BANGERS OPEN AIR – Día 2 – 04/05/2025 – Memorial, San Pablo 🇧🇷

DÍA 2 DEL BANGERS OPEN AIR

Nos tiramos de lleno a la segunda jornada del Banger Open Air 2025, y, la verdad, ya con la adrenalina a full después de lo vivido el día anterior, sabíamos que hoy no iba a ser menos. Este año, el festival estaba siendo una locura, con un line-up de bandas que hace tiempo esperábamos ver en vivo, y con un montón de nuevas sorpresas para disfrutar. Las atracciones no solo se limitaron a los escenarios. El ambiente, la gente, las propuestas de merchandising y hasta los food trucks con mucha variedad tuvieron su toque especial que le dieron un sabor único a esta edición.

Este año, se notó una clara apuesta por la inclusión de las familias, con entrada gratuita para los chicos de hasta 10 años, lo que permitió que muchos niños se sumarán a la movida y disfrutaran del festival junto a sus padres. Además, se habilitó el espacio New Headbangers Kids, un lugar ideal para que los más pequeños disfrutaran de actividades de iniciación musical, con monitoreo especializado, mientras sus padres disfrutaban de los conciertos. También se sumaron lockers para guardar mochilas y el merch, lo que hizo mucho más cómodo moverse por el festival sin cargar con tantas cosas, pero además se podía dejar cargando el celular dentro.  Otro de los detalles fue que muchos llevaban los vasos colgando como si fueran parte del look, listos para recargar bebida en cualquier momento.

Sin perder tiempo, nos adentramos al Memorial con la misma energía del primer día, listos para seguir vibrando más Metal en vivo, llegando casi justo para la apertura oficial de la segunda jornada, que, siendo un domingo, prometía ser épica. Los encargados de dar el puntapié inicial fueron BEYOND THE BLACK, la banda alemana famosa por su combinación explosiva de Power Metal y toques sinfónicos, que no dudó en llenar el aire de intensidad y adrenalina desde la primera canción “In the Shadows” que siguió con “Hallelujah”.  

Liderados por la carismática Jennifer Haben, los chicos de Beyond the Black entregaron su show con una pasión desbordante. Aunque el sol recién comenzaba a asomar, y la cantidad de público no era masiva, la energía del público fue imparable, coreando las canciones y aplaudiendo sin parar. No faltaron los grandes éxitos de su carrera, como “Reincarnation” y “Is There Anybody Out There?”, que sonaron con fuerza y con una presencia que sacudió el predio ubicado en Barra Funda, San Pablo.

La puesta en escena fue un acierto total. Las luces, junto con la atmósfera, crearon el marco ideal para que su música brillara con todo su esplendor durante las diez canciones que hicieron en este set, cerrando con “Shine and Shade”. Cada acorde sonó con una precisión impresionante, mostrando de inmediato la madurez y el profesionalismo de la banda, que no dejó nada al azar. Y lo más sorprendente fue cómo, a pesar de ser su primer show del día, lograron una performance tan intensa, enérgica y emotiva, dejándome con la boca abierta. ¡Una sorpresa total!

Mientras yo disfrutaba en el escenario principal, mi coequiper se fue directo al Sun Stage para experimentar la musicalidad de los locales brasileños BLACK PANTERA, quienes abrían la jornada dominical cruzando la Avenida Auro Soares de Moura Andrade. Este trío oriundo de Uberaba le venía resonando desde que se enteró que iban hacer parte de este festival. Según me contó después, sus integrantes subieron al escenario al mediodía y, sin vueltas, metieron una piña sonora desde el primer tema. Un Crossover Metal bien cargado de energía, con mucha actitud y presencia, cantado en portugués. Presentaban su último disco, Perpétuo, y lo que tiraron fue una mezcla explosiva de Hardcore con influencias tribales y afro-latinas. Un combo raro pero que, al parecer, funcionó perfecto. Se notó que no era solo música para cabecear, sino que venía con un mensaje fuerte, de resistencia, identidad y orgullo. Todo eso envuelto en un sonido crudo, potente y con una percusión que te sacudía el cuerpo como la canción “Provérbios”. 

Lo loco es que, siendo tan temprano, la gente igual se copó. Hubo pogos, circle pit solo de mujeres, Wall of Death, muchos cantando los temas, y una conexión posta entre banda y público. círculo de pogo compuesto exclusivamente por mujeres. Mi compañero volvió sorprendido, diciendo que fue uno de esos shows que te agarran desprevenido y te vuelan la peluca. Claramente, Black Pantera se ganó su lugar y dejó bien en alto la bandera del Metal brasileño.

También, se pudo dar una vuelta por el escenario Waves y presenciar una joyita inesperada. Un fragmento del show de una banda formada por estudiantes de la SCHOOL OF ROCK Brasil. En escena, un grupo de chicas y chicos —adolescentes con mucha actitud y una soltura que sorprendía— se despachaban con covers de Iron Maiden y Megadeth, demostrando que el futuro del Metal está más que asegurado. La School of Rock Brasil es una reconocida red de escuelas de música, con más de 50 sedes y 8.000 alumnos en todo el país. Ya habían sido parte de ediciones anteriores del festival, pero esta vez fue la primera oportunidad de verlos en acción. 

Les voy a ser sincera. El domingo me quedé prácticamente todo el día en la Plaza Cívica, donde está la icónica escultura de la Mano de Niemeyer y, claro, también los dos escenarios principales del festival. La verdad, no me moví de ahí porque la mayoría de las bandas que quería ver tocaban de este lado de la pasarela. Y lo bueno es que apenas caminas unos pasos y ya estás en el otro escenario, así que si te organizas bien, podés ver todo sin perderte nada durante las primeras horas del día, pero a medida que se va llenando el predio, ya cuesta bastante más llegar al frente. Igual, la movida ahí fue tan intensa que valió cada empujón.

Aunque ya había tenido la oportunidad de ver a LORD OF THE LOST en el 2023 en el mismo festival, esta vez la experiencia fue completamente distinta. No solo porque debutaron en el escenario principal —el Hot Stage, que hizo honor a su nombre recalentando aún más la jornada dominical—, sino porque se notó una evolución en presencia, energía y sudor. Literal. El sol les dio de lleno durante toda la actuación y los alemanes transpiraron la camiseta y el maquillaje sin piedad. Chris Harms, con su voz profunda y una presencia escénica magnética, comandó el show con una seguridad absoluta. Además de ser el frontman, es el alma creativa de la banda, y eso se nota en cada gesto y cada mirada.

A pesar del calor agobiante del mediodía, el público se bancó el sol con una devoción admirable desde el comienzo con “The Curtain Falls”. 

De hecho, lo derribaron a puro glam y actitud. La performance fue una verdadera postal gótica, con esa mezcla que los caracteriza entre lo industrial, lo oscuro y lo teatral, y que marcó la diferencia en una jornada donde todo parecía derretirse.

El setlist fue una joya: “Blood & Glitter”, “Loreley”, “Drag Me to Hell” y otros tantos clásicos que retumbaron con fuerza y convirtieron la pista en una fiesta desquiciada, con gente bailando y pogueando sin pausa. En total fueron 13 temas, lo cual me permitió disfrutarlos muchísimo más que la otra vez. Y la sorpresa mayor fue la cantidad de gente que se acercó a verlos esta vez; se notó que la banda viene creciendo fuerte por estos lados.

Aunque el horario no era el más “gótico” de todos, Lord of the Lost demostró que su música no necesita de la noche para seducir. Esta parada en São Paulo fue parte de su Latin America Tour 2025, y sin dudas confirmar por qué hoy están en la primera línea del Metal Gótico mundial. Una actuación para recordar.

Mientras yo me mantenía firme del lado principal, mi dupla festivalera se movía entre el Sun y el Waves Stage para ver a dos pesos pesados del Metal brasileño. Primero, la legendaria Dorsal Atlântica, y después, la más joven pero demoledora Hatefulmurder.

Primero pasó a ver a la leyenda viva del Thrash brasileño, DORSAL ATLÁNTICA y luego me lo resumió perfecto: “Ver a Dorsal Atlântica es como ver a los padres del Thrash brasileño. Son historia pura”.  Pioneros desde los ’80. A pesar de los años, Dorsal Atlântica sigue sonando con una frescura y una potencia que envidiaría cualquier banda nueva. Con Léo Lawal al frente, entregándose al público como si fuera su primer show, desplegaron ese clásico Thrash de riffs filosos, velocidad sin filtro y pura actitud. Pudo ver algunos de los primeros temas “Caçador Da Noite”, «Vitória» y «Stalingrado», que encendieron a la gente como si estuviéramos en un local underground de los ‘90. 

Pero el plato fuerte para mi coequiper llegó después, cuando se fue directo a ver a HATEFULMURDER, la banda carioca que viene rompiendo todo en la escena del Metal extremo. Con más de una década en la ruta y presentando su nuevo disco I Am That Power (2024), salieron al escenario con una furia imparable. El cuarteto formado por Angélica Burns (voz), Renan Campos (guitarra), Felipe Modesto (bajo) y Thomás Martin (batería), metió una descarga de Death Metal brutal, con momentos melódicos y arreglos orquestales que sorprendieron a más de uno. Según me contó mi compañero, “Angélica no solo tiene una voz gutural que te sacude el pecho, sino que además se plantó con una presencia escénica que impone respeto.” Pudo ver los primeros tres temas “Unshaken”, “Amusing Ourselves to Death” y “Reborn”. 

“Me volaron la cabeza”, me dijo después. “No los tenía, y la verdad que tienen un nivelazo. ¡Angélica es una bestia!”, hay que verlos próximamente en Córdoba”.  Se ganaron fans y parece ser una de las propuestas más sólidas del Metal extremo brasileño actual.

Si hay algo que me quedó dando vueltas —y que sería el único punto flojo que le puedo marcar a la grilla del festival— es el horario que le tocó a Paradise Lost. Una banda con semejante carga emocional y atmósfera oscura merecía un entorno más acorde, quizás al atardecer. Pero no, les tocó salir con el sol todavía picando fuerte y un calor agobiante que chocaba de frente con esas melodías melancólicas que pedían a gritos sombra, penumbra y recogimiento. Fue un contraste raro, ya que mientras ellos desplegaban su poesía sombría, nosotros nos derretíamos bajo un sol inclemente. Una lástima, porque con menos luz, esta presentación podría haber sido aún más poderosa.

Después de varios años, me volví a cruzar con los británicos PARADISE LOST, y bastó que comenzaran con “Enchantment” —la joya que abre su emblemático Draconian Times (1995)— para que se presintiera que se venía algo grande. En el marco de su gira The Devil Embraced Latin America 2025, desplegaron un set intenso de doce canciones, haciendo un recorrido que fue desde sus clásicos de los ’90 hasta lo más reciente de este siglo XXI.

La presencia de Nick Holmes, con su voz profunda y esa aura enigmática, junto a los riffs envolventes de Greg Mackintosh, hizo que el público quedara completamente atrapado en su universo sonoro. La sobriedad escénica jugó a favor porque aquí no hacía falta parafernalia, la música hablaba por sí sola y el público entregado a los pioneros del Gothic y del Doom Metal.

El repertorio tuvo momentos altísimos, casi perfecto. Temas como “Pity the Sadness”, “Eternal”, “One Second” y ese cachetazo emocional que es “As I Die” —que sonó fabulosa— se metieron de lleno en el pecho de los que estábamos ahí. También hubo lugar para joyitas más actuales como “Forsaken”, del álbum Obsidian (2020), y para otros hits que sacudieron fuerte la Plaza Civita, como “Faith Divides Us – Death Unites Us”, “The Last Time” y el cierre redondo con “Say Just Words”. 

Fue un show profundamente introspectivo y nostálgico, en el que los ingleses la rompieron por completo. 

Dejando atrás “Say Just Words” de Paradise Lost, me lancé hacia el otro lado, decidida a no perderme ni un segundo de la tormenta que se avecinaba. Los polacos de VADER estaban por reventar el Sun Stage y yo no quería perderme ni un golpe.

Arrancaron con la mítica intro de Star Wars, creando una expectativa de locos, pero no hubo tiempo para más, en cuanto soltaron la furia de “Wings” y “The One Made of Dreams”, todo explotó. En una hora cronometrada, destrozaron el escenario con 10 temas, dejando claro quién estaba a cargo del lugar. Fueron una máquina de destrucción imparable. Un show que no dejó nada en pie, simplemente demoledor su Death Metal agresivo.

Con clásicos como “Sothis” «Dark Age», «Carnal», “Triumph of Death”, y “This Is The War” la respuesta del público fue moshpits. El fervor fue absoluto, y es que la energía era tan violenta que era imposible no ir al pit. Piotr Wiwczarek, con su presencia imponente, condujo la banda como un torbellino, logrando una química perfecta entre ellos, y entregando un espectáculo que combinó brutalidad, rapidez y técnica con mucha pasión.

Luego, me dirigí al Hot Stage para ver parte de la segunda presentación de KAMELOT, de la cual ya comenté el día anterior, y rápidamente me acomodé porque venía otra leyenda al Ice Stage: KERRY KING.  

La nueva banda del histórico guitarrista de Slayer, y por eso, como era de esperarse, el público se plantó con respeto durante los primeros temas. Las seis canciones iniciales del debut From Hell I Rise (2024) fueron escuchadas con atención, casi como si todos estuvieran tomando nota. No porque faltara fuerza, al contrario, sonaron potentes y filosas, sino porque era un terreno fresco, distinto, y había que entender por dónde venía la cosa. Igual la mayoría ya conocía el disco y sabía que King venía a presentar eso, que en el fondo es una extensión natural de Slayer.

Sin embargo, en el aire flotaba el deseo de escuchar algunos clásicos, y el tipo nos dio el gusto: “Disciple”, “Raining Blood” y “Black Magic” sacudieron a todos como corresponde, generando pogos y circle pit. El momento de color fue “Killers”, el cover de Iron Maiden dedicado a los fallecidos Paul Di’Anno y Clive Burr. Una versión al palo, tocada con precisión, que le permitió lucirse al bajista Kyle Sanders y al violero Phil Demmel, bien respaldados por la base demoledora de Paul Bostaph en la bata y la entrega total de Mark Osegueda al micrófono, quien fue participe en la edición anterior junto a Death Angel.

Para cerrar, eligió el tema que le da nombre al álbum, From Hell I Rise, y así, en 60 minutos clavados, cerró un show demoledor que dejó en claro que la bestia sigue viva, aunque ahora con otro nombre.

Finalmente, minutos antes de que cerrara el show de Kerry King, apareció mi coequiper, que había estado del otro lado del predio intentando ver un poco de Ready to be Hated, la banda de Luis Mariutti, además de los shows de Haken e Hibria. Así que ahora les paso a contar cómo se vivió esa parte del festival según la mirada de mi cómplice en esta aventura metalera.

Primero me clavé con READY TO BE HATED, la banda de Luis Mariutti, el ex bajista de Angra. Están con un proyecto bastante fresco, más moderno, pero sin perder esa potencia brasileña. El bajo de Mariutti suena como una locomotora. Tienen una mezcla de Groove, Metal moderno y algunas cosas progresivas que sorprenden. A pesar de ser una banda nueva, se nota que tienen oficio. El público, medio curioso al principio, terminó bien prendido.

Después fui a ver a HAKEN, que fue otra historia. Más cerebral, más técnico, pero una locura total. Los tipos no fallan una nota ni por casualidad. Cada tema era un viaje, con cambios de ritmo, melodías rarísimas, y momentos súper climáticos. El cantante la rompió, tiene un rango y un carisma que atrapan. Lo que hacen no es para todos los gustos, pero si te gusta el progresivo, te dejan con la mandíbula en el piso, como lo fue “1985” de su cuarto álbum en estudio Affinity (2016).

Y luego me acerqué al Waves Stage para ver un rato a los brasileños de HIBRIA, y la verdad, vinieron afiladisimos. Power Metal al palo, con esos riffs veloces, bien de speed técnico y melodías que te levantan sin escalas. Se notó al toque que la nueva formación está aceitadísima: Ângelo Parisotto en la voz —que, aunque ya lleva un tiempo, para muchos sigue siendo “el nuevo—, Tiago Assis en el bajo y William Schuck en batería. Entre los tres, más los históricos, armaron un sonido ajustado, potente, bien arriba. El show fue una trompada de energía desde el principio con “Steel Lord on Wheels”.

El cantante se bancó todo el set sin bajar ni un poco la intensidad, con una voz firme, clara y explosiva. Enseguida se ganaron al público, que al principio estaban sentados, pero apenas sonaron los primeros temas, la gente empezó a bajar de las butacas y se fue amontonando frente al escenario. Era imposible quedarse quieto. Tocaron temas que no venían haciendo con la formación anterior, como “Change Your Life Line”, “Living Under Ice” y “Stare At Yourself”, joyitas que los fans corearon con todo. El cierre fue puro descontrol, con el público totalmente entregado.

Y además, los músicos tuvieron muy buena onda, se quedaron sacándose fotos, regalando púas, baquetas, listas de temas. Se notó que la pasaron bien y que sintieron el cariño. La recepción fue grandiosa, tanto arriba como abajo del escenario. 

Así que, mientras yo estaba con la furia de Slayer reencarnada, él se fue a pasear por otras dimensiones del Metal. Distintas, pero igual de zarpadas.

Cerca de las 17:30 empezó a sentirse esa brisa fresca que nos acompañó los tres días del festival desde el rincón de la sala de prensa. Era como un aviso de que el atardecer venía en breve —más aún ahora que oscurece más temprano. Y si bien el calorcito del día todavía bancaba, esa ráfaga me hizo buscar el buzo por unos minutos, porque el fresco se hacía notar. Ya abrigada y lista en las vallas, esperaba a los bardos alemanes, que estaban por entregar uno de los shows más épicos del festival.

A la hora pactada y sin vueltas, los alemanes de BLIND GUARDIAN salieron a romperla con “Imaginations From the Other Side” y “Blood of the Elves”, y ya de entrada el Memorial se vino abajo. Para los que los seguimos desde hace años, siempre hay algo nostálgico y especial en verlos en vivo, es como reencontrarse con una parte de uno mismo que se crió entre discos, libros y fantasía épica.

Era la segunda vez que pisaban el festival, después de su paso en 2023, y hasta ellos mismos se notaban sorprendidos de estar tan pronto de vuelta en el mismo escenario. La banda llegó en reemplazo de dos grupos con un sonido más moderno (Knocked Loose y We Came as Romans), pero a nadie pareció importarle demasiado el cambio. Apenas comenzó el set, todos estábamos metidos en su mundo. Lo curioso fue que, en lugar de las tradicionales banderas, la pantalla LED mostraba un despliegue visual que casi las hacía bajar, sumando un toque único a la atmósfera con el sonido de las cadenas.

No venían a presentar disco nuevo ni a celebrar algún aniversario especial —salvo el cumple del violero André Olbrich, que fue justo el día anterior—, pero no les hizo falta nada de eso. El show fue una clase de cómo mantener viva la llama con pura música y conexión con la gente. Hansi Kürsch, carismático como siempre, agradeció el aguante y bancó las canciones con una voz más baja de lo habitual, pero con el alma intacta. Nadie se quejó porque estábamos todos coreando cada tema como si fuera la última vez.

El setlist fue un viaje. La inclusión de Mordred ‘s Song” —una de esas joyitas medio baladas del Imaginations— sorprendió a más de uno, pero se cantó de punta a punta. No faltaron los clásicos épicos como Into the Storm, Time Stands Still (At the Iron Hill), ni ese momento mágico y casi a capela que siempre genera The Bard ‘s Song – In the Forest”.

Cuando sonó Valhalla, único guiño a sus primeros años, se armó un pogo desprolijo entre tanto bardo melódico. Cerraron, como era de esperarse, con Mirror Mirror y nos dejaron con el corazón inflado y la garganta rota. 75 minutos bastaron para confirmar que, aunque no traigan novedades, Blind Guardian sigue siendo una de esas bandas cabeceras que nunca fallan y atraen a muchos fanáticos. ¡Épico como siempre!

Lamentablemente, no llegué a ver a NILE en vivo, pero por suerte mi compañero en esta cruzada metalera sí pudo presenciar gran parte de su presentación y me tiró toda la data de lo que fue parte de ese show demoledor. Me dijo que fue una paliza brutal, bien al estilo técnico y aplastante que los caracteriza. Sonaron ajustadísimos, y aunque el público no era el más numeroso del día, los que estaban se volvieron locos.” Según él, fue uno de los shows más intensos del festival hasta donde pudo observarlos. “…la gente estaba en otra dimensión, dejándose llevar por la batería de George Kollias y esos guturales de Karl Sanders, que te hacían temblar hasta las tripas. Se armó mucho pogo adelante, bien salvajes y los cuernos levantados no se ausentaron. El público estaba sacado, totalmente entregado al caos sonoro”.  Algunas de las canciones que presenció en vivo fueron: “To Strike With Secret Fang”, “Sacrifice Unto Sebek”, “Defiling the Gates of Ishtar”, “Vile Nilotic Rites”, “In the Name of Amun”, y Kafir! que sucumben al inframundo egipcio.

Se acercaba el último tramo de Bangers Open Air, y con él, los pesos pesados del cartel tomaban los tres escenarios principales. Uno de los momentos más esperados era, sin dudas, la presentación de W.A.S.P., que venía celebrando los 40 años de su álbum debut con una gira especial. Pero en lugar de un desfile de clásicos de toda su carrera, la banda eligió enfocarse completamente en aquel primer disco que los puso en el mapa allá por 1984, que sonó completo y en orden. Nada de grandes éxitos, esta vez fue homenaje puro al comienzo de su carrera.

Blackie Lawless, único miembro original, mostró una actitud mucho más calmada y distante, muy lejos del salvajismo teatral de los ‘80. Convertido al cristianismo y con un discurso conservador, ya no encarna al rebelde de otros tiempos. Por suerte, su banda Doug Blair en guitarra y Mike Duda en bajo —con el brasileño Aquiles Priester en batería— aportó toda la energía y actitud que faltó desde el centro del escenario.

Aquiles, en lugar de hacer un solo, habló con el público y definió el show como el más importante de su carrera. Obviamente hubo clásicos como “I Wanna Be Somebody”, “L.O.V.E. Machine”, “Hellion”, “Sleeping (In the Fire)”, “Tormentor” entre otros, aunque también momentos tibios, con playback en los coros y visuales de baja calidad que recién aparecieron a mitad del set.  También otro momento destacado fue el tema “The Real Me” (versión de The Who), una interpretación recortada de ‘Forever Free’ y un fragmento del tema homónimo del disco, todo acompañado por impactantes imágenes de la Segunda Guerra Mundial.

El cierre fue apurado, con temas de The Headless Children y los infaltables “Wild Child” y “Blind in Texas”. 

¿Fue majestuoso volver a ver a W.A.S.P.? Claro que sí. Ver en vivo a una leyenda del metal siempre tiene algo de ceremonia. Pero tampoco fue un show de excelencia. Más bien fue un recordatorio de que el tiempo pasa para todos, incluso para los que alguna vez desafiaron todo lo establecido. Y aunque la furia de W.A.S.P. ya no sea la misma, por un rato, volvió a encenderse en el Memorial de América Latina. ¡Fue una postal nostálgica de una verdadera descarga de Heavy Metal!

 

Mientras Blackie se despedía en un escenario, ya estaba todo listo en el otro para el espectáculo de Avantasia. Tobias Sammet desplegó su festín de Metal sinfónico en el escenario Hot, rodeado de invitados de lujo como lo hizo en su primera presentación como cabeza de cartel en la edición 2023, y con un show majestuoso le puso el broche de oro al cierre del festival.  

Si creíamos que el festival ya había alcanzado su techo, AVANTASIA llegó para derribarlo con un final de antología. Tobias Sammet y su séquito de héroes del metal sinfónico desplegaron un espectáculo de casi dos horas, con 15 himnos de pura épica, dentro de la gira Here Be Dragons. Fue un broche de oro que no solo cerró el telón, sino que lo elevó a un umbral de leyenda.

Desde el comienzo con “Creepshow” y “Reach Out for the Light”, la noche se impregnó de magia. Posta, se armó un clima de otro planeta. Adrienne Cowan se adueñó del escenario como si fuera su patio, con una voz que podía ser un susurro de terciopelo o un rugido gutural en un parpadeo.

Al ladito, Chiara Tricarico le puso ese brillo operístico que te pellizca el corazón, mientras Sascha Paeth desenfundó riffs que parecían relámpagos y Michael “Miro” Rodenberg pintaba con sus teclas paisajes tan inmensos que te daban ganas de sacarte los zapatos y flotar. Por su parte, Felix Bohnke en la batería fue un auténtico volcán, cada golpe hacía temblar el escenario y retumbar hasta el último rincón del Memorial de América Latina.

Todo acompañado de un despliegue visual: las luces se prendían y apagaban al ritmo justo, la escenografía móvil parecía una fortaleza ambulante y cada fogonazo de pirotecnia estaba sincronizado con un riff; cada sombra proyectada era un gesto dramático que sumaba teatralidad a cada tema. Realmente, alucinante. Y los cantantes invitados, como es costumbre en Avantasia, fueron una lista de élite. Entre ellos, Tommy Karevik (Kamelot) irrumpiendo con “The Witch”, cargado de fiereza y emoción. Herbie Langhans (Firewind) desplegó su voz rasgada y potente en “Devil in the Belfry”. Ronnie Atkins (Pretty Maids) aportó elegancia y garra en “Let the Storm Descend Upon You”. Eric Martin (Mr. Big) regaló un emocionante “Dying for an Angel” y luego un explosivo “Twisted Mind” junto a Atkins.

En el medio del vendaval sinfónico de Avantasia, me hice una escapada relámpago hasta el escenario Sun para ver el final demoledor de DESTRUCTION, porque cuando hay leyendas del Thrash tirando metralla, no se puede decir que no.  Llegué cuando ya sonaba “Curse the Gods”, así que me perdí buena parte del set. Pero igual enganché una seguidilla de clásicos indiscutibles, que valieron la pena. Sonaron “Total Desaster” y la demoledora “Destruction”, ese himno homónimo que sonó potente. En un momento, Schmier tiró la pregunta al público: ¿“Nailed to the Cross” o “Thrash ’Til Death”? Antes de que pudiera terminar de hablar, desde el fondo ya le habían gritado “Mad Butcher”, lo que sacó unas risas generalizadas. Y sí, esa fue la que vino después de “Nailed to the Cross”. El cierre llegó con la infalible “Thrash ’Til Death”, pura adrenalina para clausurar el tercer escenario, con una banda que se había sumado a último momento al cartel preparando un set especial.  

Mientras yo llegaba con lo justo, mi cómplice de aventuras se había ido directo al Sun Stage después de sacar algunas fotos a Tobias Sammet y logró ver todo el show completo. Me contó que interpretaron íntegramente su clásico álbum “Infernal Overkill”, que este año cumple 40 años desde su lanzamiento. Según me dijo, fue un set cargado de historia, velocidad y riffs filosos, con el público entregado al 100%. Los pogos violentos en el centro de la pista no pararon ni un segundo, y el amor entre Destruction y el público brasileño fue más que evidente, sintetizando a la presentación de los alemanes como violenta y agresiva. 

 

Rápidamente volvimos al escenario principal justo a tiempo para sumergirnos en el tramo final del show de Sammet y compañía, con toda la artillería vocal desplegada sobre el escenario.

Uno de los instantes más conmovedores de la noche fue “Shelter from the Rain”, con la participación especial de Jeff Scott Soto, sumándose por primera vez al universo Avantasia. Realmente, lo que empezó como una ópera rock hoy es un verdadero universo compartido por figuras de élite que reúne a lo mejor del Metal sinfónico y más allá.

La balada “Lost in Space” metió una pausa emotiva en el corazón de la tormenta sinfónica, enlazando voces y sentimientos, y dejando todo servido para el final apoteósico con el medley épico de “Sign of the Cross” y “The Seven Angels”, con todos los cantantes sobre el escenario, como un consejo de dioses del Metal, coronando una noche fabulosa. Los fans, alucinados ante tanta grandilocuencia y la mística de este monumental proyecto, incansablemente corearon todas las canciones y filmaron cada movimiento del gran Sammet.  

 

Con este hipnótico espectáculo cerró un festival enorme, que este año tuvo una grilla excelente, con muchísimas propuestas musicales de los géneros metálicos, donde pudimos descubrir bandas novedosas y disfrutar de las ya consagradas y leyendas del Metal. 

Y como siempre, es admirable la organización del Bangers: la estructura, la iluminación, el sonido (que este año tuvo algunos altibajos), el cuidado por cada mínimo detalle, y la cantidad de gente laburando que contratan para que todo funcione, desde la seguridad controlando los accesos hasta la limpieza de los baños. Realmente es impresionante, ver a cada persona cumpliendo simplemente su rol a la perfección, nada queda librado al azar ni es improvisado.  

Cuestiones a elogiar: 

  • Cada año se suman más metaleros de otros países, y esta edición no fue la excepción. Se pudo ver gente de Argentina, Alemania, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, México, entre otros. Todos con la mejor onda, compartiendo la pasión por la música.
  • El sistema de cashless para comprar comida y bebida funcionó de manera ágil, y el acceso al predio fue fluido tanto a la entrada como a la salida.
  • El predio es amplio y con múltiples propuestas para todos los gustos: cuatro escenarios con variedad de géneros, espectáculos de terror, un sector de firma de autógrafos muy bien organizado, y una sala de streaming donde se entrevistaba a artistas consagrados —al salir, incluso podías cruzarte con alguno y charlar un rato—.
  • Otro punto altísimo que se repitió este año es la consideración hacia el público: se permitía ingresar alimentos sellados, frutas y botellas de agua, que además se podían recargar adentro. En cada escenario había disponibilidad de vasos de agua que el staff repartía a quienes estaban en las primeras filas. Un gesto que demuestra empatía y humanidad, sin buscar sacar provecho económico de necesidades básicas.
  • Hubo una buena variedad de cervezas, puesto de Jack Daniel’s y un ambiente muy tranquilo entre el público.

Más allá de los aciertos, hubo aspectos que merecen ser revisados como la pasarela que conecta las distintas zonas del predio, especialmente entre escenarios. Resulta bastante cansadora por su extensión y el desgaste físico que implica ir de un punto a otro, especialmente considerando la intensidad del evento y la cantidad de propuestas simultáneas.

En cuanto a la prensa, impecable como siempre, la atención a fotógrafos y cronistas. Todo se da de manera clara, cómoda y sin vueltas. Así da gusto laburar. Es otro nivel de organización y el trabajo en equipo en lo que refiere a Sudamérica.

Fueron tres días intensos donde el Metal nos abrazó con fuerza y nos hizo sentir vivos. El BOA 2025 fue mucho más que un festival. Fue encuentro, emoción, fuego, pogo, amistad y resistencia. Cada jornada dejó su marca, con bandas que lo dieron todo, momentos de comunión con la música y una energía colectiva imposible de describir. Hubo sudor, abrazos, gritos, arte, ferias, birra y el alma llena. Nos fuimos con el cuerpo cansado, pero el corazón latiendo al ritmo del Metal.

Sin exagerar, es un festival que respira Heavy Metal por todos lados. Se vive pura actitud, mucha energía, y un cruce perfecto entre leyendas y nuevas generaciones. El Bangers Open Air se está posicionando como uno de los eventos de Heavy Metal más destacados de América Latina. Te invitamos a vivir alguna vez esta experiencia.

Crónica: Sabrina Romero
Fotos y vídeos: Rubén Rivadera

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BANGERS OPEN AIR

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