
BANGERS OPEN AIR – Día 1- 03/05/2025 – Memorial, San Pablo 🇧🇷
DÍA 1 DEL BANGERS OPEN AIR
Llegó la esperada primera jornada del Bangers Open Air, en el imponente Memorial de América Latina. Y antes del mediodía, el predio ya empezaba a llenarse de metaleros listos para bancarse sol, pogo y volumen al palo. Todas las bandas dejaron todo sobre los escenarios, el público estuvo manija desde el arranque, y el ambiente estuvo cargado de esa mística que sólo el metal al aire libre sabe generar.
La acción arrancó bien temprano en el Ice Stage. A las 11:55 clavadas, las suizas BURNING WITCHES dieron la apertura oficial, dejando en claro desde el primer tema que esto no era un simple precalentamiento, sino el comienzo de una verdadera guerra sónica. En pocas palabras, prendieron fuego con “Unleash the Beast”, “Dance With the Devil” y siguieron mostrando su Heavy Metal afilado con temazos como “Nine Worlds” y “Wings of Steel”. Todo bien liderado por la carismática Laura Guldemond, una frontwoman con presencia, actitud y una voz que corta el aire como cuchilla caliente. Sus agudos te sacuden el pecho. Pero ojo, que no fue una fecha más. Fue la primera parada de su primera gira en solitario por Sudamérica, bajo el nombre de Latin America Tour 2025. ¡Alta posta!
Eso sí, el sonido no las ayudó del todo, ya que cerca de las vallas estaba demasiado fuerte y sucio, pero cuando me alejé rumbo al escenario Sun, se empezó a escuchar un poco mejor y pude disfrutar las últimas canciones como se merecían. Las brujas ardían en San Pablo, y esto recién empezaba.

Mientras tanto, en el escenario Sun Stage, ya había arrancado VIPER, una de las leyendas del Metal brasileño. Con años de historia encima y una conexión muy fuerte con el público local, dejaron bien claro que siguen más vigentes que nunca. Llegué justo para enganchar algunos temas de su último disco, Evolution, como “Dance of Madness”, “Wasted / The Shelter” y “Dead Light”, donde se notó la madurez musical de la banda, sin perder esa energía cruda que siempre los caracterizó. Los riffs sonaban afilados, la banda súper aceitada y el público copado.
El momento más emotivo llegó con el homenaje a Pit Passarell, recientemente fallecido, con una versión poderosa de “Rebel Maniac” que hizo cantar a todos los fans. También se tomaron un momento para recordar a André Matos, dedicándole “The Spreading Soul”. Fue uno de esos momentos donde se nota que la banda juega de local, y eso se sintió, haciendo poguear a más de uno, mezclando nostalgia con adrenalina. Mientras sonaba ese tema, me iba alejando para volver al otro lado del puente.

La apertura del Hot Stage quedó en manos de H.E.A.T, que volvió a pisar este escenario tras su debut en 2023, y no se guardó nada. El quinteto sueco arrancó bajo un calor que partía la tierra, de esos que te hacen pensar dos veces si vale la pena estar al sol… pero ellos ni se inmutaron. A pesar de que el guitarrista Dave Dalone venía arrastrando una dolencia, se la bancó como un campeón y tocó buena parte del set sentado, a la sombra, al costado del escenario. Igual, nada de eso empañó un show que fue impecable de punta a punta.
El quinteto sueco viene ampliando su abanico sonoro. Si bien siguen firmes en su esencia de Hard Rock melódico, ahora se animan a meter riffs más pesados, algunos con perfume ochentoso y otros que rozan el Metal más moderno.
Lo de Kenny Leckremo es para sacarse el sombrero. Tiene una presencia escénica tremenda, una voz que no se le escapa ni medio tono, y un estado físico envidiable, con los músculos a la vista y una energía que no afloja en ningún momento. Se nota que lo deja todo arriba del escenario.
Tocaron pocos temas de su último disco Welcome To The Future, pero destacaron esas melodías gancheras, coros bien pegadizos y arreglos que remiten directo a la época dorada de los ochenta como “Emergency”, “Dangerous Ground”, “Hollywood” y Back to the Rhythm. Pero los momentos más emotivos llegaron con “1000 Miles” y “One by One”, coreados a grito pelado por la multitud que desde temprano estaba clavada contra las vallas, bancandose el calor sin moverse un centímetro.
Al regresar para ver a la siguiente banda enganche una de sus últimas canciones del set, la semi balada “Bad Time for Love”. Fue un show corto, una horita justa, pero cargado de energía. Tanto que, cuando terminó, muchos se quedaron con ganas de más. Me encanta cuando una banda conecta con su público porque el tiempo siempre parece poco. ¡Explosiva presentación!

Diez minutos de descanso para hidratarnos un poco y acomodarnos frente al otro escenario, porque lo que se venía era una topadora de basura. Los yanquis de MUNICIPAL WASTE volvían a Brasil después de años sin aparecer por acá, y lo hicieron como mejor saben…a puro Thrash, quilombo y actitud. En menos de una hora metieron 21 temas al hilo, y Tony Foresta con su banda hicieron explotar el Ice Stage, convirtiéndolo en una fiesta totalmente sacada, con pogos, moshs y cerveza volando por todos lados.
No faltó el delirio clásico, un flaco disfrazado de Jesús haciendo crowdsurfing, el Eddie de Iron Maiden metido entre la gente, y hasta el mismo Foresta tirando chistes pesados y bardeando a los que estaban parados de costado sin moverse un pelo. Pero más allá de toda la joda, la banda sonó filosa, ajustada, con una base sólida y una energía que no bajó ni medio cambio.
Tocaron desde los clásicos de su primer disco hasta bombas de sus laburos más recientes como “Slime and Punishment”, y hasta se dieron el gusto de meter un par de palos políticos. Cerraron con “The Art of Partying”, “Demoralizer” y su himno “Born to Party”, con la promesa de volver pronto. Ofrecieron una trompada de show, de esos que te dejan las piernas temblando y el corazón palpitando de emoción.

Mientras tanto mi coequiper se fue directo para el Sun Stage, donde los suecos de DYNAZTY estaban sacudiendo la tarde con todo su arsenal de Hard Rock escandinavo, aunque —me contaba después— no todo fue perfecto.
“Che, sonaron re potentes,… pero el sonido estaba medio pasado de rosca”, me dijo. El set fue explosivo, un Hard Rock moderno con toques metaleros, riffs afilados y esa mezcla de Power Metal europeo, pero sin perder ese gancho melódico que se te pega al toque. En vivo se sienten más pesados, más intensos. La posta es que el centro de atención fue, sin dudas, Nils Molin, el cantante. “Ese chabón tiene una voz zarpada… y el pelo no se le mueve ni con un huracán!”, me dijo entre risas.
Me contó que la banda sonó sólida, con arreglos ambiciosos y estribillos ideales para gritar con el puño en alto. Le metieron un poquito de atmósfera industrial, algunos tintes electrónicos que sumaron mucho, y uno de los momentos más picantes fue con “Presence of Mind”, del disco The Dark Delight, que levantó al público con ese coro épico que tiene. Pudo disfrutar de temas como “Natural Born Killer”, “The Grey”, “Waterfall”, “Yours” y “Call of the Night”, que también le gustaron a la audiencia. Aunque el volumen excesivo jugó en contra y el sonido por momentos se volvió medio turbio, el grupo demostró que tiene con qué romperla.

En plena siesta paulista, se sentía en el aire la ansiedad del público por ver a SONATA ARCTICA, una de las bandas más queridas del Power Metal finlandés en Brasil. La gente se agolpaba contra las vallas, bancandose el calor infernal, esperando que arranque la magia. Y no decepcionaron. Su Metal melódico explotó en el Hot Stage con clásicos como “Réplica”, “San Sebastián”, “FullMoon”, todos coreados a los gritos por los fans más fieles.
Tony Kakko se lució con su voz potente como siempre, y las melodías de Elias Viljanen hicieron volar cabezas. Aunque hubo algunos baches técnicos con el sonido, no opacaron la entrega ni el aguante de la banda. También aprovecharon para presentar un par de temas de su último disco, Clear Cold Beyond (2024), como “First in Line” y “Dark Empath”, que tuvieron buena recepción. El resto del set fue una seguidilla de clásicos que hicieron saltar y poguear a más de uno con “My Land”, “Wolf & Raven” y “Vodka”.
A pesar de los pogos y del aguante del público, el show, al menos para mí, se fue desinflando con el correr de los temas. Le faltó fuerza, dinamismo, esa chispa que hace que la banda te vuele la peluca. Un show correcto e intenso para algunos, pero bastante aburrido para otros.

Cuando volvió mi coequiper, después de patearse el predio entero para ver a VÁLVERA, me comentó que los muchachos brasileños la rompieron en el Waves Stage, sonando contundentes y que metieron un Thrash Metal bien directo, pesado, con letras en portugués y una energía que no te daba respiro.

De regreso, alcanzó a ver apenas algunos temas de MATANZA RITUAL, banda oriunda de Río de Janeiro que retoma el estilo agresivo y directo del “countrycore”, pero con una nueva formación y energía renovada. El grupo está integrado por ex miembros de Matanza, quienes decidieron seguir adelante con el legado sonoro pero con sangre nueva y una propuesta recargada.

El reloj marcaba las 16:20 y el sol seguía pegando fuerte. Aprovechamos ese rato para coordinarnos sobre qué bandas cubriría cada uno, porque todavía quedaba una seguidilla de shows inolvidables por delante. De paso, nos fuimos a recargar energías a la sala de prensa, donde como siempre nos esperaba un servicio de catering que era una delicia: tipo buffet con frutas, sándwiches, bocaditos, agua y gaseosas bien frías. Un lujo al que no estamos acostumbrados en los festivales argentinos, donde algo así ni se asoma.
Ya más repuestos, salimos de nuevo rumbo al Ice Stage, porque a las 16:30 arrancaba nada menos que los impresionantes KAMELOT. La banda de Power Metal sinfónico liderada por Thomas Youngblood ofreció dos shows distintos en el Bangers Open Air 2025, y aunque el contexto de cada uno fue muy diferente, ambos tuvieron momentos memorables.
El sábado tocaron en el Ice Stage, con un marco de público imponente y una atmósfera cargada de emoción. El domingo, en cambio, les tocó reemplazar a última hora a I Prevail en el Hot Stage, y la convocatoria fue más floja, con un escenario que lucía bastante vacío. Aun así, la entrega fue total.
Ambos shows tuvieron diferencias de repertorio. El sábado tocaron 12 temas, recorriendo su discografía desde Karma en adelante —sin irse tan atrás en el tiempo— e incluyendo clásicos como “Veil of Elysium”, “Rule the World” e “Insomnia”. También se mandaron un par de solos, uno de batería y otro de teclado, que bajaron un poco la intensidad, pero no llegaron a cortar el clima general. La energía arriba del escenario era impactante.
Tommy Karevik, se lució en los dos días, no solo con su voz poderosa, sino también por cómo se metió al público en el bolsillo. Hizo cantar, saltar y aplaudir a todos, y hasta sacó una bandera gigante de Brasil en “One More Flag in the Ground” que desató una ovación tremenda. En otro momento hasta se animaron a meter un fragmento de “We Will Rock You” de Queen, que el público coreó con todo.
Musicalmente estuvieron ajustadísimos. Thomas Youngblood clavó riffs con estructuras sólidas y memorables; Sean Tibbetts, el bajista, fue una fiesta aparte con su look de trenzas y movimientos teatrales; el batero pegó con una potencia bestial, y el teclado no se quedó atrás, aportando atmósferas y solos alucinantes.
El domingo realizaron 10 temas y sumaron un momento especial cuando Adrienne Cowan (Avantasia) se subió a cantar “Phantom Divine” (Shadow Empire) junto a Karevik. También estuvo presente Melissa Bonny, con quien Karevik armó un dúo vocal de aquellos. La versatilidad de Melissa, saltando de guturales a voces limpias sin despeinarse, nos dejó a todos boquiabiertos.
Lo magnífico de sus presentaciones es que la banda nunca perdió la atención del público, y entregaron dos shows que muchos van a recordar por largo tiempo. Para los fans brasileños —y para nosotros también— fue una verdadera celebración de Power Metal con excelencia. ¡La rompieron en una doble dosis de excelencia pura!

A mitad del show de Kamelot, mi compañero de ruta se fue derecho al Sun Stage. ¿El motivo? Se estaba por presentar ENSIFERUM, los guerreros fineses de Folk Metal, y no se lo quería perder por nada del mundo, ya que se lo había sugerido.
Y tenía razón. Aunque solo pudo ver unos 20 minutos del set, lo que presenció fue una verdadera descarga de épica nórdica y Metal heroico. Según me contó después, Ensiferum aterrizó en el Bangers Open Air 2025 con un show que dejó una marca vikinga difícil de borrar. En el Sun Stage desplegaron toda su artillería melódica, mezclando riffs filosos con melodías folk que parecían salidas de una saga escandinava.
Desde el arranque con “Fatherland”, dejaron en claro que venían a conquistar. Un himno acelerado y poderoso que hizo rugir a la multitud desde el primer acorde. Durante “Twilight Tavern”, el público brasileño se entregó por completo: saltaban, agitaban y coreaban como si estuvieran en pleno festín vikingo.
Vale aclarar que el guitarrista fundador, Markus Toivonen, no pudo estar presente por un accidente serio: se fracturó el tobillo izquierdo y tuvo que ser operado con colocación de clavos. Aun así, la banda no aflojó y mantuvo un nivel altísimo, bancando la parada con una entrega admirable.
Mi compañero volvió entusiasmado, casi sin palabras, y me resumió todo en una sola frase: “Fue atrapante…estos fineses no vienen a tocar, vienen a contar batallas con música. Treinta años de Folk Metal encima y siguen sonando como si estuvieran conquistando el mundo.”

Con puntualidad británica, el Hot Stage abrió las puertas del pasado para dar paso a una leyenda viviente: SAXON. Y ni bien sonaron los primeros acordes, el público se desbordó en una mezcla de nostalgia y euforia. Los viejos maestros de la NWOBHM volvieron a demostrar que todavía saben cómo se hace. ¡Larga vida a Saxon!
Con más de 70 pirulos encima, y lejos del desenfreno que supieron tener en sus épocas más salvajes, los históricos británicos se plantaron en el escenario con la templanza de quien ya no necesita demostrar nada…pero igual lo hace.
Ya no vienen con la idea de patear el tablero, pero eso no significa que hayan perdido potencia. Lejos de eso. Con un set más corto —trece temas en total— y una puesta sin muchas vueltas, dejaron de lado la idea de tocar completo el mítico “Wheels of Steel”, y apostaron por una lista que mezcló clásicos infalibles con algunos temas nuevos de su último trabajo discográfico, “Hell, Fire and Damnation”.
Arrancaron con el tema que da nombre a ese nuevo disco, y de a poco el show fue levantando vuelo. A medida que caía la tarde y se asomaba la noche, empezaron a aparecer esas joyitas que todos esperaban: “Power and the Glory”, “Motorcycle Man”, y, por supuesto, himnos eternos como “Heavy Metal Thunder” y “Denim and Leather”, que hicieron cantar a toda una generación que creció con esos discos sonando en vinilo.
Un momento emotivo fue cuando Biff Byford (el eterno frontman) recibió dos camperas con parches que le tiraron desde el público. Una se la puso él, y la otra se la dio a Brian Tatler, guitarrista que hoy forma parte de la banda y que muchos conocen por ser el cerebro de Diamond Head. Pero el verdadero nudo en la garganta llegó con “Wheels of Steel” y “Crusader”, que tocaron directo en el corazón de los fans de toda la vida.
Puede que los años ya no les permitan correr por el escenario como antes, pero si algo dejaron claro los Saxon es que el Metal no se jubila. No perdieron el oficio, ni la actitud. Y cuando estos tipos tocan, dan cátedra. Fue una presentación sin tanto artificio, pero con una clase magistral de Heavy Metal en vivo. Y que, seguro, nadie en ese campo se va a olvidar.

Aunque el cuerpo ya empezaba a pasar factura, el corazón seguía soportando porque todavía quedaba más adrenalina por quemar. Y así fue con el espectáculo que brindó POWERWOLF cerrando el Ice Stage de la primera jornada. En lo personal, además de Kamelot, fue una de las presentaciones que más me volaron la cabeza, quedando entre las favoritas del día y posiblemente como uno de los mejores shows de todo el festival, porque estos alemanes se mandaron uno de los shows más potentes y efusivos del día. Con su combo explosivo de Power Metal, Rock de estadio y estética de misa satánica, pusieron a todos a cantar, saltar y aplaudir como si estuvieran en una catedral del Metal.
Desde las 18.50 hasta las 20.05 quedó claro que los lobos no necesitan espadas ni dragones para armar la épica. Su receta funciona con letras cargadas de leyendas oscuras y religión ficcional, melodías gancheras y un despliegue visual tremendo. Todo bien aceitado. Attila Dorn, con su vozarrón y su carisma, llevó la batuta como un predicador del infierno. A su lado, el tecladista Falk Maria Schlegel corría como loco por el escenario, levantando al público en cada esquina. Matthew Greywolf, guitarrista y uno de los fundadores de Powerwolf, no pudo estar presente, pero fue reemplazado con solvencia por Markus Pohl, un amigo cercano de la banda. En lugar de solos eternos, apostaron por coros coreables y riffs que entran fácil. Y vaya si funcionó.
A lo largo del set, metieron 15 temas sin bajar nunca la intensidad. Iniciando con dos potentes canciones: “Bless ‘em With the Blade” e “Incense & Iron” para agitar a todos los presentes. Promediando su concierto llegó “Sainted by the Storm” que levantó polvo con su ritmo marchoso, “Werewolves of Armenia” bajó línea en latín como si fuera una misa pagana, “Demons Are a Girl’s Best Friend” fue puro hit radial metalero, y “Sanctified with Dynamite” se despachó con un solo de guitarra inesperado.
Su fórmula puede sonar repetitiva si se la escucha mucho, pero en vivo es una fiesta total. El público respondió con una euforia contagiosa, por medio de coros al palo, brazos en alto y una energía que no aflojó ni un segundo. Lo más curioso fue ver el predio completo (pista y Lounge) a todos bailando cada tema como si no hubiera un mañana, y a varios brasileños disfrazados y maquillados al estilo de la banda, sumándole aún más color al show.
Logré abrirme paso entre la marea de gente y el vapor de sudor que flotaba en el aire. Necesitaba hidratarme urgente, porque en cuestión de minutos venía la avanzada de Sabaton, y había que estar listos para otra batalla.

SABATON fue el encargado de cerrar el escenario Hot Stage en la jornada del sábado en el Bangers Open Air, y aunque llegaron con toda la parafernalia bélica y visual que los caracteriza, la cosa arrancó bastante tibia. La intro “The March to War” dio paso a “Ghost Division”, pero la mecha no terminó de prender ni con “The Last Stand”, “The Red Baron” y “Bismarck”.
Durante los 45 minutos que los vi, sentí que les faltaba chispa. Sonaron ajustados, claro, pero no lograron conectar del todo, ni con el público ni conmigo…o capaz fui yo la que no enganchó. La energía subió un toque con “Stormtroopers”, que metió algo más de fuerza y ritmo, pero después cayó de nuevo con “Carolus Rex” en sueco, que dejó medio frío al ambiente.
La puesta en escena tuvo sus cosas interesantes como un poco de fuego, columnas de humo y luces bien laburadas, más algún que otro momento simpático mientras me iba alejando rumbo al Sun Stage —como cuando Joakim Brodén sacó una guitarra rosa de Hello Kitty para clavar el riff de “Master of Puppets” y sacar unas risas del público.
Otro momento significativo de su presentación que me comentaron fue en “Christmas Truce”, donde quedó iluminado el memorial con las linternas de los celulares. Pero, en lo personal, me quedé con ganas de más explosión. Cumplieron con lo suyo, sí, pero no me volaron la cabeza como uno espera de una banda de este calibre. Incluso algunos colegas que se quedaron hasta el final me comentaron lo mismo. Los suecos tuvieron una buena intención, pero sin tanta fuerza como se esperaba.

Recién a las nueve de la noche pude cruzar hasta el otro lado del predio para ver algo del show de LACRIMOSA que cerraba el Sun Stage. Sinceramente, hacía años que no los veía en vivo y no podía dejar pasar la oportunidad, aunque sea para presenciar unos minutos de esa melancolía tan suya, dulce, oscura, y profundamente conmovedora. Verlos es siempre un viaje emocional, casi catártico.
Durante su set de diez temas, desfilaron himnos como “Schakal”, “Stolzes Herz”, “Lichtgestalt” y “Copycat”, pero también hubo lugar para joyas más recientes de Lament, como “Avalon” y la intensa “Kelch der Liebe”, que tocaron a pedido del fan club brasileño, que durante el show se hizo notar lanzando globos blancos y negros.
Aunque tenía que seguir hacia el Waves Stage, la figura etérea de Tilo Wolff, con esa presencia tan frágil pero imponente, me retuvo más de lo planeado. La puesta en escena fue sobria pero efectiva. Mantuvieron el logo de la banda y del Bangers en la pantalla, pero pronto apareció esa enorme bandera negra ondeando detrás del escenario, y que fue flameada por Tilo, como si marcara territorio en nombre de la tristeza elegante.
Lo de Lacrimosa no es solo música, es una experiencia sensorial. Una mezcla de la crudeza del Metal con la sofisticación orquestal de la música clásica, que crea una atmósfera cargada de nostalgia, emoción y belleza oscura. Y aunque tuve que seguir, el alma agradeció ese rato. Ver a Lacrimosa en vivo es como volver a abrir una vieja herida pero con una sonrisa.

Aunque llegué apenas 15 minutos antes de que terminara la primera presentación en Brasil de DREAMSPIRIT, la energía que se vivía me alcanzó de lleno. Apenas puse un pie en el Waves Stage, ubicado en el auditorio Simón Bolívar del Memorial da América Latina —esa joya arquitectónica de Oscar Niemeyer con una acústica de lujo—, me vinieron flashes de la primera edición, cuando vimos a Evergrey y Apocalyptica en ese mismo lugar. Esta vez, la sala estaba rodeada de stands de merchandising —y en la edición anterior hasta hubo un concurso de tatuajes.
Mi compañero, que estuvo desde el arranque, no paro de elogiar al sexteto pionero del Folk Metal chino, que llegaron sin instrumentos tradicionales pero sampleados. Al parecer, empezaron con algo de timidez, pero cuando llegué el público ya estaba completamente entregado. Todos de pie, pegados al escenario, dejando las butacas de lado para acompañar el final a puro grito y emoción.
Dreamspirit mezcla el Heavy Metal con melodías tradicionales chinas y de Mongolia, y lo hace con una precisión y una entrega que asombra. Su performance fue impecable con temas como “The Majestic Star” y “Of Daggers and Men”, clásicos de su placa General Triumphant, además presentaron un adelanto de su próximo material discográfico como “Taste Me”. Acto seguido interpretaron “Alchemy” desatando la locura de todos los presentes al ritmo de sus contagiosas melodías heavys.
Encima, se mandaron un invitado de lujo, Bill Hudson (guitarrista de Doro y NorthTale) se subió al escenario para tocar “Artisan”, y ahí explotó todo. Fue un momento tan épico como inesperado, que atrapó tanto a los que ya conocían a la banda como a los curiosos que entraron por casualidad y salieron con la mandíbula en el piso. Sin lugar a dudas lo de Dreamspirit fue una revelación. Tienen una técnica impecable, temas pegadizos, puesta visual imponente y una química instantánea con el público. Se notaba desde afuera porque la sala empezó a llenarse sola, atraída por la reacción de los que ya estaban adentro. En un momento del show empezaron a tirar globos blancos y dorados con su logo, y el público se prendió al toque. Fue uno de esos momentos mágicos del festival, difícil de repetir. Y si bien me lo perdí casi todo, alcancé a vivir ese cierre glorioso que termino de apagar las luces de Memorial.

Para cerrar la primera jornada, no puedo más que decir que estábamos completamente agotados, pero con una sonrisa de oreja a oreja, felices y eufóricos por todo lo que habíamos vivido. Durante el día, cada momento estuvo lleno de sorpresas como esos encuentros casuales con amigos, conocidos y hasta músicos que se sumaban como público para ver a otros artistas, todo en medio de la vorágine del ir y venir entre los escenarios. ¡Ah! Y no puedo olvidar la compra de merchandising que siempre es parte de la magia del festival, la excusa perfecta para tener un pedazo del evento como recuerdo.
Y cuando llegamos al hotel, el broche de oro. Descubrimos que podíamos pedir comida a la habitación (obvio abonando unos reales). ¿Qué más se podía pedir? Después de un día tan intenso, nada mejor que relajarse y dejar que la comida llegue hasta la puerta. Una forma perfecta de cerrar una faena excelente y de prepararnos para lo que nos esperaba al día siguiente. ¡A descansar las piernas!
Crónica: Sabrina Romero
Fotos y vídeos: Rubén Rivadera




































































































































































































































































