosóficas atravesaron las composiciones de este nuevo material?
RM: Este material nuevo, que es lo que tanto le gustó a Daniel de Disembodied Records y a la gente que lo escuchó primero, es un volver a las raíces de Pandemia. Volvimos a lo brutal. “Prana Sempiterno” es más amplio: tiene Jazz, Gótico, Tango, Black Metal. Era una fusión enorme porque los músicos eran muy versátiles. Invitábamos gente: pianistas, clarinetistas, percusionistas de música hindú con tablas, tampuras, cítaras, flauta traversa, violín. Era un collage musical. Nosotros experimentábamos cuando acá no existía nada de eso. Y la reacción de la gente era impresionante. Nunca nos abuchearon ni hubo rechazo. Siempre fue receptivo, aun cuando en un recital de Death Metal metíamos dos teclados, una cantante lírica, tablas hindúes, flauta traversa… era un delirio total.
TM: Al escuchar los temas nuevos, sentí un regreso a las raíces, dentro de un Death Doom denso y personal. ¿Cómo definen el sonido de Advenimiento en su totalidad? ¿Qué evolución notás respecto a la etapa inicial?
RM: ¿Dónde se grabó? Mirá, es fundamental el tiempo que pasó y también el lugar donde se grabó. Cuando hicimos el demo, lo grabamos de manera muy precaria, en un estudio que técnicamente no tenía mucho nivel. Aun así, ese material tiene un valor enorme, tanto que hasta el día de hoy se sigue buscando. Me lo piden coleccionistas, el demo, y eso es impresionante. En los últimos años tocamos en varios lugares y armamos un stand, y la gente pide el demo. Es una locura. O vienen con el demo y dicen: “Yo tengo este demo hace 35 años, venía con mi hijo cuando era chiquito y ahora mi hijo tiene 40”. Una locura total. Y nos piden que se los firmemos. Ese demo marcó muchísimo. Recuerdo que lo presentamos en un festival en Cemento, que se hizo para recaudar alimentos no perecederos y fondos para un hospital de Buenos Aires, cuyo nombre ahora no recuerdo. Ese día Cemento estaba explotado: no sé si había cinco mil personas, cortaron la calle, había gente afuera. Una locura. Y el demo, a la semana, se agotó. Tuvimos que hacer tres tiradas más porque fue impresionante todo lo que confluyó después de ese recital. Pasaron unos treinta años y después grabamos en el estudio del Abasto. Hubo muchos tejes y manejes, porque primero empezamos con una compañía que, en cierto punto, no se hizo cargo de la producción porque implicaba mucho dinero. Yo había conocido a un italiano que fue quien fundó Icarus acá en Argentina, y él se hizo cargo de la salida del disco. Seguimos grabando en el estudio del Abasto, en Don Torcuato, pero ya sin el técnico que había comenzado el trabajo en los primeros meses, porque lo que cobraba era una locura, era mucha plata. Entonces lo hicimos con un técnico amigo. El disco está bueno, suena bien, pero suena años luz de lo que suena Advenimiento, este disco de ahora. No solo por una cuestión artística, sino también porque técnicamente se grabó con otro nivel. Estuvimos prácticamente desde el año pasado hasta octubre grabando. Pasamos casi un año metidos en el estudio. Entramos con la idea de hacer un EP de cinco temas y terminamos componiendo cinco temas más ahí mismo. En total hicimos diez temas. Todavía no lo podemos creer. Y el secreto fundamental de que hayamos podido grabar con este nivel es que se trata de una obra conceptual. Eso ya te lo voy a explicar. Ahora, más o menos, te voy a contar el punto.
TM: Justamente, ¿Qué temáticas recorren las letras del álbum y qué emociones buscan despertar en quien escuche Advenimiento?
RM: Nosotros logramos una unidad humana impresionante. Son esas causalidades de la vida, porque imaginate que desde el año 2000 mi objetivo principal era rearmar la banda y no lo podía lograr. Pasaron infinidad de músicos: estaban un tiempo, se iban, y nunca conseguíamos sostener una formación estable durante uno o dos años. Por eso tampoco podíamos grabar. Llegamos a componer algunos temas nuevos, pero cuando finalmente la formación empezó a estabilizarse, Agustín se fue a vivir a Alemania. Había dos o tres temas que eran de él, y se los llevó; no quedaron para la banda y no los volvimos a hacer. Cuando entró Martín, en 2019, a los seis meses ya tuvo que tocar en Pana Rock porque presentábamos el boxset. A partir de ahí empezamos a construir una relación humana impresionante, una comunicación casi de cofradía, incluso espiritual. Trabajamos mucho lo energético, lo vibracional, lo que surge desde la esencia del ser humano. No se trata solo de composición, letras o de tocar bien un instrumento; es un concepto integral de cuerpo, mente y alma. Y logramos eso. Hablamos un mismo idioma entre todos, de una manera increíble: nos sacamos las palabras de la boca, somos muy intuitivos. Somos medio raros, medio locos, te digo. Tenemos experiencias astrales… es muy fuerte lo que logramos humanamente. Al poco tiempo entró Teresa, y entró directo al estudio a grabar. Tuvo que captar nuestra locura, y lo hizo. Tiene mucha experiencia y es muy receptiva. Es como un punto neutro: absorbe las energías de todos, se mantiene siempre en eje y logra canalizar eso de manera positiva. No necesita ser igual a nosotros, pero interpreta y armoniza todo lo que tiramos. Por ejemplo, hicimos el tema que abre el disco, Arpía nocturna. Fue por una sugerencia mía. Le dije: “Tere, ¿qué te parece si hacemos algo ambient para la apertura del disco, algo que sugiera una imagen, una estética?”. Empezó a tocar el piano y fue mágico. Algo realmente mágico, que se dio de manera causal, a partir de esa energía que logramos como unidad.
TM: ¡Qué importante lograr eso como banda! Al escuchar las letras, inferí referencias a manuscritos arcanos o conocimientos prohibidos. Todo resulta muy enigmático.
RM: Sí, porque tanto Martín como Nico son personas muy interesadas en lo esotérico y lo metafísico. En mi caso, vengo de toda una vida practicando yoga; tengo una filosofía de vida y un maestro. Yo no predico ni hago apología de mi camino ni de mi maestro, pero mis letras están, obviamente, influenciadas por escrituras y senderos metafísicos muy profundos en mi vida. Además, soy activista ecológico. Estoy permanentemente involucrado en distintas iniciativas, participo en varios foros de La Plata, como Vida Árbol, y siempre trato de generar conciencia. A lo largo de toda mi trayectoria, vas a encontrar que las letras, tanto de Genocidio como de Pandemia, son una prédica casi desesperada para que dejemos de destruir el planeta, para preservar nuestro entorno, cuidar nuestro hábitat y profundizar en la búsqueda del ser interior. Eso está siempre presente en mis letras. Obviamente, cada integrante tiene su propia forma de escribir; Pandemia es una banda democrática, donde cada uno se expresa, pero siempre dentro de una temática común. Acá no va a haber letras diabólicas ni apología del horror. Somos oscuros, somos una banda extrema, pero nunca hacemos apología de lo nefasto. Al contrario, siempre intentamos aportar ese granito de arena que invite a pensar, que deje algo resonando en quien escucha, tanto desde las letras como desde la música.
TM: Claro, es un mensaje más esperanzador, más allá de toda la oscuridad, la violencia y de todo lo que vivimos día a día. Contame, Ricardo, ¿Cómo fue el proceso de grabación? Me fuiste adelantando que les llevó casi un año. ¿Qué desafíos encontraron en ese camino, tanto en el momento de las composiciones como en el reencuentro como banda?
RM: Mirá, todas las pruebas y experiencias que vivimos fueron difíciles de explicar. Nosotros decimos que abrimos un portal. ¿Por qué? Porque nos costó sangre, sudor y lágrimas. Nos pasaron muchísimas cosas raras, situaciones en las que sentís que el destino o el karma te está probando, como diciendo: “A ver hasta dónde sos capaz de poner toda tu fuerza, toda tu alma y todo tu corazón en un proyecto”. Este es un trabajo que tiene un contenido espiritual muy fuerte, un contenido del alma. Por ejemplo, hay homenajes. Está “Morgrado”, que es un homenaje que Martín le hace a un primo fallecido. Es un tema totalmente Doom, muy profundo y desgarrador. Yo también propuse una idea —porque acá trabajamos de manera colectiva, uno tira una idea y después la desarrollamos entre todos—, que es un tema ambient que cierra el disco. Es un homenaje a una hermana del camino, una mujer que era médium, muy espiritual, un verdadero ser de luz que me marcó profundamente, y a quien le quise rendir homenaje. Hay muchas cosas esotéricas y metafísicas en el disco. Hablamos desde el alma. No hacemos sanata: todo lo que decimos lo hacemos a conciencia, porque lo experimentamos, lo vivimos y es realmente lo que sentimos.
TM: El Metal argentino fue cambiando desde los años 90 hasta hoy, y vos llevás muchos años dentro de la escena. ¿Cómo sentís que Advenimiento, este nuevo disco, va a dialogar con la escena actual?
RM: Imaginate que pasó toda una vida. Están quienes son fans de Pandemia desde hace, no sé, 35 años, que es más o menos el tiempo de vida de la banda, y también va a haber mucha gente que no nos conoce. Por eso siempre digo que Pandemia está más viva que nunca. Mucha gente dice “¡uh, los legendarios!”, y automáticamente piensa en Prana o en el demo. Nosotros queremos que la gente se entere, que le guste y que busque escuchar el Pandemia de ahora, no solo la agonía, la disolución y la muerte de temas que hicimos hace 40 años. Primero hay que reconstruir la imagen de la banda después de tanto tiempo. Por más que hayamos tocado en vivo, si no tenés material nuevo en la calle, una banda no se sostiene. La gente siempre va a recordar lo viejo, sobre todo quienes fueron fans desde el comienzo. Por eso necesitamos captar el interés de la gente nueva y, al mismo tiempo, que la gente de antes escuche a Pandemia hoy, porque esto es 100 % Pandemia. Tiene todos los ingredientes: Death y Doom Metal, climas oscuros, dramatismo, muchísimo sentimiento. Hay mucha pena y mucho dolor en las letras, pero nunca desde la apología. Al contrario: puede ser desgarrador, pero siempre apunta a la necesidad de mejorar, de intentar crear algo mejor. No estamos hablando de amor y paz, porque entonces tendríamos que hacer otra música. Pero sí estamos hablando de algo positivo. Yo, por ejemplo, soy una persona que sufre profundamente por lo que se hace con los animales, por cómo se destruye el medio ambiente, las selvas, cómo se contaminan los mares y los ríos, y por el odio que hay entre las personas. Hoy, por cualquier cosa, alguien puede terminar apuñalado o baleado. Toda esa brutalidad está presente en Pandemia, pero nunca para glorificarla. Al contrario: para invitar a pensar en cómo podemos estar mejor como seres humanos. El ser humano, de por sí, ya no tiene perdón por todo lo que se ha hecho entre sí y por la destrucción del planeta. No hay vuelta atrás. Creo que eso es lo que plantea Advenimiento: la llegada de algo que viene, un gran cambio planetario. Y lamentablemente no lo digo yo; lo dicen las escrituras, los profetas y la propia realidad. Si uno analiza lo que se escribió y lo compara con lo que está ocurriendo hoy, se va a estremecer al ver cómo todo se está cumpliendo. Es una transformación inevitable.
TM: Algo que recién comentabas sobre los fans: a lo largo del tiempo, Pandemia fue mencionada como una banda de culto dentro del metal extremo argentino. ¿Te sentís identificado con esa etiqueta?
RM: Mirá, vuelvo a repetir algo que dije antes: nosotros empezamos a hacer cosas que acá no se habían hecho. Obviamente venimos influenciados por muchas corrientes, pero, por ejemplo, hacer una intervención en la Capilla de Recoleta, a comienzos de los años noventa, con dibujantes, actrices y un cineasta, fue algo totalmente inédito. Vos entrabas a la capilla a través de un túnel armado con nylon, cubierto de imágenes aterradoras. El espacio estaba completamente a oscuras y, por los parlantes, se escuchaba una respiración que parecía el aliento de Satán. En realidad, eso tenía que ver con la presentación completa de Prana Sempiterno. “Prana” significa energía vital, la energía que le da vida a todo: plantas, piedras, todo. En la India, ese es el concepto de Prana. La respiración es lo que nos conecta con este mundo; cuando dejamos de respirar, es porque ya partimos hacia otra dimensión. Fue algo muy fuerte, porque no existía nada parecido. Nunca se había hecho algo así en Recoleta, y mucho menos desde una banda de Doom Metal. Ese fue un logro enorme del manager que teníamos en ese momento, que estaba muy vinculado a la movida cultural y artística de Buenos Aires. Él fue generando contactos en Recoleta y la gente del lugar se apasionó con Prana. De hecho, cuando presentamos el disco en Cemento junto a Moonspell, antes del concierto fuimos a Recoleta porque Dante De Lorenzi, un dibujante de allí, había presentado una muestra de pintura ambientada con música de Pandemia. Era algo muy loco: entrabas a Recoleta y escuchabas la voz de Wata, y al lado de la sala donde Dante presentaba su exposición había otra muestra de Ernesto Sábato. Era bizarro, surreal, algo que no existía. Todo eso marcó un antes y un después en muchos sentidos. No lo digo yo: lo dice la historia y lo dice la gente que participó y vivió esa época.
TM: Ahora, con disco nuevo —Advenimiento—, parece marcarse un umbral para Pandemia. ¿Qué viene después de este lanzamiento? ¿Planes de tocar en vivo, presentaciones, shows? Seguramente, con el disco en la calle, se van a abrir muchas puertas.
RM: Sí, yo creo que sí. Nosotros tuvimos, en una etapa muy linda, el orgullo y la dicha de participar en eventos con algunas de las bandas más importantes del mundo. Todo ese bagaje de experiencias fue algo enriquecedor, increíble, asombroso. Qué sé yo, tocar con Cannibal Corpse o Morbid Angel… eran bandas que uno escuchaba como fan y pensaba: “No puedo creer que voy a tocar con ellos”. Lo mismo con Therion. Cuando tocamos con ellos todavía no era una banda conocida; eran totalmente under. Yo me acuerdo que tenía su demo en cassette. Después se dio tocar juntos y fue una experiencia increíble, más allá de la mala suerte de que les robaron el merchandising. Tuvimos que hacer dos fechas en Arlequines para recaudar fondos y que pudieran volver a Suecia. Pero todo eso fue alucinante. Era una época de oro para el Death Metal en Argentina. Participábamos en eventos con diez bandas, tocaban todos: Vibrion, Carnarium, Crematorio, Lobotomy, Epitafio… no quiero olvidarme de nadie. Hacíamos verdaderas maratones de death metal en Cemento o en Arlequines. Fue una época maravillosa. Hoy no conozco tanto cómo está el circuito. No puedo hablar demasiado porque, en general, si no es que voy a tocar o comparto fecha con alguna banda, desconozco bastante. Sé que hay bandas extremas, y espero que siga habiéndolas. A veces me invitan, me escriben o me piden contacto. Después de tantos años, uno queda un poco en otro proceso. Igualmente, a mí eso me da mucha alegría. Yo trabajo en la Escuela de Arte del municipio de La Plata, y siempre estoy tratando de ayudar: conseguir un bajista, un baterista, lo que haga falta, para que las bandas puedan tocar. Me da mucho placer eso, porque quiero que la gente haga música, que existan muchas bandas. Eso no significa que esté completamente al tanto de toda la movida del circuito. Sé que existe, veo flyers de bandas de Death Metal y demás, pero no sé cuán grande es hoy esa movida. Estamos bastante apabullados por las bandas de afuera. Imaginate: vienen bandas de todo el mundo, y a veces es difícil que una banda local tenga espacio. Creo que hoy la cabida para las bandas de acá es bastante reducida.
TM: Salvo la nueva generación de Metal Extremo, que quizá no está tan ligada al Death Metal, sino más al Metalcore o al Deathcore, que es otra movida, más joven. Aun así, me parece que hoy va menos gente que antes. Antes los festivales de Death Metal reunían 300 o 400 personas; hoy ya no es así.
RM: Sí, era maravilloso. Explotaba todo. Había una adrenalina y un salvajismo increíbles. Por un lado, está bueno que el público haya crecido y se haya aggiornado; hoy está acostumbrado a todo. Pero en aquella época era muy brutal, muy salvaje. Los pogos eran una cosa demencial. Yo me acuerdo de tocar con Pandemia y ver gente que terminaba en el hospital lastimada, porque era una locura total. Hoy vas a un recital y la gente aplaude. Puede haber algo de movimiento en el medio, pero el público va a ver, va a escuchar; es exigente, no importa lo que salga. De todos modos, todos los géneros aman venir a Buenos Aires. El público de acá es reconocido en el mundo entero. Cualquier músico te lo dice. Rick Wakeman vino a Buenos Aires a grabar tres discos en vivo en el Gran Rex y ama al público argentino. Lo mismo pasa con cualquier banda: vos le preguntás a Mustaine y no puede creer el famoso “¡Aguante Megadeth!”. El público argentino es único en el mundo. Pero, evidentemente, si no lográs ser soporte de alguna de esas bandas, es muy difícil. No sé bien cómo será hoy, porque quizá a las bandas locales les piden plata para telonear a grupos de afuera. Aun así, ganás prestigio y el cartel internacional de haber compartido escenario con bandas importantes. En cuanto a la diversidad, creo que está volviendo fuerte el punk y el hardcore, y me parece alucinante. Yo me volvía loco con las bandas hardcore; iba a verlas todas a Arlequines, lo mismo que a las bandas thrash. Creo que eso también está regresando. Ahí están Schizofrenia y Microfilia, bandas míticas del thrash, lo cual es increíble. Devastación siempre estuvo presente, y con ellos tocamos desde las épocas de Genocidio. También con la gente de Pogrom, con quienes tocamos hace poco en el Pana Rock. Pasó el tiempo y volvimos a compartir escenario con ellos en 2021 o 2022, algo que realmente no podíamos creer.
TM: Me gustaría que nos cuentes un poco sobre tres o cuatro temas del álbum que consideres imprescindibles, esos que sí o sí hay que escuchar. ¿Cuáles recomendarías?
RM: Bueno, por ejemplo, hay un bonus track que es un tema viejo de Pandemia. Lo rescatamos, lo remodelamos y le cambiamos la letra. Se llama “El manjar de mi enemigo”. Ese tema lo habíamos hecho en los años 90 con la formación de aquel momento. En esa época se llamaba Spiral. Ahora tiene letra de Susana, una mirada completamente distinta, y por eso decidimos incluirlo como bonus track en el disco. Otro tema que me gusta mucho es “Advenimiento”, porque es corto, brutal y extremo. Habla justamente de ese advenimiento cargado de ira y furia. La letra es mía y tiene que ver con el horror que nos rodea, con hasta dónde puede llegar el ser humano, transformándose en un demonio consigo mismo y con todo lo que lo rodea. El ser humano es el único ser sobre la Tierra que destruye su propio hábitat. Ningún animal, ningún insecto, ninguna plaga hace eso. El ser humano es profundamente autodestructivo; a veces digo que es la peor bacteria que existe sobre el planeta. Y también está en extinción el ser humano, aunque muchas veces no lo queramos ver. El otro día, por ejemplo, se hablaba de un jaguareté que habían rescatado: lo curaron, lo alimentaron, lo cuidaron, le pusieron un collar de seguimiento y lo soltaron. Y apenas lo liberaron, lo mataron. Tiraron el collar al agua y al animal nunca más lo encontraron. Entonces uno se pregunta: ¿el hombre no tiene perdón? No solo ante Dios o la naturaleza, sino ante su propia esencia. Y ojo, no toda la humanidad es así. Hay muchísima gente maravillosa que hace cosas increíbles. Pero, en general, el ser humano arrastra una perversión interna, una pulsión destructiva, una ambición que nos está llevando a la ruina como especie. Hoy existe prácticamente una isla flotante de plástico en el océano. Los corales se están muriendo por el calentamiento global, y eso es gravísimo: no solo las selvas generan oxígeno y regulan el clima, también lo hacen los corales. Su desaparición es una tragedia silenciosa. Por eso no buscamos escapar de esta realidad. La idea es interpelar, incomodar, poner el dedo en la llaga. No mirar para otro lado frente a esta realidad en la que estamos inmersos y en la que, como sociedad y como planeta, nos estamos hundiendo.
TM: Te agradezco que puedas transmitir tu visión más allá de hablar exclusivamente de Pandemia. Justamente, las letras y todo lo que expresás en las composiciones del disco están atravesadas por esa oscuridad, por ese clima macabro que se percibe a lo largo del álbum.
RM: Sí, sí, totalmente. Lo que hablamos siempre con los chicos es agradecerle al Universo, a Dios, al Cosmos, el haber podido construir una identidad. No solo una identidad musical, sino también humana, que es lo fundamental. Nos reunimos mucho para charlar, y de hecho el domingo que viene vamos a juntarnos para festejar este logro, porque no es poca cosa: 30 años después. Yo les agradezco todo el tiempo, porque soy el más grande de la banda. El cantante tiene 28 años, Martín tiene 40, Javier también es grande, pero yo ya estoy en otra etapa de la vida. Y poder, a esta altura, volver desde las cenizas y rearmar la banda es algo muy fuerte. Más aún sin tener que volver a “ganar el derecho de piso”, después de tanto tiempo sin un material que realmente nos representara dentro del circuito. Siempre digo que cualquier banda se sostiene por su material. Todas las bandas —incluso las más grandes del mundo— sacan discos y salen a mostrarlos, a promocionar su identidad musical. Nadie vive solamente de lo que hizo hace cien mil años. Podés tocar los clásicos, sí, pero siempre necesitás tener algo nuevo para decir. Y en este caso, nosotros lo logramos. Además, todo este proceso fue curativo, sanador, liberador. El arte lo es: la música, la pintura, el teatro, cualquier rama artística te sana la mente, te eleva, te enriquece. Hoy en día esto está muy presente. Yo trabajo con muchos alumnos con distintos tipos de discapacidad, y muchas veces los médicos los derivan a musicoterapia. Y es fundamental. La música te sana, te libera. Un chico que está dedicado a su instrumento probablemente no esté en la calle robando o metido en la droga, porque la música te encauza. Canalizás frustración, dolor, angustia, pero también alegría. Te permite expresar lo que sentís, lo que te pasa, sea bueno o malo. Es algo increíble. Y en este disco pudimos plasmar todo eso. Cada uno lo expresó a su manera, desde su lugar, pero hay un hilo conductor fuerte y consistente. Por eso el disco es conceptual.
TM: Por último, quería preguntarte quién estuvo a cargo del arte de tapa de Advenimiento.
RM: La verdad es que estamos muy contentos con el arte de tapa. Lo realizaron unos amigos diseñadores que son unos capos, y además tiene una connotación especial, casi secreta, porque hay guiños que dialogan directamente con las letras del disco. En Prana estaba muy presente el sol, y en este caso aparece la luna. De algún modo, se cierra un ciclo. Hay letras que hablan de la luna, y también en muchas profecías se hace referencia tanto al culto al sol como a la luna. Entonces, este Advenimiento tiene mucho que ver con esa luna que enmarca el logo del disco. La tapa es muy apocalíptica y condensa mucho de lo que dicen las letras. Buscamos que la expresión visual tuviera una relación directa con el concepto del álbum. Para mí, la imagen dice todo de una banda. Hay discos con tapas espantosas que arruinan completamente un gran material musical. El arte surgió de una idea que trabajamos en conjunto con estos dos diseñadores amigos, que además son un matrimonio. Ella es diseñadora estética, y él es biólogo y diseñador. Es muy loco, porque nos hicimos muy amigos a partir de las plantas: yo soy fanático, colecciono plantas, pido, intercambio… y a veces, cuando hay alguna por ahí, también afano un poquito —dijo entre risas—.
TM: Gracias por tus palabras, y obviamente por la música que has producido, pero sobre todo por tu tiempo. Realmente siento que Pandemia vuelve a las raíces, pero sin escaparse de la realidad actual. Te dejo este espacio para que le dejes un mensaje a la audiencia.
RM: Sí, claro, quiero escucharlo y también compartirlo. Por eso a veces me voy por las ramas. Además de Advenimiento, me gustan mucho Mordradum y Aldonia, que es un tema instrumental que habla sobre la depresión. También está el tema ambient, que fue un homenaje a una hermana del camino llamada Triada. Primero que nada, quiero decirte que fue un placer haber hablado con vos. Un saludo enorme a toda tu audiencia de Córdoba, una provincia maravillosa. He ido varias veces: de chico con mis viejos, y también hace unos años, cuando estuvimos en San Javier, en la casa del tío del bajista de Javier. Un lugar increíble. Obviamente, si llegamos a ir a tocar por allá, nos vamos a comunicar y nos vamos a encontrar. Y desde ya, cuando toquemos en Buenos Aires o acá en La Plata, están invitados vos y todo el staff del programa. Les deseo un muy feliz fin de año y un mejor comienzo del próximo. Ojalá sea mucho más próspero y que sigamos adelante con esta pasión que es el arte de la música: nuestra locura y nuestro sentimiento.
Entrevista: Sabrina Romero












