IRON MAIDEN – 01/12/2024 – Estadio Huracán, Buenos Aires 🇦🇷

IRON MAIDEN en Buenos Aires: Una noche inolvidable de Heavy Metal

Después de tener el privilegio de que el sistema aleatorio de venta de entradas nos tocara con su “varita mágica algorítmica” y lograr conseguirlas, la emoción fue indescriptible. ¡Imagínense! Más de cinco años de espera para volver a ver a la Doncella de Hierro, sumado a la ilusión de llevar a nuestro hijo primogénito por primera vez a disfrutar de una banda internacional de Heavy Metal y la más grande de todos los tiempos. La ansiedad y la expectativa eran enormes.

Tras ocho meses con la entrada guardada de manera digital, llegó el gran día. Después de días de preparativos, tanto por parte de la crew de Iron Maiden, con toda su impresionante logística para montar un escenario tan imponente, como de nosotros, organizándonos y viajando desde nuestro rincón remoto del país, la emoción estaba a flor de piel.

Así que, un domingo que comenzó lluvioso mientras despertábamos con un desayuno porteño y continuó con un almuerzo entre amigos, se transformaba poco a poco en la antesala de otra tarde-noche histórica. Una más para sumar a las doce ocasiones en que la Doncella de Hierro pisó suelo argentino.

Uno de los aspectos más destacados y emocionantes de un show de Iron Maiden es, sin duda, la euforia y el fanatismo de sus seguidores antes del ingreso. Banderas al viento, remeras que representan todas las etapas de la banda, e incluso atuendos cuidadosamente pensados hasta en los mínimos detalles, como las medias. Todo eso forma parte de la magia única que se vive y del impacto que estos veteranos británicos logran generar en su legión de fans.

Después de un breve y nostálgico recorrido por el barrio de Parque Patricios, en la Ciudad de Buenos Aires, peregrinamos unas cuadras para ingresar al Estadio Tomás Adolfo Ducó, que fue rápido y cómodo en el sector de las plateas, pero no así a la salida, que fue de manera desorganizada.

Tras explorar el merchandising, nos dirigimos a nuestros asientos, listos para disfrutar de la presentación de los nacionales MALÓN, quienes comenzaron su set diez minutos antes de lo programado.

De su último y nuevo álbum, Oscuro Plan de Poder (2023), sonaron “Un Cielo Rojo” e “Impulsando el Encuentro”. Sin lugar a dudas, también tocaron clásicos infaltables que hicieron vibrar “El Palacio” y encendieron el pogo metalero, como: “Hipotecado”, “El infierno de Ayer”, “Grito de Pilagá”, “30.000 Plegarias”, “Gatillo Fácil”, “Castigador por Herencia”, “Espíritu Combativo”, “Malón Mestizo” y “Síntoma de la Infección”. Cerraron su actuación con “Vientos de Poder”, un cover de Hermética que hizo estallar al público.

La performance de MALÓN fue correcta, austera en puesta en escena, pero sólida en ejecución, con un sonido acorde al rol de teloneros. Sin embargo, lo que realmente me sorprendió fue el saludo de Claudio, quien, al dirigirse al público, exclamó con entusiasmo: “¡Argentina!” como si estuviera tocando en otro país. Fue un gesto peculiar, casi desconcertante, pero que reflejó su intento de conectar con todos los presente. La voz de O’Connor, aunque sigue siendo poderosa, ha perdido algo de fuerza y nitidez con el tiempo.

Fue un arranque digno que dejó al público preparado para lo que vendría, como una llama encendida que preludia un incendio mayor.

Es un hecho que conocíamos el setlist con meses de anticipación y que todos los detalles del show estaban disponibles antes de cada presentación. Sin embargo, eso poco importa. A pesar de la familiaridad, la emoción sigue siendo la misma, y el entusiasmo, igual de contagioso. Eso es lo que IRON MAIDEN logra: una conexión única que va más allá de lo que ya conocemos. Por eso, a pesar de todo esto, quiero relatar mis sentimientos, mi perspectiva y plasmar en palabras lo que viví en este show maravilloso, para que las generaciones pasadas y futuras puedan entender lo que representa el heavy metal: una energía inquebrantable.

A las 20:50, el espectáculo empieza a tomar forma. Los primeros acordes de Doctor, Doctor, de UFO, retumban en el estadio, mientras la emoción crece entre el público. De repente, las luces se apagan, sumiendo a todos en una oscuridad vibrante, interrumpida solo por los destellos de celulares, presagio de una noche épica. Entonces, los sonidos futuristas de Blade Runner, de Vangelis, llenan el aire, marcando el inicio de un viaje musical de dos horas que quedará grabado en la memoria de cada uno de nosotros.

Claro, ya lo sabemos: comienza el regreso al pasado con “Caught Somewhere In Time” y “Stranger In A Strange Land”, donde aparece por primera vez Eddie the Head, que nos transportan a esa época que definió el auge de la Doncella, tiempos en los que el heavy metal era un enigma, un territorio desconocido. Era una era en la que el trueque de discos y las cintas grabadas marcaban la manera en que los amantes del metal se conectaban con la música, una realidad que tuve el privilegio de conocer a mediados de los 90. Mientras tanto, el campo hervía de energía, con la horda de cabezas balanceándose al ritmo de las canciones, como una marea metálica en constante movimiento.

Mirando a esa multitud, mi hijo vivía cada momento con intensidad. Entre nervios y emoción, agitaba su puño, absorbiendo toda esa adrenalina de Maiden por primera vez.

El momento se volvió aún más especial cuando llegó el primer saludo de Dickinson: “¡Argentina!”. Con esa sola palabra, el estadio explotó en una oleada de emoción, y el público estalló en su clásico cántico: “Olé, olé, olé, Maiden!”, llenando el aire con una energía inigualable.

En ese ambiente excitante, las imponentes pantallas mixtas, compuestas por telones y pantallas digitales en el centro del escenario, proyectaron el llamativo arte del primer single de Senjutsu: “Writing on the Wall”. La canción fue ejecutada de manera impecable, marcando el presente brillante de los británicos. A continuación, llegó el turno de “Days of Future Past”, interpretada por Bruce Dickinson con una meticulosidad y elegancia inconfundibles. ¡Qué magnífico estado mantiene Bruce a sus 66 años! Su agilidad, su poderosa voz, intacta como en sus mejores tiempos, su teatralidad sobre el escenario y su constante interacción con el público son la esencia de lo que debe ofrecer un auténtico frontman de Heavy Metal. No perdió la sonrisa en ningún momento de la noche, irradiando pura energía.

En un momento especial, Bruce recordó con nostalgia su primera presentación en Argentina, que tuvo lugar en Obras, aunque esa vez lo hizo como solista, pero en el 95. Con 45.000 almas ocupando el estadio, introdujo “The Time Machine”, otra de las destacadas canciones del álbum Senjutsu, cuyo estilo recrea una atmósfera profundamente inspirada en la cultura japonesa. Además, de las dos pantallas habituales a los lados del escenario, hubo una tercera extra ubicada a mitad de cancha, ampliando aún más la visual para aquellos que estaban ubicados en el sector popular.

Regresamos al pasado con el icónico “The Prisoner”, uno de los momentos más emotivos de la noche. Esta joya, perteneciente al primer álbum de Iron Maiden con Bruce Dickinson, The Number of the Beast, nos desbordó de éxtasis y nostalgia. Al finalizar, Bruce percibió la locura del público, que retomó su cántico característico: «Ole, ole, ole, olá, cada día te quiero más, soy de Maiden». De vuelta al presente con “Death of the Celts”, una canción que, acompañada de aplausos y con Bruce ya sin su capa, me invita a reflexionar sobre estos seis titanes del heavy metal: Bruce Dickinson, Steve Harris, Nicko McBrain, Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers. Sobre esa tarima, disfrutaban como adolescentes, tocando con una pasión desbordante, a pesar de que cada uno supera los 65 años de edad. Harris, siempre manteniendo la sólida estructura como el verdadero líder del grupo, que domina su bajo con una precisión impresionante. Murray, Gers y Smith forman un trío de guitarristas con una química letal. Cada uno con su estilo: Murray, con su fluidez melódica; Smith, con sus riffs dinámicos y solos brillantes; y el carismático Gers, con su increíble energía. Juntos, dominan el escenario con una sincronización perfecta.
En particular, Nicko McBrain se destacó como un verdadero héroe, entregándose por completo desde la batería, incluso después de las dificultades de salud que enfrentó. Sin embargo, en ciertos momentos, su desempeño dejó entrever los desafíos que ha superado. ¡Un genio Nicko!

Saltamos al pasado a través de un túnel sonoro con “Can I Play with Madness”, y el publico coreó incansable, por un instante, deseé quedarme allí, atrapada en esos años dorados, sin regresar al presente ni enfrentar el futuro. Porque, aunque aún nos quedan algunos años de Iron Maiden, todos sabemos que el reloj avanza implacable. Pensar en un futuro sin ellos es un golpe al corazón, como si el heavy metal mismo perdiera una parte de su esencia. Y nosotros, los que crecimos con su música, también sentimos cómo se acerca el final de una era que jamás podrá repetirse.

El delirio colectivo se apoderó del estadio con “Heaven Can Wait”. Bruce apareció nuevamente, esta vez con la capa atada, mientras el público coreaba con fuerza el clásico “ohh ohhh ohh”. Fue entonces cuando Eddie the Head, hizo su segunda aparición, dando inicio a una épica batalla con Dickinson. Este enfrentamiento, acompañado de cañonazos y efectos visuales, se convirtió en uno de los momentos más memorables de la noche para mi hijo. Esos pequeños detalles son los que transforman cada show de Maiden en una experiencia inolvidable.

Lo que siguió fue, sin duda, el momento más emotivo y esperado de la noche: la interpretación de “Alexander the Great”, ese tesoro tan ansiado por los fanáticos más veteranos que, entre lágrimas, muchos tuvimos el privilegio de compartir con nuestros hijos. Esta canción, largamente reclamada por los seguidores, finalmente cobró vida en el escenario. En el estadio Ducó, la atmósfera alcanzó su punto más alto cuando miles de voces se unieron para corear este himno épico, la obra maestra que pone el broche de oro al álbum Somewhere in Time (1986). Un instante único que permanecerá imborrable en mi memoria.

Y, por supuesto, «Fear of the Dark» hizo explotar al estadio como siempre. Fue el tema más coreado de la noche, con todos saltando y cantando al unísono. Desde la platea se podían observar incontables camisetas empapadas de sudor, reflejo del disfrute y la pasión. Sin embargo, debo admitir que el público pareció un poco más tranquilo esta vez, mientras que el sexteto británico derrochaba más energía que los asistentes. ¿Será que, al igual que la banda, nosotros, los fans, también estamos envejeciendo? O quizás, ¿es que el público no se está renovando como antes?

A continuación, Bruce Dickinson nos anima a alzar nuestras voces, como ya es tradición, antes de dar paso a uno de los temas más emblemáticos de la banda: “Iron Maiden”, la canción que da nombre tanto a la banda como a su primer disco homónimo, originalmente interpretada por Paul Di’Anno, recientemente fallecido. Aunque es una canción conocida por todos, sigue siendo un momento increíblemente emocionante en cada show. Durante la interpretación, Eddie hace su tercera aparición, esta vez en su versión samurái y más robotizado, siempre dispuesto a enfrentarse a Janick Gers en un divertido y memorable combate.

Al finalizar el tema, fue el turno de Nicko McBrain, quien, junto a la legión de fans, compartió un emotivo momento al entregar parches y palillos, mientras recibía una ovación que reflejó todo el cariño del público.

Es cierto que todo está pautado y que no hay sorpresas, pero, de alguna manera, la emoción siempre se renueva, como si fuera la primera vez que lo vivimos.

Después, regresan al escenario para cerrar con el triplete monumental: “Hell on Earth” donde Dickinson nos invita a levantar las manos y suena como si los dioses estuvieran tocando, con pirotecnia incluido, “The Trooper” desata la locura y “Wasted Years” une el pasado con el futuro, dejándonos a todos con una sensación de plenitud y satisfacción.

Todos llenos de gratitud, esperando con entusiasmo su próxima visita, que será en dos años, como expresó Bruce, durante su gira 2025-2026, para celebrar medio siglo de Iron Maiden.

Para finalizar, quiero destacar algunos detalles sobre el sonido y la organización. En cuanto al sonido, debo decir que fue de una calidad inmejorable. Sin embargo, al ser Huracán, un espacio a cielo abierto, en algunos momentos la acústica tendía a perderse dependiendo de la ubicación, algo que es difícil de evitar, estando en platea.

En cuanto a la organización de Huracán, personalmente no fue de las mejores y el lugar no sé si es apto para estos tipos de eventos. Hay ciertos espacios que le falta mantenimiento como algo tan importante como los baños tanto de hombres como mujeres.

El merchandising estuvo correcto, aunque debo mencionar que la camiseta “oficial de Argentina”, con el diseño de la copa, me dejó mucho que desear. No sé quién fue el diseñador, pero sinceramente, el diseño no estuvo a la altura. Afortunadamente, la calidad de la camiseta y la serigrafía eran buenas, aunque mi hijo igualmente se la quiso comprar, demostrando que a veces el fanatismo puede más que la estética.

Y, por supuesto, Iron Maiden, se los vio aceitados, felices y divertidos sobre el escenario, con esa energía contagiosa que nos hace disfrutar tanto de su música como de su presencia. Es un espectáculo que nunca decepciona, y cada vez que regresan, nos recuerdan por qué siguen siendo una de las bandas más grandes del heavy metal.  Up The Irons!

Crónica: Sabrina Romero
Fotos y Videos: Rubén Rivadera

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